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domingo, 6 de septiembre de 2026

El hechizo de Elsie (1987), Highsmith, Patricia.

 

¿Desafortunada traducción? Found in the Street.

La maestra del suspense presenta claroscuros. La novela comienza de manera magistral. Se puede observar entre líneas cómo disfruta la escritora del hallazgo de una apertura fabulosa, como si se tratara de una partida de ajedrez, sin fisuras. El chiflado Ralph encuentra una cartera en los adoquines de New York, con sus documentos y un buen fajo de billetes, y ni se plantea el hecho de que debe devolverla. Así se nos abre la novela a un abanico de personajes y, así como sin querer, llegamos hasta Elsie, esa muchacha hermosa que posee un magnetismo natural, simpatía y nada más.

Después de esta puesta en escena absolutamente magistral esperamos, página tras página, que pase algo traumático. Nada sucede y sin embargo seguimos ahí. Me da la impresión que la novela comienza a presentar fisuras. Apertura tan fabulosa ha deslumbrado a la autora, que no encuentra ni el momento ni la ocasión para desencadenar los hechos hasta un punto de ruptura. Se regodea en el hechizo que Elsie despliega de forma natural entre las personas que le rodean. Puede parecer un estudio psicológico, pero tampoco es para tanto. A mi manera de ver, insisto, tras una entrada fabulosa, la novela se diluye.

No es la primera vez que me sucede con Highsmith, que me sorprende, para bien o para mal. En esta ocasión, no se cumplen las expectativas. Se nos presenta una sociedad feliz, digamos que bohemia de fines del siglo XX, con lesbianas y gais que se abren paso con naturalidad en una sociedad decadente, gente con suerte que cayó de pie, que gana dinero jugando al arte, gente bienintencionada que celebra fiestas un miércoles por la noche, que viaja mucho y cultiva relaciones interesantes.

Sí, Patricia juega con nosotros, lectores incautos, no sucede nada y nos tiene agarrados del pescuezo, como si fuéramos un gatito. En todo caso, pese a los claroscuros, mucho pueden aprender la miríada de autores que buscan ese thriller fabuloso que les haga ricos de la noche a la mañana. La arquitectura de las novelas de Patricia Higsmith se puede intuir con facilidad, como una catedral gótica, nos da una imagen diáfana de cómo engatusar al lector y hacerle que nos siga hasta la parte más oculta del jardín. No es necesario matar mucho, urdir planes extravagantes, ni siquiera hacer que se encuentren en un tren dos extraños con ambiciones psicopáticas comunes, basta con una sencilla apertura, un suceso casual, casi banal, y queda plantada la semilla del suspense. No parece difícil hacerlo ¿verdad?

 

Termino la reseña con una cita que he encontrado por ahí en la red, que espero sea fidedigna. Es todo un elogio por parte de Graham Greene.

 

“Patricia Highsmith no es la poeta del miedo, sino del recelo. El miedo, como todos aprendimos durante la guerra, después de un tiempo deviene narcótico. La fatiga del miedo puede sumirnos en el sueño, pero el recelo ataca sutil y permanentemente nuestros nervios y tenemos que aprender a vivir con él».

 

lunes, 3 de agosto de 2026

La carretera (2006), Cormac McCarthy.

 


Nos encontramos en un mundo postapocalíptico, no sabemos muy bien el porqué, pero tampoco nos hace falta. Ciertos pasajes intercalados a lo largo de la historia nos dan pie a intuir una hecatombe nuclear, el mundo en llamas, un invierno nuclear que dura ya varios años. Un padre y un hijo caminan por la carretera, en dirección sur, en busca de calor, en movimiento, siempre en movimiento.

La descripción de un mundo inerte es la principal baza de la novela, la que convierte una historia sencilla, sin alardes, un tema tan manido en la actualidad como es la lucha por la supervivencia después de un apocalipsis, en una gran novela. Todo es oscuro y gris, el sol tapado por las nubes, hace frío, no hay comida ni manera de producirla, los hombres se comen los unos a los otros, apenas hay lugar para la esperanza.

La carretera es el hilo conductor. Es, por un lado, la fuente del peligro, pero abandonarla supone el riesgo de dar rodeos sin llegar a destino.

Las explicaciones sobre lo que ha pasado son mínimas, traídas con maestría aquí o allá. Solamente nos importa la relación de un padre con su hijo, el sacrificio del uno y la cándida inocencia del otro frente a un mundo cruel.

