lunes, 17 de febrero de 2014

El guardián entre el centeno - J. D. Salinger


Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mi, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre...


Personalmente, muy a menudo no paso de la primera página si lo que leo no me satisface en varios aspectos, fundamentalmente técnicos y estilísticos. Pero en otras ocasiones, como la presente, me basta con un primer párrafo para sentir avivada la curiosidad.
La lectura la tengo fresca, y aún rebota como eco en mi memoria. Ha hecho mella en mi, no os lo voy a negar, y después de leerla a través de la siempre generosa Biblioteca, ahora tendré que comprarla para más adelante releerla, y subrayar en ella lo que se me antoje.

No os miento, empecé su lectura lleno de prejuicios. Era una novela que hace muchos años quería leer, pero la postergaba. Había un no se qué que me llevaba al rechazo, y no es por repulsión, ni mucho menos, a la cultura americana, pues todas las civilizaciones tienen sus más y sus menos porque se alimentan de la misma materia prima: hombres. Quizás es porque me decepcionan las novelas bien entradas en el siglo XX, quizás sencillamente por el cine o por la fama excesiva, no lo se.


Joven, alto y guapo. Parece ser el mismo propietario de esas patas largas de Holden


El caso que con prejuicios y todo abordé los 26 capítulos de la novela, y para el capítulo 5º estaba más que rendido a sus pies. Me acompañaba al baño, al parque cuando llevaba a los niños, siempre en privilegiado lugar en la cabecera de mi cama. Fue esa voz adolescente tan sincera, tan clara, una voz sufriente y a la vez cruel que se dirigía a mi. Holden Caulfield se había convertido para mi en una persona real de carne y hueso. Es un chico inteligente y aparentemente tiene la capacidad de ser agradable, pero de alguna manera lo echa todo a perder y consigue el rechazo de todos los que le rodean.
No hace mucho que leí La conjura de los necios, e imaginé tras los primeros párrafos que el protagonista se le daba un aire, pero no, con El guardián entre el centeno sentí la imperiosa necesidad de adentrarme más y más en su lectura para saber cómo acababa la vida del curioso personaje Holden Caulfield, ¿o mejor debería decir J. D. Salinger? 
La novela se desarrolla en un crescendo, o mejor diría decrescendo, pues en los aproximadamente dos días durante los cuales se desarrolla la trama, Holden Caulfield va de mal en peor. Los flash back son continuos pero pasan técnicamente desapercibidos, y el uso magistral de la primera persona genera la falsa apariencia de que la novela ha sido escrita de un tirón. Igualmente el abuso del lenguaje coloquial o de términos groseros u obscenos puede llevarnos a una falsa impresión y obviar la calidad y el cuidado de la prosa. No olvidaré fácilmente cómo se dirige Holden al lector:

J.D. Salinger agrediendo a los cámaras. Después de la publicación de su novela desapareció de la vida pública, convirtiéndose en un extravagente mito.

―De veras... Sólo les digo... De verdad... si quieren que les diga la verdad... Pero, como les iba diciendo... Se lo juro que es así... Se lo juro…

Su forma de describir a las personas me habla de calidad y define su particular estilo. No se si elegí bien este fragmento, pero me llamó la atención porque describe magistralmente a la chica a través de su boca:

Era una chica rara, Jane. No puedo decir que fuera exactamente guapa, pero me volvía loco. Tenía una boca divertidísima, como con vida propia. Quiero decir que cuando estaba hablando y de repente se emocionaba, los labios se le disparaban como en cincuenta direcciones diferentes. Me encantaba. Y nunca la cerraba del todo. Siempre dejaba los labios un poco entreabiertos, especialmente cuando se concentraba en el gol o cuando leía algo que le interesaba....

