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sábado, 4 de noviembre de 2023

Comentarios de la guerra de las Galias (51 a. C.), Cayo Julio César

Multitud de personajes han destacado en la historia de la humanidad, y probablemente pocos alcancen la talla de Cayo Julio César. Nadie duda de que fue un excepcional general comandando legiones, pero al mismo tiempo fue un extraordinario gobernante, un hombre hábil para navegar en las procelosas aguas de la política romana.

Pero además de convertirse, sin paliativos y, dadas las difíciles circunstancias, en el primer hombre de Roma, lo más increíble si cabe fue otra de sus facetas, pues Julio César es considerado un destacado hombre de letras, lo que se dice un intelectual. Se trata, por tanto de un hombre polifacético en grado sumo. Cierto que no podemos juzgarle en su integridad y de modo directo porque no se han conservado obras ajenas al género historiográfico. Parece ser que escribió varios poemas, una tragedia, un tratado de astronomía y otro acerca de los augures y los auspicios.

En cuanto a las obras históricas que nos han llegado, se habla de su originalidad, de tal manera que, lejos de imitar a otros, será digno de imitación. Son redactadas sin asistencia de persona alguna. Su estilo es sobrio y preciso. Fijaos cómo comienza el relato:

 

La Galia está dividida en tres partes: una que habitan los belgas, otra los aquitanos, la tercera los que en su lengua se llaman celtas y en la nuestra galos. Todos éstos se diferencian entre sí en lenguaje, costumbres y leyes.

 

A mí particularmente lo que más me ha llamado la atención es que se trata de un relato que busca la neutralidad. El narrador habla en tercera persona, de modo que César aparenta no escribir sobre sí mismo. El estilo no es grandilocuente ni siquiera un tanto expresivo, se limita a narrar los acontecimientos de una manera extraordinariamente concisa, sin hacer juicios de valor. En ningún momento se expresan sentimientos ni se intentan reflejar acciones grandiosas de las tropas. Esto resulta en verdad raro, pues las acciones bélicas son extraordinariamente complejas.

El texto es bastante corto para todas las campañas que son referidas, y a mi modo de ver su lectura necesita una compensación en forma de contexto geográfico, algún comentario adicional de fechas y localizaciones para poder entender las acciones militares.

Se ha escrito mucho acerca de la verdadera razón de César para escribir esta obra. No parece un diario de guerra porque no habla en primera persona. Se supone que trató de engrandecer su persona haciendo llegar sus hazañas al pueblo de Roma, su principal objetivo (es el adalid del partido de los populares). Esto explicaría su carácter poco emocionado, totalmente desapasionado esas victorias tan enormes ante un rival difícil, un auténtico alarde de objetividad en pro de intereses políticos.

Obviamente César no escatimó herramientas para convertirse en Rey de Roma. Cualquier ayuda era bienvenida dada la mala opinión que se tenía en Roma de la figura, del Rey. Valga como ejemplo que fue un Bruto quien acabó con Tarquinio el Soberbio y un sucesor lejano, pero sucesor, otro Bruto, el que de alguna manera acaudilló el asesinato de César.

Estos objetivos personales también sirven para explicar la sencillez de la prosa, pues César dirigía sus escritos a un público que o no sabía leer, y no a la elite intelectual y aristocrática.

Ni mucho menos pretendo poner a César en cuestión, pero es probable que su prosa haya sido engrandecida por sus hazañas. Desde luego yo no soy capaz de leer en latín. Sí que puedo comparar, por poner un ejemplo, el presente texto con La guerra del Peloponeso, de Tucídides, y concluir que César lleva a cabo un simple relato de acontecimientos mientras que Tucídides va mucho más allá, hablando de las causas de la guerra e incluso de la manera en que las gentes entienden y asimilan la historia.

Viene al caso aquí que a lo largo de la historia se han llevado a cabo exitosas campañas propagandísticas en contra o a favor de determinados personajes. Nosotros bien podemos hablar de la leyenda negra que ha oscurecido gran parte de la historia de España. Pero todavía vienen más a colación personajes tan vilipendiados como Nerón o Calígula, emperadores que hoy en día están siendo rehabilitados por la historia de su imagen de monstruos, una historia que siempre llega dictada por la mano de los vencedores.

En fin, una lectura para disfrutar, que en otro tiempo sufrí en un esfuerzo vano por aprender unos precarios rudimentos de la que fue nuestra lengua. No olvidemos que nosotros, los españoles, también fuimos Roma.



martes, 18 de abril de 2023

La Conjuración de Catilina; La guerra de Jugurta (circa 43-40 a. C.), Cayo Salustio Crispo.