 

Una famosa entrevista, de un autor poco dado a las mismas, aporta las claves, que tampoco es que sean necesarias para disfrutar de una novela que yo ya he releído.

Transcribo los fragmentos que más me han llamado la atención de la entrevista con Oprah Winfrey:

«Mucha gente me lo pregunta. No tengo una opinión. En el Instituto Santa Fe estoy con científicos de todas las disciplinas y algunos de ellos en geología dijeron que parecía un meteoro para ellos. Pero podría ser cualquier cosa: actividad volcánica o podría ser una guerra nuclear. No es realmente importante. Lo que importa ahora es, ¿qué haces? La última vez que la caldera en Yellowstone exploto, todo el continente norteamericano estaba bajo aproximadamente un pie de ceniza. Las personas que han buceado en el Lago Yellowstone dicen que hay una protuberancia en el fondo que ahora está a aproximadamente 100 pies de altura y todo eso está como pulsando. De diferentes personas obtienes diferentes respuestas, pero podría pasar en otros tres a cuatro mil años o podría suceder el jueves. Nadie lo sabe.»

 Pareciera que en nuestro mundo actual la única amenaza que se cierne sobre el hombre es el cambio climático, pero la humanidad se enfrenta a continuos desafíos.

Por otro lado, el motivo de la novela se expone aquí:

«…la idea nació en el año 2003 durante un viaje a El Paso, Texas. Mientras su hijo dormía, miró por la ventana del hotel y se imaginó cómo estaría ese lugar en cincuenta o cien años, visualizando las colinas ardiendo y pensando en ellos dos en ese entorno. Consideraba que la obra no habría existido sin su hijo, ya que refleja los miedos y el profundo vínculo protector de un padre hacia él.»

―Oprah Winfrey: «"The Road" es esta historia de amor entre padre e hijo, pero nunca se dicen, "Te quiero."

―Cormac McCarthy: «No. No pensé que eso agregaría nada a la historia. Pero muchas de las líneas que están ahí son conversaciones verbatim que mi hijo John y yo tuvimos. Quiero decir que cuando digo que él es el coautor del libro. Muchas de las cosas que dice el niño [en el libro] son cosas que John dijo. John dijo: "Papá, ¿qué harías si yo muriera?" Yo dije: "Quisiera morir también," y él dijo: "¿Para poder estar conmigo?" Yo dije: "Sí, para poder estar contigo." Solo una conversación que tendrían dos tipos.»

 Diálogos sin guiones, escuetos, simples, descripciones realistas, incisivas, exactas, definen a la perfección una atmósfera, dos personajes principales que lo ocupan todo. No hace falta más para crear una historia que nos engatusa y nos hace sentir a flor de piel la relación padre hijo en una situación de pura supervivencia. Éxito de crítica y ventas, pero muchos lectores se encuentran confusos después de la lectura, la encuentran simple y aburrida, echan en falta más explicación sobre el tema apocalíptico. Quizás la etiqueta “ciencia-ficción” sea desmesurada. Por mi parte me quedo con el ambiente postapocalíptico, con el arte de McCarthy. Nadie dijo que las lecturas fáciles fueran las que dejan mejores sensaciones.

jueves, 9 de abril de 2026

Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros (1976), John Steinbeck.

 

Este es un libro que se puede comprar en una librería de viejo por unos pocos euros. Se vende poco, y probablemente se vendería mejor si los lectores supieran en qué consiste, pues viene a ser la mitología del mundo anglosajón, y la mitología sí que vende.

El libro es una adaptación de la leyenda artúrica, basada en el texto del Manuscrito de Winchester de La muerte de Arturo, de Thomas Malory, a decir del propio autor para que lo pudieran leer sus hijos, así como otros no tan jóvenes. Al final de mi edición figura un apéndice con cartas que explican el proceso de la escritura, que son muy interesantes y explican el complejo proceso de documentación y adaptación que lleva a cabo Steinbeck. A decir verdad, me han gustado más las cartas que la historia propiamente dicha, así como la lectura de fragmentos aquí o acullá acerca de las novelas de caballerías; la lectura como excusa.

