viernes, 26 de junio de 2026

El primo Basilio (1878), de José María Eça de Queirós


 Igual que abundaban las novelas de caballerías en los siglos XV y XVI, o como el thriller en tiempos actuales, durante el siglo XIX y, especialmente en su segunda mitad, se da la proliferación de la novela de adulterio. Era un tema que atraía mucho al comprador de libros tipo, fundamentalmente el público burgués femenino, pero al mismo tiempo permitía poner en cuestión los fundamentos del Antiguo Régimen y la rápida imposición de los usos y costumbres de una nueva clase social.

Después de El crimen del Padre Amaro, Eça de Queirós nos regala otra novela de adulterio. Desconozco los detalles de la elaboración, pero al parecer se escribió prácticamente seguida de El crimen del Padre Amaro, novela con la que comparte temática y estilo. El maestro llegó a tener la ambición de escribir doce novelas, a la manera de Balzac, que titularía Escenas de la vida portuguesa. Si en la primera el adulterio gira en torno a un personaje de la iglesia en una ciudad de provincias, ahora se abandona totalmente el tema religioso en provincias para centrar la trama en torno a la burguesía de la capital, Lisboa.

Así como El crimen del Padre Amaro me pareció fabulosa en todas sus facetas, la trama de El primo Basilio me ha resultado un tanto deslavazada, cuesta más entrar en ella; el listón quedó demasiado alto. Luego la trama va ganando en consistencia, a medida que se van introduciendo los personajes principales. Cierto que por momentos parece un tanto previsible. Sin embargo, ciertos giros del guion y, sobre todo, el personaje de la criada que siembra la discordia, Juliana, resulta bastante interesante; el tratamiento de las criadas nos ofrece una nítida imagen de las clases humildes. El resto de personajes completa el panorama de la burguesía lisboeta, en ocasiones frívola y ociosa, en otras, trabajadora y formal. Pareciera que el tema religioso se ha agotado tanto que no aparece ni un solo clérigo.

Tengo que insistir en que la novela tiene poca consistencia, incluso el final me parece forzado. Me da la sensación de que el autor quiere cerrar la trama y que sortea complicaciones; la muerte cierra eficientemente los cabos sueltos, pero lo hace con cierta precipitación, se me hace poco “realista”.

Sin embargo, la novela tuvo un gran éxito, bastante mayor que El crimen del Padre Amaro. Las alusiones directas al adulterio y al placer femenino, que al lector del siglo XXI le pasan desapercibidas, encandilaron a las lectoras del XIX. Quizás el autor tuviera una intención moralizante, pero el lector atiende preferentemente al entretenimiento. ¿Qué intención moralizante pudo tener? La decadencia de las buenas costumbres conduce a la inmoralidad, como es el caso del adulterio, que trae funestas consecuencias, además de la tradicional estigmatización social.

Nada más que concluir que, si alguien quiere acercarse a la obra de Eça de Queirós, que comience, si es posible, por El crimen del Padre Amaro, a mi modo de ver mucho más compacta y valiosa, aunque quién sabe, ir a la contra puede ser placentero y, sobre todo, fructífero.

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