En otro orden de cosas, a menudo me ha dado en pensar que Salinger gusta de jugar con el lector. Qué duda cabe que Salinger, al igual que Holden Caulfield, era un tipo inteligente. No nos costará comenzar a odiarlo porque representa al antihéroe, hipócrita, egoísta, vago, mentiroso, pedante y malencarado, pero es que además tiene dinero, status y educación, lo tiene todo para ser feliz. Únicamente encontramos una cualidad en su carácter, o cuando menos es lo único agradable que yo encuentro, la inteligencia. Sin embargo, a medida que me adentré en la lectura comencé a sentir mayor simpatía hacia el protagonista, comencé a ver que el personaje evolucionaba, y que esa evolución no tenía nada que ver con el cambio real del personaje, mucho más teniendo en cuenta que la trama se desarrolla en dos días. No se si me explico, pero pienso yo que Salinger quiere hacernos empatizar con Holden Caulfield, que de alguna manera necesita Salinger que comprendamos que si el personaje es un desgraciado (y por lo tanto el escritor también) lo es porque así lo ha hecho la sociedad. Vamos, que no es su culpa.


¿Y cómo consigue Salinger todo esto? Salinger pretende hacernos creer que la muerte del hermano de Holden fue lo que le llevó a cambiar su conducta, y bien podría ser. Un adolescente desequilibrado con problemas psiquiátricos, ¡bingo!. Además está el arma de la sinceridad, pues Holden pretende hacernos creer que es auténtico y diferente del resto de los mortales, cosa difícil de digerir porque el protagonista es hipócrita como el que más cuando le conviene. Luego está el amor desmedido que siente por sus hermanos, y por los niños. Y al final recurre a la lástima. Nos da pena, pero con esa sensación de “pero que no se me acerque mucho”.
Un ejemplo que aparece al final del libro, en boca de su amada hermana pequeña lo explica mejor que yo:

Que a ti nunca te gusta nada.
Aquello me deprimió aún más.
Hay cosas que me gustan. Claro que sí. No digas eso. ¿Por qué lo dices?
Porque es verdad. No te gusta ningún colegio, no te gusta nada de nada. Nada.
¿Cómo que no? Ahí es donde te equivocas. Ahí es precisamente donde te equivocas. ¿Por qué tienes que decir eso? le dije. ¡Jo! ¡Cómo me estaba deprimiendo!
Porque es la verdad. Di una sola cosa que te guste.
¿Una sola cosa? Bueno.
Lo que me pasaba es que no podía concentrarme. A veces cuesta muchísimo trabajo.

Por último, el capítulo 24 es probablemente el núcleo de la novela. Es, en mi opinión, lo mejor de la historia. Aquí se nos muestra un Salinger lúcido. A través de un personaje, un profesor excéntrico, Salinger nos muestra la moraleja de la historia, la verdadera finalidad de esta historia con la que Salinger pretende, a mi manera de ver, ayudar a los jóvenes que como él tuvieron una adolescencia complicada. En palabras de Salinger:

Felizmente, algunos de ellos (se refiere a escritores que han sufrido como él) han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella.

Este profesor es un recurso técnico muy hábil, perfecta solución de la trama. No me cabe duda que Salinger improvisó a medida que la escribía hasta dar con la tecla. Igual pienso que sucede con el título de la novela, que a los lectores españoles se nos escapa un poco más, The catcher in the Rye. El título hace referencia a una reflexión que el protagonista realiza sobre la letra de un poema que trata sobre un catcher (alguien que agarra o sujeta) que evita que los niños caigan al precipicio.

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos. quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él....

Para terminar esta mi entrada más extensa, decir que me hablaron de una novela para adolescentes, pero yo creo que es apto para adultos. Pienso que Salinger lo escribió para sí mismo, y por el camino pretendió ayudar a los que, como él, perdieron la brújula en un determinado momento de sus vidas.

Lean clásicos, intercámbielos con lecturas más livianas pero no se olviden de leer clásicos. Sucede como cuando ves una buena película y sales emocionado del cine. Otras películas en cambio te relajan y divierten, pero las olvidas nada más salir por la puerta. En cambio estos libros maravillosos tallan en tu memoria un rincón para la eternidad.

¡Buen provecho!


Fragmentos:

Les juro que si un día naufragara y fueran a rescatarle en una barca antes de dejarse salvar preguntaría quién iba remando.

