Acudí
a esta novela por varias recomendaciones, también porque se trata de un libro
que se ha vuelto relativamente difícil de encontrar, que ya solamente se edita
en Francia.
La
primera impresión es de grata sorpresa. Múltiples personajes aparecen y no
somos capaces de hacernos con ellos. El lector paciente deposita su confianza
en el buen saber hacer del escritor. No tardamos en conocer a la familia alrededor
de la cual gira la novela.
Se
trata de un libro de medicina francamente interesante. Cuando estás leyendo es
fácil suponer que el escritor es médico, y cuál es mi sorpresa al enterarme de
que era abogado. Sirva esto de aviso ante las florituras y las apariencias.
Luego descubro que imagino que toda su sabiduría alrededor de la ciencia
médica, tantas magníficas anécdotas, tanto conocimiento, pueden venir de un gran
amigo dedicado a tan digna ocupación.
Curioseando
en la red, me he sorprendido de no encontrar la novela incluida en esos
habituales listados de “los diez mejores libros sobre médicos”, y a mi manera
de ver se merece sin duda estar ahí.
Es
una novela a veces densa, a veces dinámica, que tiene sus virtudes y sus
defectos. Abunda el melodrama, amores, familias que se forman y deshacen, pero
también hay acción, está el progreso profesional, el avance médico,
determinadas situaciones que nos mantienen en vilo. En todo caso, el resultado
general será una novela que permanece en nuestro recuerdo, una gran novela.
En
cuanto al asunto de la moral, ante la cual personalmente siempre he sido un
tanto timorato, me ha extrañado no encontrar ni una sola mención al juramento hipocrático.
En realidad, cuando tengo la oportunidad de charlar con médicos locuaces, se
sonríen al escuchar el juramento, como si no fuera con ellos.
La
novela comienza con una famosa escena en la que los estudiantes se arrojan
pedazos de carne y hueso de un cadáver diseccionado. Escenas como estas, que
pueden parecer difíciles de digerir, son tratadas con extraordinaria maestría
por el narrador, que justifica estos desmanes con naturalidad, como algo
necesario para que el médico se acostumbre a los rudimentos de la cirugía. Pasa
lo mismo cuando se habla de conseguir cadáveres para las disecciones o las
prácticas. Sentimos como si el escritor nos sumergiera en un mundo que antes
nos estaba vedado.
Obvio
también decir que los médicos se enfrentan al cuerpo humano exactamente igual
que un mecánico con un vehículo, tal cual un funcionario con un expediente. Para
el médico, el valor de la vida humana reside en los resultados económicos que
le puede aportar.
Ante nuestros ojos la evolución de la medicina en Francia durante las primeras décadas del siglo XX, tiempos de grandes avances científicos. Llegan los primeros hospitales privados, institución con la que hoy estamos familiarizados pero que en aquel entonces pasan de ser hospicios públicos subvencionados por el Estado a empresas de fortuna. El horror de los hospitales públicos es la oportunidad para los médicos, lugar para foguearse y así luego poder ejercer una medicina más lucrativa.
Insisto,
la naturalidad con que se relata el confrontamiento del médico con el paciente
no es nada reconfortante; he leído libros de terror mucho menos estremecedores.
El autor se muestra muy crítico, yo diría realista. La mercantilización de la
medicina, la corrupción de las farmacéuticas, los experimentos sin control, el
poder de las corporaciones, no son asuntos exclusivos del presente.
Por
otro lado, la medicina es la excusa para describir la hipocresía de la sociedad.
La diferencia entre ricos y pobres se deja ver en los hospitales públicos,
cuando los piojos caen al suelo después de abandonar el frío cuero cabelludo de
un paciente muerto. Luego está la feroz competencia por los puestos
pecuniarios, por las cátedras, ¡por los clientes!
También
hay lugar para los avances científicos, aunque se deja ver la importancia del
dinero, y cómo el hecho de disponer de ratas de laboratorio o perros para
experimentar con la diabetes significan la diferencia entre el éxito y el
fracaso.
Un
tema tratado en abundancia es la denominada “dicotomía” que consiste en dividir
a porcentaje el dinero de una operación entre el facultativo y el cirujano. Nos
puede resultar algo inhumano, cosa del pasado, pero la corrupción a día de hoy
en los hospitales y el negocio de las cirugías es un tema del que se podría
discutir mucho en la actualidad.
En
fin, una novela interesante y muy recomendable, de la que se habla mucho entre
lectores de cierta edad pero que apenas se sigue editando en Francia.
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