Malory escribió en el siglo XV, pero las leyendas circulaban de manera oral desde mucho antes, así que Steinbeck hizo lo mismo que Malory, una reescritura consciente. El nombre de Arturo y referencias a su reinado se encuentran en antiguos manuscritos del siglo XI y principios del XII. El escritor francés Chrétien de Troyes (segunda mitad XII) ya debió inspirarse en la obra del historiador galés Godofredo de Monmouth, que escribió en la primera mitad del siglo XII. Nada más que un poquito de erudición.

Steinbeck siguió la estructura de Malory, pero exploró la base psicológica de los eventos y ajustó el uso del lenguaje para que suene natural y accesible para un hablante de inglés moderno. Dice el mismo autor, sobre la trascendencia del mito:

 

Mi propósito consiste en verterlo en un lenguaje que sea comprensible y aceptable para el lector de hoy. Creo que hacer esto no sólo es importante sino también muy práctico, puestos que estas historias configuran, junto con el Nuevo Testamento, el fundamento de casi toda la literatura moderna de habla inglesa. Y puede demostrarse y habrá de demostrarse que el mito del Rey Arturo perdura aún en el presente y que es parte inherente de lo que denominan western que tanto abunda en la televisión de nuestros días: los mismos personajes, los mismos métodos, las mismas anécdotas, sólo que hay armas levemente diferentes y por cierto una diferente topografía. Pero si cambias a los indios y los pistoleros por los sajones y los pictos y los daneses, tienes exactamente la misma historia. Tienes el culto al caballo, el culto del caballero. Los parangones con el presente no son muy forzados, y además las incertidumbres de la época presente se asemejan mucho a las incertidumbres del siglo XV.

 

En definitiva, es un trabajo intelectual y elaborado. Hay que subrayar que no contiene todas las historias de Arturo, pues está inacabado. De hecho, termina justo cuando comienza el asunto entre Ginebra y Lanzarote.

Tengo que reconocer que yo llegué atraído por la relación con la novela caballeresca ibérica, y me he quedado a las puertas. Supongo que habrá una relación, pero no he dispuesto de materiales de primera mano para encontrarla. La inteligencia artificial dice que:

 

«la relación entre la novela caballeresca española y el rey Arturo es de dependencia directa y posterior evolución: la materia de Bretaña (el ciclo artúrico) constituyó la base estructural, temática y estética sobre la que se construyeron los libros de caballerías españoles, alcanzando su máxima expresión en el Amadís de Gaula.

A finales del siglo XIV y durante los siglos XV y XVI, la narrativa española volvió su mirada hacia los héroes artúricos cultivados en Francia (Chrétien de Troyes) para crear sus propios paladines.»

 

Me gustaría atacar el Amadís de Gaula, aunque sea como prolegómeno de una penúltima lectura del Quijote.

martes, 25 de noviembre de 2025

Amy e Isabelle (1998), Elizabeth Strout.

 

Elizabeth me sorprendió gratamente con Me llamo Lucy Barton. La presente novela se me ha hecho más lenta, más dispersa. Se trata de su primera novela publicada; rebosa de temas, que le cuadrarán más o menos a cada lector, su prosa resulta exquisita. A mí, personalmente, me agrada, aunque a veces no me encajen sus temáticas.

Sus personajes son femeninos, como debe ser, ¿no? Isabelle es una madre soltera que huye de sí misma, o de la sociedad, que ejerce presión insana. Su hija, Amy, florece, y pugna por abrirse camino en un ambiente asfixiante, el propio de un pueblo pequeño, me da igual europeo que estadounidense.

La relación entre madre e hija es francamente interesante. El tema sin el cual la novela dejaría de girar es el abuso sexual de los hombres sobre criaturas inocentes menores de edad. No pinta a los hombres como extraordinariamente malvados. Cierto que los pinta como seres egoístas y despreocupados de las consecuencias de sus actos. La que recibe las críticas es la sociedad. Strout no se regodea en distribuir culpas; se limita a transmitirnos una historia humana, demasiado humana.

Por supuesto que los abusadores salen malparados, pero tampoco los pinta como asesinos sin piedad. Sus actos se imponen porque la sociedad lo permite de forma silenciosa; es ésta la que destruye la vida de las dulces niñas. Por un lado, está el hombre que abusa de Isabelle, que pasa de puntillas por la novela. Mucho más definido aparece el profesor de matemáticas, que seduce a la dulce Amy. Malos tipos los dos, obviamente, pero no la reencarnación del mal. Uno de ellos esconde su vulgaridad bajo una gran cultura, el otro bajo su aparente afabilidad. Incluso hay una segunda historia que atraviesa la novela, una muchacha desaparecida que aparece luego muerta en el maletero de un coche, quizás de manera un tanto artificiosa y que sirve a las necesidades del guion.