 

Estas dos pequeñas monografías históricas se ubican en una franja temporal francamente interesante, la crisis de la ya vetusta República romana. De alguna manera, todo el trabajo como historiador de nuestro buen Cayo Salustio sirve al entendimiento de dicha casuística. Aparte de los presentes, del resto de escritos del autor no nos han llegado sino fragmentos; ni qué decir que nuestro conocimiento de la historia del período se hubiera visto enriquecida sobremanera con sus aportaciones. Cierto que la manera de hacer historia de este momento histórico está muy por debajo del nivel de Túcídides, por poner un ejemplo. Se busca entretener, entresacar las escenas más dadas al dramatismo, lo cual no es óbice para reflejar el trasfondo general de una época.

Fíjense en este párrafo de Jugurta, en el que se nos da un resumen espléndido de la crisis del sistema político republicano:

 

Este abuso de divisiones y partidos entre los del pueblo y el Senado, y todos los desórdenes que después se experimentaron, tuvo principio en Roma pocos años antes, y era efecto de la paz y de la abundancia de las cosas que el mundo más estima. Porque mientras estuvo en pie Cartago, el Senado y el pueblo romano administraban la república con gran moderación y templanza; ni entre ciudadanos se disputaba sobre quién había de sobresalir en la gloria o en el mando; el miedo del enemigo contenía a la ciudad en su deber. Pero luego que sacudió de sí este cuidado, se apoderaron de ella la soberbia y la lascivia, males que trae regularmente consigo la prosperidad. De esta suerte el descanso por que anhelaron tanto en los tiempos trabajosos, después de alcanzado, fue para ellos más duro y amargo que los trabajos mismos. Porque así la nobleza como el pueblo hicieron servir, aquélla su elevación, éste su libertad a sus antojos; robando unos y otros y apropiándose cuanto podían. De esta suerte todo se dividió en dos bandos, y la república, cogida en medio de ellos, fue despedazada. Pero el partido de los nobles por su estrecha unión era más fuerte, la plebe, aunque mayor en número, por estar desunida y dividida su fuerza, podía menos. Gobernábase en paz y en guerra el Estado por el arbitrio de pocos. Éstos tenían en su mano el erario, los gobiernos, los magistrados, la gloria y los triunfos; el pueblo vivía oprimido con la pobreza y el peso de la guerra; los generales se apoderaban y a pocos daban parte de los despojos militares; y entretanto las mujeres y los hijos pequeños de los soldados eran echados de sus casas y posesiones, si confinaban con las de algún poderoso. De esta suerte la avaricia sin tasa ni vergüenza alguna, juntamente con el poder, lo invadía, manchaba y asolaba todo, no teniendo el menor miramiento ni respeto, hasta que se despeñó ella misma. Luego, pues, que entre los de la nobleza hubo quien antepusiese al poder injusto la verdadera gloria, comenzó a revolverse la ciudad y se vio nacer en ella la discordia, no de otra suerte que cuando vemos formarse un torbellino.

 

Imprescindible conocer la biografía de Cayo Salustio. Cuando se trata de la antigüedad, a mí, particularmente, me resulta tan interesante y revelador, o quizás más, conocer la biografía, las circunstancias del escritor, como su propio trabajo.

Dice el traductor en el prólogo, atreviéndose a opinar muy en contra de la persona de Salustio:

 

A Cayo Salustio Crispo hicieron famoso su vida y sus escritos. La memoria de éstos durará cuanto durare el aprecio de las letras. Aquélla debiera pasarse en silencio y aun sepultarse en el olvido.

 

De familia ilustre, optó por posturas políticas ambiciosas, pues según él mismo, la ambición “se acerca más a la virtud”. Alcanzó el tribunado de la plebe el mismo año en que Clodio fue asesinado en una reyerta callejera por los seguidores de Milón. Salustio se opuso a Milón, y por tanto a Cicerón.

De plebeyo (hombre nuevo) pasó pronto a ocupar cargos propios de la elite patricia, se cree que bajo la tutela de Craso y de Julio César, dos de los posteriores triunviros. Ejerció importantes cargos militares al lado de Julio César, contra Pompeyo. Como recompensa recibe el gobierno de una provincia africana, que no dudará en saquear, hasta el punto que fue acusado de corrupción a su regreso. Desgastado, tuvo que retirarse de la vida pública y no le quedó otro remedio que dedicarse al disfrute de sus enormes riquezas acumuladas, afortunadamente para nosotros, y para la historiografía.

Para cualquiera que esté mínimamente familiarizado con la historia romana, encontrará motivos más que suficientes para acercarse al maestro, al placer del encuentro con las fuentes primeras, donde sobran la emoción y reflexiones por doquier. Como muestra, un botón.

