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martes, 14 de noviembre de 2023

Los Lusíadas (1572), Luis Vaz de Camoes

 

Los lusitanos, los portugueses, probablemente la obra más aclamada de la literatura portuguesa.

Nos situamos en el renacimiento portugués, que es tardío en comparación con los sus grandes descubrimientos navales, como sucede con la literatura española, posterior a su período de máximo esplendor. Sorprendentemente los acontecimientos históricos se entremezclan con elementos de la mitología clásica, y el objetivo fundamental es comparar a los portugueses con los grandes héroes de la antigüedad, diríase que igualarlos.

Según la leyenda los portugueses descienden de Luso, hijo del Dios Baco; Venus se erige protectora de los portugueses. A través de más de 1000 octavas se cantan las glorias de su pasado histórico, aunque el relato se articula alrededor de la primera expedición de Vasco de Gama a Oriente.

Hay que destacar al escritor, que a veces aparece en el relato, que surcó los mares de la India, fue poeta de la corte y perdió el ojo derecho combatiendo en Ceuta. Quizás sus problemas le vinieron de su carácter galán y pendenciero (¿paralelismos con Quevedo?) Castigado por matar a su rival en un duelo, fue enviado a la India, pasando de allí a Sumatra, las Molucas y Macao. Allí, en un naufragio, perdió a su amante china, y pudo salvar el manuscrito de su gran poema épico, que llevaba tiempo en marcha. Después de pasar un tiempo en la cárcel de Goa, regresa a Lisboa, donde publica su poema épico y apenas logra con él una modesta pensión, que no evita que muera en la mayor pobreza y oscuridad. Qué mal que nada más morir le llega inmediatamente el éxito. En España será muy popular, y en Portugal tendrá multitud de imitadores.

Camoes refleja fantásticamente su situación económica en estos versos:

 

Qué secreto tan arduo y tan profundo

Nacer para vivir, y para la vida

faltarme cuanto el mundo tiene para ella.

 

Del dinero, que a todos nos obliga

 

Abundan los pasajes de gran belleza.

 

Igual que ante el verdugo el condenado,

Que, vivo aún, la muerte ya ha bebido,

Pone el cuello en el cepo y resignado

Está esperando el golpe tan temido,

 

Múltiples referencias a Castilla. Camoes habla del pasado, pues Vasco de Gama es de una generación anterior al escritor. No en vano, en vida de Camoes Felipe II incorpora, por herencia, Portugal a Castilla. Las referencias a Castilla le valen para engrandecer a Portugal.

 

Es aquí donde está la noble España

Por cabeza de Europa reputada

 

Una lectura complicada, pero la excusa perfecta para explorar un poco la fabulosa (y nunca mejor dicho) historia de Portugal, la gran desconocida. No ha sufrido de una “Leyenda negra” como la nuestra. Tuvo Inquisición, esclavismo, expulsión de los judíos… pero no mantuvo una posición hegemónica al estilo de Castilla y se alió con Inglaterra, promotor de dicha Leyenda. Y sin embargo, a mi entender, la historia de Portugal, especialmente durante los siglos XV y XVI, merece mayor protagonismo.

 

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Naufragios (1542) Álvar Núñez Cabeza de Vaca

 


Álvar Núñez Cabeza de Vaca nos regala en este fantástico relato las fabulosas aventuras que vivieron tanto él como los otros tres supervivientes de la expedición a la Florida americana. Comenzó la expedición en Sanlúcar de Barrameda en junio de 1527. Eran 5 naves y unos 600 hombres. En Cuba sufrieron tormentas tales que la flota se vio muy menguada, pero pusieron pie en Florida en 1928. Decidieron abandonar las naves y continuar caminando, lo cual fue un grave error. La expedición terminó en 1937, cuando los supervivientes consiguieron regresar a territorio civilizado atravesando el sur de América y gran parte de México. Por el camino fueron esclavos, comerciantes, y lo que es más increíble, reputados médicos entre los indios.

Quizás este relato apenas tenga trascendencia en España, entre tantos y tan gloriosos hechos que tuvieron cabida en nuestro siglo más dorado, pero se trata de la primera visita occidental a territorio norteamericano y al norte de México, y por lo tanto documento de máxima importancia historiográfica y etnográfica.