Dos generaciones se ven retratadas. La ignorancia, el impulso animal, sexual, propio de la adolescencia, lo empaña todo. Un simple error pone patas arriba la vida de una mujer. 

 

Sin embargo, después de este pequeño batiburrillo temático, pese a su riqueza e interés, no ha sido lo que más me ha llamado la atención de la novela. Si tengo que quedarme con algo es con el tratamiento que hace de los personajes secundarios, que ya quisiera yo para la mejor de mis novelas. Casi todos los hombres son personajes secundarios, pero los conocemos de forma certera con unas pocas pinceladas. Y lo mismo sucede con los personajes femeninos. Isabelle trabaja en una oficina, y a su alrededor revolotean varias mujeres entre las que destaca una, por su carácter y su volumen, la gorda Fat Bev, para mí tan inolvidable como la pequeña Amy.

Muchos puntos interesantes para a leer a Elizabeth Strout.

 

viernes, 12 de septiembre de 2025

La balada del café triste (1951), Carson McCullers.

 

Consta mi edición del relato largo La balada del café triste, y de seis relatos más, de carácter variopinto. Podría decir que son relatos prescindibles, pero nos apetece adentrarnos en el universo de la maestra. Dos de ellos tratan de música, lo cual no es ajeno al lector de Carson McCullers. Otros personajes son un tanto extraños, lo cual también nos encaja, un jockey en el crepúsculo de su carrera, un desconocido que le relata a un muchacho una historia sobre el significado del amor, un hombre que cuida de su esposa alcohólica.

Sucede que cada relato es un mundo en sí mismo. Parece a algunos lectores que la lectura de relatos es más suave y superficial; quizás sea más exigente que la lectura de novela, pues hay que hacerse con ambiente y personajes en un corto espacio de tiempo. Se pueden leer sin más objetivo que disfrutar. Inevitable detenerse en el más largo de todos, el que da nombre al compendio.

De nuevo topamos con personajes excéntricos. El personaje de la protagonista lo ocupa todo, Amelia, que podríamos definir como un marimacho. Es alta, fuerte, no solo viste como un hombre, sino que se comporta como tal. Es la más rica y poderosa del pueblo, pero también la más fuerte y temida entre todos sus conciudadanos.

Amelia atrae y se ve atraída por personajes extravagantes. Se casa con el hombre más díscolo del pueblo y su matrimonio apenas dura diez días. Desaparece el personaje para aparecer años después, tras hacer fama en el mundo de la delincuencia y un largo tránsito por la cárcel. De buenas a primeras aparece en el pueblo la tercera pata del triángulo amoroso, un enano deformado por una joroba con un carácter muy especial que encandila a nuestra Amelia. 


Solo la pluma de Carson McCullers puede generar un fantástico relato de semejantes mimbres. Un relato de cien páginas imprescindible, para degustar, diríase humorístico. Por mi parte, he subrayado multitud de fragmentos. He aquí uno cualquiera que habla del jorobado, y sirva para ilustrar lo bien que Carson envuelve a sus personajes:

 

Existe un tipo de personas que tienen algo que las distingue de los mortales corrientes; son personas que poseen ese instinto que solamente suele darse en los niños muy pequeños, el instinto de establecer un contacto inmediato y vital entre ellos y el resto del mundo. El jorobado era, sin duda alguna, de este tipo de seres. No llevaba en el almacén más de media hora, y ya se había establecido un contacto entre él y cada uno de los hombres.

 

Dicen por ahí que Carson describe el amor como nadie. Será por el destino que une a la extravagante protagonista, Amelia, con el enano jorobado que dice ser su pariente. Como dijimos, otro de los relatos del compendio tiene al amor como protagonista absoluto. En fin, no juzguen por fragmentos como este y lean cualquier clásico de McCullers. Es una auténtica pasada.

 

En primer lugar, el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto, con mayor o menor claridad; en el fondo, sabe que su amor es un amor solitario. Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente. Permítasenos añadir que este amante del que estamos hablando no ha de ser necesariamente un joven que ahorra para un anillo de boda; puede ser un hombre, una mujer, un niño, cualquier criatura humana sobre la tierra.