Si hubiera estado en el cine sentado detrás de mí mismo, probablemente me hubiera dicho que me callara.

Aquel hotel estaba lleno de maníacos sexuales. Yo era probablemente la persona más normal de todo el edificio, lo que les dará una idea aproximada de la jaula de grillos que era aquello.

Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas.

Lo que haría sería hacerme pasar por sordomudo y así no tendría que hablar. Si querían decirme algo, tendrían que escribirlo en un papelito y enseñármelo. Al final se hartarían y ya no tendría que hablar el resto de mi vida. Pensarían que era un pobre hombre y me dejarían en paz.

Soy el mentiroso más fantástico que puedan imaginarse. Es terrible.

Si voy camino del quiosco a comprar una revista y alguien me pregunta que a dónde voy, soy capaz de contestarle que voy a la ópera.


jueves, 13 de febrero de 2014

El cielo protector - Paul Bowles


A esta novela llegué gracias a un profesor de literatura de la universidad. Por lo menos alguno se salva de la quema, ¿verdad?. Ojalá que a alguien le encandile gracias a este blog, como a mi me sucedió.
Con muy pocas novelas me sucede lo que con esta, que no logro recordar el número de veces que la he leído, y no me preguntéis por qué. Desde luego que está bien escrita, tiene acción y diálogos trepidantes, pero también una enorme carga psicológica con respecto a los personajes protagonistas, y esa (no se muy bien cómo definirla) angustia del hombre occidental que se complica la vida a la hora de buscar la felicidad.
Sí, aunque por poco, sigo hablando de escritores muertos, (Nueva York 1910 - Tánger 1999) pero estamos ante un escritor muy actual, no os vayáis a creer que por el hecho de hablar de clásicos haya que remontarse al siglo XVI. De su actualidad habla también el hecho de que algunas de sus historias han sido ya llevadas al cine, especialmente la que tenemos entre manos, que fue adaptada ni más ni menos que por Bernardo Bertulocci.
            Insisto en recomendar la lectura de Paul Bowles, porque es casi un desconocido pero sin duda alguna está entre los grandes de la literatura norteamericana contemporánea. Bowles viajó mucho y vivió en varios países. Para aquellos que gustan de las novelas de viajes se darán de lleno con una narrativa arrebatadora y fácil de leer, que no simple. Pero además descubriréis unos personajes que os harán meditar, que os dejarán huella para siempre.
      Bowles introduce a sus protagonistas americanos en lo más hondo de la cultura africana, fundamentalmente musulmana. Al choque cultural se suma el paisajístico, con el desierto siempre de fondo «donde lo único que existe es el arriba y el abajo».

Trama: En un período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, una singular pareja neoyorkina, Port y Kit, viajan al desierto norteafricano del Sahara acompañados por un amigo. El viaje, planeado inicialmente para resolver las dificultades conyugales de Port y Kit, se convierte rápidamente en una situación peligrosa, debido a la ignorancia de los viajeros sobre las circunstancias que los rodean. Port, el protagonista, se define insistentemente como un viajero y no como un turista corriente. No está muy seguro de su destino pero está decidido a dejar atrás el mundo moderno, por lo que finalmente se adentran en el Sáhara esperando encontrarse también a sí mismos. Como afirmó el propio Paul Bowles, la acción transcurre en dos planos, el desierto africano exterior y el desierto interior de los protagonistas.

 
La película: Como curiosidad, la novela es en parte autobiográfica y el filme supuso el redescubrimiento del autor en su propio país, sacándole de las estrecheces económicas que empezaban a asediarlo. Trailer de la película.


Creo, sinceramente, que es una de esas novelas que debe guardar un lugar de honor en cualquier biblioteca que se precie. (Y por último, no quiero cerrar el hilo sin deciros que se me ha puesto la piel de gallina en varias ocasiones mientras escribía esta reseña. Estoy contento de haber recordado un libro que me ha provocado tantísimas emociones).

Un par de fragmentos:

            «No se consideraba un turista; él era un viajero. Explicaba que la diferencia residía, en parte, en el tiempo. Mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra.»
  