Nada que ver con las gloriosas conquistas de Cortés o Pizarro, sino más bien acumulación de hambre, muerte y desgracias. Ya desde que los hombres entran en la mar comienzan los peligros. El golfo de México se ha caracterizado siempre por la violencia de sus tormentas.

 

A esta hora el agua y la tempestad comenzó a crescer tanto, que no menos tormenta había en el pueblo que en la mar, porque todas las casas y iglesias se cayeron, y era necesario que anduviésemos siete ó ocho hombres abrazados unos con otros, para podernos amparar que el viento no nos llevase; y andando entre los árboles, no menos temor teníamos de ellos que de las casas, porque como ellos también caían, no nos matasen debajo.

 

El valor necesario para tales emprendimientos se dio particularmente entre portugueses y españoles, no sé yo si por el tamaño de su honra, por su idiosincrasia o simplemente porque era lo propio de aquellos tiempos.

 

…y que yo quería más aventurarme al peligro que él y los otros se aventuraban, y pasar por lo que él y ellos pasasen, que no encargarme de los navíos, y dar ocasión que se dijese que, como había contradicho la entrada, me quedaba por temor, y mi honra anduviese en disputa; y que yo quería más aventurar la vida que poner mi honra en esta condición.

 

Más también hay que hablar del incentivo de las riquezas por descubrir.

 

Mas con vernos llegados donde deseábamos, y donde tanto mantenimiento y oro nos habían dicho que había, paresciónos que se nos había quitado gran parte del trabajo y cansancio.

 

La verdad sea dicha que basta detenerse en cualquier fragmento y reflexionar un poco, y se toma conciencia de la auténtica epopeya que vivieron los supervivientes para ser capaces de sobrevivir a semejante caminata, sin ropas, sin calzado, sin comida en muchas ocasiones, y a merced de los indígenas que se iban encontrando.

 

 

lunes, 1 de agosto de 2022

Lisboa Extramuros 1415-1580. (El descubrimiento del mundo por los navegantes portugueses).

 


A menudo los clichés se convierten casi en leit-motiv de las conversaciones cotidianas. Me permito también yo, cómo no, usar palabras que obliguen a más de uno a acudir al diccionario, ya sea como aviesa venganza o alivio a mi ofuscación. Valga como ejemplo cuando escuchamos a fulano o mengano quejarse del uso abusivo de extranjerismos, y casi seguidamente escuchamos al mismo fulano o mengano utilizar términos como marketing, chat, email, out fit, boutique, barman o sándwich. Queremos que nuestros hijos sepan idiomas pero que hablen puro español peninsular. Y luego viene al caso aquello de que los españoles nos infravaloramos, ese mal llamado complejo de inferioridad que se cura con la emigración o el buen viajar. También nos puede ayudar leer bien, y me refiero con ello a conocer nuestra fabulosa historia. Los españoles o los portugueses, cuyas historias están tan entrelazadas como las de castellanos y aragoneses, están preñadas de ¡tan grandes hechos! que nos situaron, durante un dilatado espacio de tiempo, en la vanguardia de la humanidad.

En cambio, han quedado para la posteridad reflexiones que, aunque nos pueden parecer agudas, no por ello dejan de ser simplistas:

 

…y así sobre la actitud de los europeos hacia los indígenas podemos leer por ejemplo la siguiente reflexión, que alcanzará cierta fortuna: «el español los convierte en compañeros de su indolencia; los portugueses, en instrumentos de sus excesos, los holandeses, en víctimas de su avaricia. A los ojos de los ingleses, son seres puramente físicos, que no hay que usar o destruir sin necesidad», y si los franceses les conceden cierta moralidad, no es más que para aprovecharse mejor de estos desgraciados, que parecen entonces olvidar «que un maestro impaciente por hacer fortuna, extrema casi siempre la medida de sus trabajos y a menudo los deja sin subsistencias».