 

sábado, 26 de julio de 2025

Esfera (1987), Michael Crichton.

 

En mi juventud fui lector de ciencia ficción durante una buena temporada. Ya entonces mostraba maneras y quería leer a los mejores. Leí a Asimov, pero también disfruté con la saga Pórtico de Frederick Pohl, con Fritz Leiber o con Star Maker de Olaf Stapledon. Así, a bote pronto, son algunos de los autores que mejor recuerdo. Leí docenas y docenas de novelas, algunas de ellas varias veces. Prefería las de mayor contenido científico y despreciaba las fantasiosas. Intercalaba novelas con alguna que otra obra científica de divulgación; cómo leer ciencia ficción sin saber lo que es un parsec, un agujero negro o hacerse a la idea del tamaño del sistema solar con respecto a la vía láctea o el Universo conocido. La buena ciencia ficción es el resultado de una mezcla adecuada de ciencia y de ficción, pero si flojea la primera pierde su sentido, en mi humilde opinión.

La presente novela la he leído en un momento de relajación que me he regalado tras trabajos tan arduos como los de Hércules. Los buenos lectores (permítanme la pedantería atendiendo al elevado número de sabelotodos que jamás leerán un libro y que nos rodean en la vida diaria) somos primero de todo lectores, y leemos hasta las frases de los azucarillos.


Ciertamente que la novela presenta sus puntos débiles. Acostumbrado uno a leer novela de calidad, pronto das con aspectos más o menos flojos. En todo caso he terminado la novela y me ha agradado. Ahora buscaré la película, que hace mucho que no la veo, y que temo que será diferente, pese a que la novela parece un guion por la abundancia de diálogo.

Lo más interesante de la propuesta de Michael Crichton está en el contacto con otra civilización extraterrestre, tenga este lugar o no, porque quedan incógnitas en el aire. Tanto los personajes como la intriga se nos presentan desde el minuto uno. La trama es fluida, por no decir vertiginosa, de tal manera que la lectura resulta fácil. El ambiente escogido ayuda al suspense, las profundidades del Pacífico, un ambiente claustrofóbico. Los tecnicismos parecen correctos, pero no abrumadores. Aquí y allá se entremezclan teorías acerca de la posibilidad o no de la existencia de vida más allá del sistema solar, y de cómo sería en caso de existir. He leído novelas mucho mejores en este aspecto.

En el fondo del mar aparece una nave espacial llena de sorpresas y que contiene una esfera incognoscible. Un grupo de expertos añaden el contenido científico, un psicólogo, un astrofísico, una bióloga y un matemático.

La novela se cierra de forma brillante, pero nos deja en la indefinición, lo que ayuda a crear esa sensación de misterio y terror subyacente al contacto con lo desconocido, ya sea vida extraterrestre o una tecnología inasequible para el ser humano. En todo caso, un final coherente con el resto del relato. 


En definitiva, sin ser una novela memorable, una buena excusa para hablar de libros, una buena historia para leer a la sombra de un olivo en la piscina. Suspense, ritmo trepidante, y algún que otro dilema existencial sobre la mesa.

sábado, 19 de julio de 2025

El corazón es un cazador solitario (1940), Carson McCullers.

 


La novela comienza con una narración absorbente y espectacular. La autora tiene el don de cautivar. En unas pocas páginas nos presenta a dos amigos íntimos, dos personas peculiares, sordos, John Singer y Spiros Antonapoulos. Uno de ellos, Antonapoulos enferma y comienza a comportarse de forma violenta y acaba en un hospital psiquiátrico, de manera que el protagonista absoluto de la novela, John Singer, se queda solo y se muda.

Aunque el sordomudo Spiros Antonapoulos no desaparece del todo, el resto de la novela, diríase mejor los demás personajes, giran alrededor de John Singer, que tiene una singular personalidad que los atrae. Sí, John Singer es el gran protagonista de la novela, y a su alrededor basculan otros cuatro personajes muy diferentes entre sí, Mick Kelly, una niña espabilada de alrededor de 13 años, amante de la música, Jake Blount, un obrero alcohólico de tendencias socialistas, Biff Brannon, el dueño de un establecimiento donde se dan comidas y bebidas, y el Dr. Copeland, un idealista médico afroamericano ya anciano.

La novela transcurre en la órbita que describen cada uno de estos personajes alrededor del sordo, John Singer, probablemente menos desarrollado que los otros cuatro, algunos de los cuales presentan sus satélites, personajes que a su vez los rodean y describen a su alrededor su propia órbita. 