 

Tened, pues, entendido que no se logra el favor de los dioses con votos ni plegarias de mujeres; que cuando se vela, se trabaja y consulta desapasionadamente, todo sale bien; pero si nos abandonamos a la pereza y desidia, es ocioso clamar a los dioses: nos son entonces adversos y contrarios.

 

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Historia de la Guerra del Peloponeso (1997), Tucídides

 


No hace mucho escuché una frase que más o menos venía a decir: “no es que la historia se repita, ¡es que rima!”. Cierto que cada guerra tiene sus peculiaridades, pero mucho mayores son sus semejanzas. Cierto también que se necesita un tiempo para apreciar el conflicto en toda su perspectiva; es muy pronto todavía para analizar la guerra de Ucrania en su conjunto. Y, sin embargo, es perfectamente visible la ignorancia del ciudadano de a pie (ese al cual la historia le importa un pimiento), las implicaciones económicas, la presión de los intereses, la forma en que actúa la propaganda en pro de uno u otro bando, la manipulación del casus belli, en fin, los modos humanos de hacer la guerra.

Viene al pelo para concluir esta pequeña introducción esa otra frase que últimamente he oído en varias ocasiones, y también sin saber cuál es la fuente: “la primera víctima de toda guerra es la verdad”. Sobran los comentarios.

Y no sucede con las ciencias humanas como con las otras ciencias, esas que evolucionan, que progresan, pasito a paso, a través de hipótesis, teorías y paradigmas. Las ciencias humanas no conocen el progreso, de tal manera que leemos los análisis de Tucídides y nos servimos de ellos para analizar nuestra propia realidad. Bien sabido es que muchos hombres ilustres tuvieron, y tienen, la presente obra en su mesita de noche.

Hay quien sitúa el núcleo de la obra de Tucídides en su libro V, en el diálogo de Melos. Se trata de un asunto aparentemente sin importancia, la incorporación de Melos a la órbita imperial ateniense. Se enfrentan siempre la corriente liberal y la autocrática, pero en realidad define la filosofía de Tucídides y, en definitiva, el móvil básico que mueve a la naturaleza humana, el poder, la fuerza. Maquiavelo, Hobbes o Nietzsche beberán de la misma fuente.

Otros, simplemente, destacan pasajes de la historia por su belleza, como por ejemplo la retirada de los atenienses de la ciudad de Siracusa, del que dicen ser uno de los pasajes más hermosos que jamás se hayan escrito por su intensidad y patetismo. Nada hay que supere a la realidad. Yo, particularmente, no he disfrutado nunca leyendo novelas de aventuras como lo he hecho leyendo la historia de la humanidad.

Qué más decir que mil veces no se haya dicho ya. Entresaco del texto estas frases, si es que alguien todavía necesita ser incitado a la lectura, o relectura, de esta obra maestra. Habla Tucídides, testigo y participante de esta guerra:

 

Así fueron, pues, según mi investigación, los tiempos antiguos, materia complicada por la dificultad de dar crédito a todos los indicios tal se presentan, pues los hombres reciben unos de otros las tradiciones del pasado sin comprobarlas, aunque se trate de las de su propio país…

…Hay muchos otros hechos, incluso contemporáneos y no olvidados por el tiempo, sobre los cuales los demás griegos tienen ideas inexactas, como la creencia de que los reyes de los lacedemonios dan, cada uno, no un solo voto sino dos, y la de que tienen una compañía de Pitana, la cual no ha existido jamás. ¡Tan poco importa a la mayoría la búsqueda de la verdad y cuanto más se inclinan por lo primero que encuentran!

 

Y esta guerra de ahora, aunque los hombres siempre suelen creer que aquella en la que se encuentran ellos combatiendo es la mayor y, una vez acabada, admiran más las antiguas, esta guerra, sin embargo, demostrará a quien la estudie atendiendo exclusivamente a los hechos que ha sido más importante que las precedentes.

 

La investigación ha sido laboriosa porque los testigos no han dado las mismas versiones de los mismos hechos, sino según las simpatías por unos o por otros o según la memoria de cada uno. Tal vez la falta del elemento mítico en la narración de estos hechos restará encanto a mi obra ante un auditorio, pero si cuantos quieren tener un conocimiento exacto de los hechos del pasado y de los que en el futuro serán iguales o semejantes, de acuerdo con las leyes de la naturaleza humana, si éstos la consideran útil, será suficiente. En resumen, mi obra ha sido compuesta como una adquisición para siempre más que como una pieza de concurso para escuchar un momento.