 

No voy a entrar en los estragos que causó la leyenda negra. No vaya a servir de excusa. Quien necesite valorarse, sentir cierto orgullo por lo español, incluso hablar bien de la idiosincrasia del latino o el español, no tiene más que leer su historia, algo tan fácil y a la vez tan difícil. Lo dicho vale para España tanto como para Portugal. Como ya he dicho, sus historias discurren en paralelo.

No hace falta decir que este libro, como cualquier otro que narre las exploraciones portuguesas del siglo XV y la primera mitad del XVI, resulta mucho más fantástico que cualquier novela. Ni Julio Verne, ni Salgari, ni Dumas, dispusieron de material semejante. Podría poner como ejemplo infinidad de fragmentos, aunque no creo que sirvieran para motivar al lector despistado. La península de Labrador en Canadá debe su nombre a un explorador portugués apellidado Lavrador, la región sudafricana de Natal fue descubierta en Navidad, las negociaciones de Tordesillas y por qué los portugueses pusieron tanto empeño en ampliar las leguas, fue porque ya habían descubierto Brasil con anterioridad, y de cómo los portugueses conquistaron Asia en dos décadas con un puñado de soldados.

En el libro que tengo entre manos no solo se habla de Vasco de Gama o Magallanes, sino que también está el mítico Bartolomeu Días, o Pedro Cabral, el conquistador Alfonso de Albuquerque, los magníficos cartógrafos portugueses o las figuras del infante Enrique el Navegante y el rey Juan II.

Ya de paso podemos enlazar con otras lecturas, navegar por Filipinas o las Molucas, y regresar con el Galeón de Manila a través del descubrimiento del tornaviaje por parte de Andrés de Urdaneta.

Quién da más. Las civilizaciones que ignoran la historia (o sea, cualquier civilización), caminan hacia delante como bolsa de plástico agitada por el viento.

 

«Navegar es indispensable, vivir no es indispensable», era el lema de los antiguos navegantes. Embarcarse en las naves de la ruta de las Indias o de Brasil constituyó durante los siglos XV y XVI una aventura total: la pequeñez de las naves, la ligereza de los materiales de construcción, las terribles condiciones de higiene y de vida durante las travesías, resultan todavía difíciles de imaginar en la actualidad.

 

La flota sale de Lisboa el 8 de julio de 1497. Va acompañada durante un tiempo por una carabela que Bartolomeu Dias llevaba a San Jorge de la Mina. Los cuatro navíos de Vasco de Gama eran el Sao Gabriel, a su mando, el Sao Rafael, al de su hermano Paulo de Gama, el Bérrio al de Nicolau Coelho, y el bardo de víveres al mando de Gonçalo Nunes. Los pilotos habían sido cuidadosamente seleccionados. El del Sao Rafael era uno de los más célebres de la época: Pero de Alenquer, que había acompañado a Bartolomeu Dias en 1487-1488. Había cuatro contramaestres, tres escribas, dos intérpretes ―Fernao Martins, que sabía árabe, y Martim Afonso, que había vivido en el Congo―, religiosos, marinos y calafates, indispensables para el manejo y mantenimiento de los navíos, soldados, y finalmente unos cuantos degredados, es decir, delincuentes condenados a la deportación que tenían que ser abandonados en las costas para tratar de integrarse en el pueblo nativo y servir más tarde de enlaces entre éste y los portugueses. En total, ¿cuántas personas habría al principio en la flota? Es difícil saberlo con exactitud; sin duda entre 150 y 200 hombres.

 

miércoles, 18 de agosto de 2021

Ensayos, (XVI) Michel de Montaigne

 




La crítica conforma la opinión, siempre más poderosa que la razón. Muy pocos son los que gustan de formar, menos aún formular, su propia opinión, humanistas como Montaigne.

Echando un vistazo por la red no se encuentra otra cosa que críticas halagadoras. A mí personalmente me ha resultado una lectura interesante, que he llevado a cabo de forma pausada, al tiempo que intercalada con otras lecturas. Cierto que no creo que hoy haya muchos lectores capaces de disfrutar de Montaigne, todavía menos fuera de Francia. Personalmente me parece exagerado considerar los Ensayos como libro de cabecera. Cierto que yo he llevado a cabo una lectura más bien superficial, y que en una segunda lectura haría una importante selección. Pero más que por el contenido, yo destaco de los Ensayos el espíritu.