       
     «Allí en el desierto, aún más que en el mar, tenía la impresión de que estaba sobre una gran mesa, de que el horizonte era el borde del espacio. Se imaginó un planeta en forma de cubo, suspendido en algún lugar sobre la tierra, entre ésta y la luna, donde hubieran sido transportados. La luz sería dura e irreal como aquí; el aire tendría la misma sequedad, como en toda esta vasta región, los contornos del paisaje carecerían de las reconfortantes curvas terrestres. Y el silencio alcanzaría su intensidad suprema; sólo quedaría roto por el sonido del aire al pasar. »

¡Buen provecho!

martes, 11 de febrero de 2014

El árbol de la ciencia - Pío Baroja

            Leí por primera vez a Baroja a raíz de una de esas lecturas obligatorias del Bachillerato. Tampoco es casualidad que sea una de las preferidas durante los exámenes de Selectividad, pues probablemente define bien a esa maldita Generación del 98 que presuntamente pretendía la regeneración de España.
            No voy a gastar ni una sola línea contándoos el argumento de la novela. Tampoco creo que sea de interés. El árbol de la ciencia refleja la lucha de un hombre, Andrés Hurtado, por salir adelante en una sociedad que le repugna. De no ser porque la novela comienza cuando el protagonista roza la mayoría de edad, tal vez podríamos hablar de un bildungsroman, que viene a ser el término alemán para definir a la novela de iniciación o desarrollo de un personaje desde la niñez a la edad adulta.
            La primera vez que leí la novela lo hice en un arrebato, de un tirón, y luego he recurrido a ella en variadas circunstancias, como por ejemplo en el último Taller de Lectura que impartí. Viene al caso la experiencia porque la novela pasó sin pena ni gloria, y por lo tanto presupongo que más aprendí yo con ella que los demás miembros del Taller. Que para mi el estilo de Baroja sea sencillo y ágil no quiere decir que le suceda igual al resto de los mortales, sino más bien todo lo contrario, pues así sucedió que Baroja se les hizo árido y complicado. Cierto es que entra en intrincados paradigmas filosóficos, pero cierto también que se puede leer la novela obviándolos por completo. Y cierto también que es importante la cuestión de si nos identificamos o no con el protagonista, con su angustia vital, con la melancolía y el hastío que transmite a partir de cada uno de sus actos.
            Poco más que decir que no encontréis en wikipedia o en cualquier manual al uso de literatura. Solamente decir que os podéis fijar en la estructura de los capítulos, en la prosa sencilla sin mácula, en el desprecio de las digresiones. No me digáis por qué, pero ya he perdido la cuenta de las veces que he releído la novela. Constituye para mi un ejemplo que trato de emular en mi escritura, prosa visceral que da en el clavo, una de las obras maestras de la literatura española que, para mi pensar, aún está de actualidad.
Probablemente hay libros de Baroja de más acción y aventura, más dinámicos, y sin embargo ninguno de ellos ha logrado entretenerme como este.

Solamente me queda recomendaros la compra de este libro (no lo he encontrado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes), porque es uno de esos imprescindibles que debemos conservar en casa, un libro para releer, pero que además servirá a nuestros hijos. De la misma manera que tenemos El Quijote o La Regenta, entre ellos debería estar El árbol de la ciencia, con más razón porque es entretenido y fácil de leer.

He escogido un pequeño fragmento que, a mi modo de ver y dada la situación por la que atraviesa España, viene al caso:
La acción de la cultura europea en España era realmente restringida, y localizada a
cuestiones técnicas, los periódicos daban una idea incompleta de todo; la tendencia
general era hacer creer que lo grande de España podía ser pequeño fuera de ella y al
contrario, por una especie de mala fe internacional. Si en Francia o en Alemania no hablaban de las cosas de España, o hablaban de ellas en broma, era porque nos odiaban; teníamos aquí grandes hombres que producían la envidia de otros países: Castelar, Cánovas, Echegaray... España entera, y Madrid sobre todo, vivía en un ambiente de optimismo absurdo. Todo lo español era lo mejor.


domingo, 9 de febrero de 2014

Declaración de intenciones.

