miércoles, 26 de agosto de 2026

Cuerpos y Almas (1943), Van der Meersch, Maxence.

 

Acudí a esta novela por varias recomendaciones, también porque se trata de un libro que se ha vuelto relativamente difícil de encontrar, que ya solamente se edita en Francia.

La primera impresión es de grata sorpresa. Múltiples personajes aparecen y no somos capaces de hacernos con ellos. El lector paciente deposita su confianza en el buen saber hacer del escritor. No tardamos en conocer a la familia alrededor de la cual gira la novela.

Se trata de un libro de medicina francamente interesante. Cuando estás leyendo es fácil suponer que el escritor es médico, y cuál es mi sorpresa al enterarme de que era abogado. Sirva esto de aviso ante las florituras y las apariencias. Luego descubro que imagino que toda su sabiduría alrededor de la ciencia médica, tantas magníficas anécdotas, tanto conocimiento, pueden venir de un gran amigo dedicado a tan digna ocupación.

Curioseando en la red, me he sorprendido de no encontrar la novela incluida en esos habituales listados de “los diez mejores libros sobre médicos”, y a mi manera de ver se merece sin duda estar ahí.

Es una novela a veces densa, a veces dinámica, que tiene sus virtudes y sus defectos. Abunda el melodrama, amores, familias que se forman y deshacen, pero también hay acción, está el progreso profesional, el avance médico, determinadas situaciones que nos mantienen en vilo. En todo caso, el resultado general será una novela que permanece en nuestro recuerdo, una gran novela.

En cuanto al asunto de la moral, ante la cual personalmente siempre he sido un tanto timorato, me ha extrañado no encontrar ni una sola mención al juramento hipocrático. En realidad, cuando tengo la oportunidad de charlar con médicos locuaces, se sonríen al escuchar el juramento, como si no fuera con ellos.

La novela comienza con una famosa escena en la que los estudiantes se arrojan pedazos de carne y hueso de un cadáver diseccionado. Escenas como estas, que pueden parecer difíciles de digerir, son tratadas con extraordinaria maestría por el narrador, que justifica estos desmanes con naturalidad, como algo necesario para que el médico se acostumbre a los rudimentos de la cirugía. Pasa lo mismo cuando se habla de conseguir cadáveres para las disecciones o las prácticas. Sentimos como si el escritor nos sumergiera en un mundo que antes nos estaba vedado.

Obvio también decir que los médicos se enfrentan al cuerpo humano exactamente igual que un mecánico con un vehículo, tal cual un funcionario con un expediente. Para el médico, el valor de la vida humana reside en los resultados económicos que le puede aportar.

Ante nuestros ojos la evolución de la medicina en Francia durante las primeras décadas del siglo XX, tiempos de grandes avances científicos. Llegan los primeros hospitales privados, institución con la que hoy estamos familiarizados pero que en aquel entonces pasan de ser hospicios públicos subvencionados por el Estado a empresas de fortuna. El horror de los hospitales públicos es la oportunidad para los médicos, lugar para foguearse y así luego poder ejercer una medicina más lucrativa. 


Insisto, la naturalidad con que se relata el confrontamiento del médico con el paciente no es nada reconfortante; he leído libros de terror mucho menos estremecedores. El autor se muestra muy crítico, yo diría realista. La mercantilización de la medicina, la corrupción de las farmacéuticas, los experimentos sin control, el poder de las corporaciones, no son asuntos exclusivos del presente.

Por otro lado, la medicina es la excusa para describir la hipocresía de la sociedad. La diferencia entre ricos y pobres se deja ver en los hospitales públicos, cuando los piojos caen al suelo después de abandonar el frío cuero cabelludo de un paciente muerto. Luego está la feroz competencia por los puestos pecuniarios, por las cátedras, ¡por los clientes!

También hay lugar para los avances científicos, aunque se deja ver la importancia del dinero, y cómo el hecho de disponer de ratas de laboratorio o perros para experimentar con la diabetes significan la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Un tema tratado en abundancia es la denominada “dicotomía” que consiste en dividir a porcentaje el dinero de una operación entre el facultativo y el cirujano. Nos puede resultar algo inhumano, cosa del pasado, pero la corrupción a día de hoy en los hospitales y el negocio de las cirugías es un tema del que se podría discutir mucho en la actualidad.

En fin, una novela interesante y muy recomendable, de la que se habla mucho entre lectores de cierta edad pero que apenas se sigue editando en Francia.

 

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