Esto se explica mejor en cualquier introducción a Montaigne que aquí, Humanismo y Renacimiento frente a la escolástica medieval. Los ensayos no son otra cosa que una expresión del yo, un “conócete a ti mismo”. En este sentido, no creo que haya sido Montaigne el creador de los ensayos, aunque supongo que se puede explorar al efecto. Desde luego que la forma moderna del ensayo tiene su origen en Montaigne.

El caso que Montaigne charla acerca de todo lo que le rodea, de aquello que le inquieta, y lo hace desde un punto de vista racional. Podremos observar que no siempre acierta, pero lo importante no es el resultado sino el punto de vista, el espíritu interrogativo, la reflexión.

 

Expongo aquí fantasías, informes e indecisas, como hacen aquellos que publican dudosas cuestiones a debatir en las escuelas; no para establecer la verdad sino para buscarla.

 

Observamos que su espíritu resulta incuestionable, pero no tanto cuando opina, como por ejemplo cuando ataca la traducción de la Biblia a lenguas diferentes del latín:

 

Creo también que la libertad de cada cual de dispersar palabra tan religiosa e importante en tantas clases de idiomas, encierra mayor peligro que utilidad. Los judíos, los mahometanos, y casi todos los demás reverencian y han esposado la lengua en la que se concibieron sus misterios originariamente, y prohíben alterarla o cambiarla no sin razón.

 

A mí, personalmente, me parece que la traducción de la Biblia, promovida por los disidentes del catolicismo, a las lenguas romances, es siempre positiva.

Lo mejor de Montaigne está en esa sinceridad con la que se dirige a sí mismo, o sea, a nosotros:

 

Hace varios años que soy yo el único objetivo de mis pensamientos, que no analizo ni estudio sino mi propia persona.

 

Los ensayos se muestran de forma progresiva, cada vez más deliciosamente autobiográficos. Difíciles de catalogar en su tiempo, hoy encuentran fácil acomodo en la categoría de ensayo.

Importante apuntar que Montaigne recibió una exquisita educación, en latín, y de su conocimiento de los clásicos viene la estructura de los ensayos. Constan todos ellos de una introducción, luego de la cita ejemplarizante de casos que se dieron en la antigüedad clásica, después ejemplos modernos, contemporáneos a Montaigne, que tienen lugar en Francia y su entorno europeo. A tener en cuenta que Montaigne ocupó un puesto importante en la sociedad francesa de la segunda mitad del XVI, alcalde de Burdeos y mediador en las guerras de religión.

Montaigne hace suyo el principio Socrático: “Conócete a ti mismo”. El espíritu general de los ensayos está en la línea del estoicismo, de Séneca y Marco Aurelio, en la búsqueda de la templanza y la autodisciplina. Montaigne fue gran admirador del griego Plutarco, el de las Vidas paralelas y también el de los Moralia, que precisamente se acercaban mucho a lo que hoy llamamos “ensayo”.

 

Vivir, conducirme convenientemente, esta es mi ciencia.

 

Poco más que decir. Yo sentí la necesidad de acudir a Montaigne por un asunto tan prosaico como una opinión suya acerca del ajedrez. La opinión mayoritaria ensalza el juego del ajedrez, mientras que Montaigne se sale, de forma atrevida, por la tangente:

 

¿Qué cuerda de la mente no toca y usa ese juego simple y pueril? Lo odio y rehúyo por no ser bastante juego, y por entretenernos demasiado seriamente, avergonzándome de prestarle una atención que convendría a alguna cosa buena.

 

Recomendaría leer una selección de ensayos, aunque obvio que no hay mejor selección que la propia. Sigamos el camino que sigamos terminaremos por conocer al maestro. No se arredre el lector ante el tamaño, pues no es necesario leerlo todo, ni tampoco seguir un orden estricto. Por poner un ejemplo, uno de los ensayos, “Apología de Raimundo de Sabunde”, ocupa al menos doscientas páginas y no es en absoluto imprescindible.