Poco después de la Navidad, una noche, dio la casualidad de que las cuatro personas vinieron a visitarle al mismo tiempo. Esto no había ocurrido nunca. Singer se movía por la habitación repartiendo sonrisas y cosas para comer, haciendo todo lo posible para que sus invitados estuvieran cómodos. Pero algo no andaba bien.

El doctor Copeland permanecía de pie, en la puerta, con el sombrero en la mano, y sólo hizo una fría reverencia a los demás. Los otros le miraron como preguntándose por qué estaba allí. Jake Blount abrió las cervezas que había traído consigo, y la espuma le manchó la pechera de la camisa. Mick Kelly escuchaba la música de la radio. Biff Brannon estaba sentado en la cama, las piernas cruzadas, y sus ojos escrutaban al grupo que tenía ante sí con los ojos fijos y entrecerrados.

 Así describo yo esta novela, una novela de personajes entrelazados, apenas coordinados por la figura de John Singer. La introducción de cada personaje me ha parecido magistral, muy sugerente para aquellos que tratamos de hacer nuestros propios pinitos literarios.

Estas características pueden echar para atrás a muchos lectores, pero la verdad que la novela se lee bien, sin necesidad de poner excesiva atención o retroceder páginas en la lectura, porque la escritora pone todo su arte al servicio del lector, de manera que no nos resulta difícil entrar en el enrevesado mundo de cada personaje.

Por eso, insisto, que no es necesario acudir a un taller de escritura para que nos enseñen el oficio. Cierto que podemos hacer amistades, como en cualquier otro círculo, pero para aprender las técnicas narrativas basta con leer novelas de los maestros, que son los que verdaderamente nos muestran el camino.

 

La novela transcurre en una pequeña ciudad industrial del sur de los EE.UU, Georgia, en la década de los 30, fácil de comprobar porque de vez en cuando se nos describen a través del diálogo los movimientos políticos de Adolf Hitler frente a la política de apaciguamiento.

El ambiente puede resultar claustrofóbico, miserable, como lo es la vida de los humildes de los suburbios de cualquier ciudad.

El título de la novela proviene de un poema "El cazador solitario" del poeta escocés William Sharp.

Deep in the heart of Summer, sweet is life to me still, But my heart is a lonely hunter that hunts on a lonely hill.

 En lo profundo del corazón del verano, dulce es la vida para mí todavía, pero mi corazón es un cazador solitario que caza en una colina solitaria.


 
Lo que más me ha sorprendido es que la autora, Carson McCullers, escribió esta, su primera novela, con 23 años, por la cual obtuvo una temprana y merecida fama. Luego tuvo una azarosa vida, a través de la cual se puede comprobar que sus personajes están hechos del mismo pegamento que su realidad.

Ya he conseguido La balada del café triste, que espero leer pronto, lo cual indica, mejor que cualquier valoración numérica, lo que me ha gustado esta novela.

 

sábado, 9 de diciembre de 2023

Atormentada tierra (1933), John Steinbeck

 


Buscando opiniones para contrastar con las mías, descubro que esta novela tiene como título original To a God unknow. Es la segunda novela del maestro. Ambientada en la conquista del Oeste pero sin grandes aspavientos, ni guerra con los indios ni violencia, nada que ver con el salvaje Oeste sino más bien con la tierra de las oportunidades. A diferencia de la vieja Europa, América es territorio virgen.

El protagonista, Joseph Wayne, sueña con tener tierras que pueda decir que son suyas, tierras para cuidar y prosperar, para formar una familia. Es la pasión por la tierra, el sueño americano que solo allí se hace realidad. Ese vínculo con la tierra protagoniza la novela, alcanzando matices míticos, animistas, religiosos, hasta el punto que el paisaje y las tierras son los verdaderos protagonistas.

Al mismo tiempo que sencilla, se trata de una historia misteriosa. En todo momento asistimos a un presagio de desgracia simbolizado por la sequía, azote que se repite de forma cíclica cada cierto número de años en la región. Lejos de ser spoiler, viene a ser un leit-motiv.

En el ínterin Joseph se casa, la familia crece, sus hermanos adquieren tierras a su lado y se va formando un pequeño pueblo. No vemos en esta novela ese interés de Steinbeck por las clases desfavorecidas, aunque sí se trata de ensalzar a las gentes humildes y al trabajo, el apego a la tierra.

