lunes, 10 de agosto de 2026

Viaje a la Alcarria (1948), Camilo José Cela.

 


Recuerdo que leí este pequeño libro de joven. No tendría ni 14 años, quizás me llegó por recomendación de la bibliotecaria, o vaya usted a saber. Es probable que lo leyera a saltos, y recuerdo que no me dejó mal sabor de boca. La prosa engatusa, se deja leer, y eso que no tiene ninguna trama. Yo, que critico a Cela porque considero que los había mejores merecedores del nobel (nada que ver con que su personaje me agradara o no, qué más da), que no me gustó para nada Pabellón de Reposo, y vuelvo a sus libros. A tener en cuenta que es fácil topar con él, que hay libros suyos por doquier.

Aquí el autor se muestra más cómodo, en su papel. Se echa a andar, mochila al hombro, y nos cuenta lo que ve, como buen reportero. Cela no sabe crear intrigas, pero sí sabe dar buena cuenta de lo que oye y ve, trastocándolo a su antojo.

Viaje a la Alcarria es un libro de viajes, no una novela, aunque se use la tercera persona para describir al paisaje y al paisanaje. Cela no necesita de extensos párrafos, breves pinceladas le bastan, unos pocos diálogos.

«Mi libro más sencillo, más inmediato y directo», dice el autor. Diez días le dedicó al viaje, en 1946, visitó diecisiete pueblos y escribió el texto final en unos pocos días. Tiempos de posguerra, pero nadie se refiere a ella, no sabemos si por miedo u omisión del autor, que sabe de censura.

Luego los críticos le dedican demasiado tiempo. Quizás no valga la pena tanto esfuerzo por tan poca cosa. Cela pretendió reflejar la España profunda, y vaya si lo hizo, pareciera se trata del siglo XIX, o quizás que España había retrocedido más que un palmo.

El libro goza de gran prestigio, considerado modelo de la prosa castellana, y cómo no, modelo de libro de viajes para las generaciones posteriores. Desde luego que una cosa os digo, dan ganas de echarse a andar, saco de dormir, algo de dinero, sin rumbo, lejos incluso del Camino de Santiago. Los tiempos cambian. Cela se encontró con muleros, simples labriegos, buhoneros, posaderas, carreteros, muleros, alcaldes, el cura del pueblo, un viajante de comercio, y ¿nosotros qué? ¿podríamos hacer un recorrido por la España vaciada? ¿o chocaríamos antes de darnos cuenta con la pretenciosidad de un patinete eléctrico?

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