domingo, 31 de agosto de 2025

Deng Xiaoping, reformador de China (1988), Uli Franz.



No suelo leer biografías porque no me gusta ahondar en la vida familiar de las personas, ya sean o no trascendentes en la historia de la humanidad. Prefiero ir al meollo de las circunstancias históricas, aunque reconozco que también es una buena manera de abordar un período, y la revolución China bien lo merece.

Los que disfrutamos con la historia, bien sabemos que su mayor valor reside en la aplicación a nuestro tiempo presente. Observamos la Revolución Meiji, o el ascenso de Taiwán, Hong Kong o Singapur, y no podemos sustraernos a explorar en busca del porqué. Igual nos sucede ahora con China, y quizás un buen comienzo esté en la figura de Deng Xiaoping.

Deng Xiaoping venía de una familia de terratenientes. De ahí sus posibilidades para viajar a Francia para estudiar, aunque tampoco fue todo un camino de rosas y allí tuvo que trabajar; en los ambientes fabriles abrazó el comunismo. De aquí pasó a estudiar dos años en la Unión Soviética, escalando en las filas comunistas gracias a su viveza e inteligencia, hasta convertirse en uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista al lado de Mao Zedong.

La biografía ilustra muy bien la época de los señores de la guerra o de los caudillos militares (1916-1928 aprox.) Deng regresa China en un momento en que los comunistas son débiles frente al líder en ascenso Chiang Kai-shek. Vivimos la larga marcha en 1934, luego la invasión japonesa en 1937 y tras la II GM, la guerra civil. En la fase final de la guerra, Deng ejerció un papel clave como líder político y maestro de propaganda, como Comisario Político. También participó en la difusión de las ideas de Mao Zedong, que se convirtieron en la base ideológica del Partido Comunista. Su labor política e ideológica, junto con su condición de veterano de la Gran Marcha, lo colocó en una posición privilegiada dentro del partido para ocupar posiciones de poder luego de que el Partido Comunista lograra derrotar a Chiang Kai-shek y fundara la República Popular China.

Su trayectoria es casi siempre ascendente, a excepción de un período en el cual sus afinidades reformistas le apartaron de la cúpula del poder, o sea, de Mao Zedong, logrando preservar, con dificultades, su propia vida.

En 1960, con Mao en el poder, recibe muchas críticas por una frase que define su ideología pragmática al tiempo que la China de hoy:

 

«da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones»,

 


Después, a la muerte de Mao, en 1976, de nuevo vuelve al primer plano de la actividad política, imponiéndose de manera silenciosa en la lucha por el poder.

A ver, no se trata de hacer un resumen sino de imbricar la pieza en el conjunto de la historia de China y situarnos en la transición entre una China comunista que por un lado es deprimente por la pésima situación económica, pero que por otro lado opone una China que deja de ser sierva de las potencias occidentales y alcanza la unificación y la independencia.

Aquí está la clave de la figura histórica. A fines de la década de 1970, Deng trató de corregir los errores de la Revolución Cultural. Bajo su liderazgo, China llevó a cabo una serie de reformas económicas liberales con resultados impresionantes. Se trata de reducir la intervención estatal y permitir la producción privada en la agricultura y la industria. Las reformas fueron bien recibidas, pero había grandes protestas debido a la corrupción y el nepotismo en el interior del Partido Comunista. Son las típicas resistencias de un poder asentado durante décadas.

Ni qué decir que la transición a una economía de mercado fue difícil. Se le achaca con frecuencia su carácter autoritario y su decisiva participación en la represión violenta de las protestas de la Plaza de Tiananmen en 1989, que pretendía un reformismo de corte occidental. El talante de Deng Xiaoping le llevó a defender al orden frente al caos.

Deng Xiao Ping muere en 1997, y durante muchos años gobierna prácticamente en la sombra.

 

Hacer una síntesis de mayor calidad pertenece al ámbito universitario, y esto no es más que una reseña. A mí me gusta aprender, y llevo un tiempo ahondando en el por qué de la Revolución China, y ello te conduce inexorablemente hacia la figura de Deng Xiaoping. Se trata de un sistema único, pragmático, que adopta políticas orientadas al mercado manteniendo los principios fundamentales del socialismo.

Las reformas de Deng, a menudo denominadas el "milagro económico chino", alentaron las inversiones extranjeras, la privatización de empresas estatales y la creación de Zonas Económicas Especiales.

Obviamente encontró tanto apoyo como oposición dentro del Partido Comunista Chino. Su prestigio residía en su biografía, en su reputación. Determinados especialistas argumentan que tanto Deng como otros activistas, no eran marxistas o comunistas propiamente dichos, sino básicamente nacionalistas revolucionarios que querían ver a China en igualdad de condiciones con las grandes potencias mundiales.

Con el tiempo, seguro que su figura crece, aunque a día de hoy, en occidente, nadie conoce su nombre. Pero es que apenas conozco a media docena de personas, historiadores, que sepan quién es Xi Jinping. Será que mi entorno es muy reducido o sencillo, o que el conocimiento de nuestra historia no vale para nada.

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