Y poco más, un grupo de granjeros que no albergan otras ambiciones que prosperar gracias al trabajo duro. Sin embargo el protagonista, hombre ejemplar, simboliza la naturaleza hasta el extremo, dándose una simbología peculiar que refleja un profundo amor por los animales y los bosques. La religiosidad lo impregna todo, pero nada que ver con el cristianismo occidental, sino más bien con el modo de ver indio, el misterio de los manantiales, el poder de la lluvia, la personificación de los hombres en grandes árboles, animales que se comportan de forma misteriosa, sacrificios rituales...

Uno de los personajes describe así al protagonista. Sirva de ejemplo:


―No sé si existen hombres excepcionales o si algunos seres son tan humanos como para que los demás parezcan irreales. Quizá de vez en cuando nazca un ser sobrenatural. Joseph posee una enorme energía, tiene la serenidad de las montañas y su pasión es tan salvaje, fiera e intensa como el rayo y tan espontánea como éste, según mis conocimientos. Cuando estés lejos de él, trata de pensar en tu marido y te darás cuenta de lo que quiero decir. Su figura crecerá enormemente, hasta la cima de las montañas, y su fuerza será como el irresistible empuje del viento. Benjamín ha muerto. Uno no se puede imaginar a Joseph muriéndose. Él es eterno. Su padre falleció, pero aquello no era morir.

 

Y pese a lo que pueda parecer, una novela que se lee bien, fluida, que me ha dejado buenas sensaciones y ganas de volver a sus grandes obras.

 

 

viernes, 10 de febrero de 2023

Me llamo Lucy Barton (2016), Elizabeth Strout

 

 Supongo se escuchará pretencioso si digo que llegué a esta novela por casualidad, y esto no me suele pasar porque yo raramente salgo de mis clásicos o del ensayo. Entre los muchos libros que catalogo al cabo del mes, este no pasó desapercibido, y fue porque lo tenía otras dos veces repetido. En la búsqueda de un precio para la venta leí la contraportada, ojeé los premios, la editorial, y me tentó, y la verdad que ha sido una grata sorpresa que dudo que se vuelva a repetir en mucho tiempo.

Al parecer no se trata de contenido autobiográfico, pues la protagonista de la novela enarbola un difícil destino, mientras que la biografía de la escritora que cuelga de la Wikipedia parece bastante bondadosa. Esto tampoco es concluyente. En todo caso, se detecta en la voz de la autora cierta, como lo diría yo, voz de confesión. Puede que no sea nada más que un artificio; si así lo es, bien traído.

El caso que su prosa engancha. No hace falta que nos cuente grandes hechos, la autora rebosa confianza, y con esa voz tan personal nos lleva y nos trae por donde le da la gana. La protagonista convalece en un hospital. Recibe la visita de su madre, que prende la llama de los recuerdos. Nos cuenta lo que considera oportuno, va y viene en el tiempo, lo mismo pasado que futuro.

 

La novela contiene además un sinfín de guiños al mundillo de la escritura. La protagonista, Lucy Barton, además de una vida difícil, tiene dotes como escritora. Y Para más inri, conocerá a una persona que también es escritora y dirige un taller de escritura.

 

Sarah Payne dijo: Si hay algún punto débil en tu historia, plántale cara, agárralo fuerte y plántale ara antes de que el lector se dé realmente cuenta. Así es como tendrás autoridad, dijo, en una de esas clases en las que su cara se inundaba del cansancio de enseñar. Me da la impresión de que la gente quizá no entienda que mi madre no fuera capaz de pronunciar las palabras te quiero. Me da la impresión de que la gente quizá no lo entienda: no importaba.

 

Lenguaje conciso, sencillo, exacto, confesiones por doquier y técnica literaria, buena mezcla. No sé qué más se le puede pedir a una novela.

Muchos consejos para los novelistas en ciernes, muy acertados.

 

…ahora he pensado en algo que dijo Sarah Payne en la clase de escritura de Arizona: «Sólo tendréis una historia», dijo. «Escribiréis esa única historia de muchas maneras. No os preocupéis por la historia. Sólo tenéis una.»

 

Y esto no es más que un pequeño fragmento. Se trata de una novela más bien corta pero intensa, como a mí me gustan. Prefiero no decir nada más, mejor en una próxima relectura.