            Comienzo hoy y aquí una tarea tan ardua como necesaria, que no es otra que promover la lectura de la buena literatura.
            Pero ya advierto desde el propio nombre de este humilde blog, que comienzo desnudo. De la misma manera que Descartes partió de la duda para crear una filosofía original yo comenzaré leyendo los clásicos sin sujeción a academicismo alguno. Recomiendo y recomendaré que leáis clásicos libres de prejuicios, huyendo de los prólogos de las ediciones de lujo, de la crítica literaria, tratando de evitar la lectura de wikipedia con tal de tener algo interesante que decir. Prefiero abordar los libros sin contaminación, a partir únicamente de aquello que nos legaron los propios escritores, que tened a buen seguro que confiaron en el "arte de leer", al igual que vosotros debéis hacer, guiaros a través de la confianza que os otorga vuestra propia perspicacia y saber hacer a través de la rica experiencia de la lectura.

            Quiero que os deis cuenta también, lectores, que leer mucho no es garantía de nada. Seguramente hay unos cuantos que se creen "cinéfilos" por el hecho de ir 4 veces a la semana al cine y ver la última de Spiderman o del Van Damme. Lo mismo pasa con la literatura. Es probable que un lector que "solamente" lee 20 libros al año pero con criterio progrese más que uno que lee 120 sin criterio alguno, guiado únicamente por la publicidad o por el entretenimiento. ¡Ojo!, que no estoy yo aquí para criticar a los lectores sino todo lo contrario, pero seamos sinceros, lo mismo da leer un mal libro que ir al cine a ver una de zombies; eso sí, ¡entretiene!.
            Todos queremos ser buenos lectores, incluso voy más allá, goza el lector de cierta autocomplacencia, y viene a pensar que se trata de una actividad, la de la lectura, sumamente enriquecedora, que a la vez que instruye entretiene. Claro que sí, pero con criterio.
            Y no voy a ser yo quien marque el CRITERIO. Daré pautas, claro que sí, mejor dicho aún, MIS PAUTAS. Leeré, o mejor dicho releeré a los clásicos y daré mi humilde opinión sobre ellos, que con toda seguridad será distinta que la vuestra, pues para eso estamos en terreno ajeno a la ciencia. El que quiera encontrar cosas ciertas o seguridades ha entrado en lugar equivocado, mejor que rebusque en otras disciplinas u otros blogs.

            A lo largo de las diferentes entradas trataré de aclarar lo que es un clásico, o cuando menos lo que no es, y abordaré aquellas cuestiones que a mi me obsesionan referentes a la lectura, la literatura o la escritura, aunque pondré los pies en polvorosa ante todo aquello que nos obligaron a estudiar en la escuela, el Bachillerato o la Universidad, eso que se da en llamar Historia de la Literatura y que a decir del Currículo es fundamental para que nuestros hijos aprendan a debatirse en la difícil sociedad de los hombres. La política para los políticos, señoras y señores, aquí solamente trataremos de LITERATURA.

            Y, en cuanto a las razones prosaicas de este blog, haberlas haylas, ¿cómo si no?, y perdonen que recurra a algo tan lejano como la infancia para darle una explicación. Era yo un tierno mozalbete de alrededor de 6 añitos y apenas me quedan recuerdos ciertos de aquella edad, pero sí que retengo uno por encima del resto. Me enfadaba con mi madre, me ponía el abrigo, y le decía que me marchaba de casa. Me iba al piso de arriba y me sentaba en el descansillo de las escaleras con mi único tesoro, un libro de tapas duras de los hermanos Grimm. Luego, independientemente de qué es lo que hubiera hecho, volvía a casa y le decía a mi madre que la perdonaba.
            Mi padre es albañil, jubilado, y mi madre ama de casa, en activo ¿cómo no?. Quién sabe qué me llevó a mi a leer, y luego a escribir. Mi vida entera no se entiende sin los libros, y ahora abro este blog para devolverles una pequeñísima parte de lo que a mi me han ofrecido, y desde aquí les digo, ¡Gracias libros!.