lunes, 12 de septiembre de 2016

La dulce, de Fiódor Dostoievski (1877).




Esta novela corta fue incluida por Dostoievski en su publicación Diario de un escritor (1877), en el que reunió críticas literarias, artículos y relatos de extensión moderada como el que tenemos entre manos.
A mi modo de ver es buen ejemplo de su trabajo, aunque no alcanza la tensión narrativa de sus novelas principales. Me da que pensar que el estilo de Dostoievski es tan marcado que podríamos leer “a ciegas” cualquiera de sus trabajos y fácilmente llegaríamos a la conclusión de quién es el autor, y es que enseguida ese sentido de la vida tan suyo, tan trágico, nos penetra la piel.
El propio Dostoievski nos da pistas (y un resumen perfectamente válido) en la Nota del autor:

Imaginen un marido cuya mujer, una suicida que se ha arrojado por la ventana hace sólo unas horas, yace ante él sobre una mesa. Él está conmocionado y no ha tenido tiempo de ordenar sus ideas. Camina de habitación en habitación e intenta dar un sentido a lo que acaba de ocurrir, procura “aclararse”. Es un hipocondríaco recalcitrante de los que hablan solos. De ahí que se cuente a sí mismo la historia, intente “aclarársela”.

Nuestro protagonista y narrador es un personaje complejo y contradictorio, atormentado, marginado por la sociedad, que guarda muchos paralelismos con otros anti-héroes de Dostoievski. Él mismo va trazando el sentido de su vida, pasado, presente… y ¿futuro?:

En efecto, los compañeros no me apreciaban debido a mi carácter difícil, quizás ridículo, pues resulta a veces que lo excelente, lo más profundo y respetado para unos, por una u otra razón, puede resultar risible para la mayoría de los propios compañeros. Nunca me han apreciado, ni siquiera en la escuela. Ni en ninguna parte.
 
¡Rutina! ¡Oh, la naturaleza! Los hombres están solos sobre la Tierra. ¡Ésa es su desgracia! “¿Hay un hombre vivo en estas llanuras?”, grita el valiente ruso de nuestras leyendas. Yo también grito y no soy valiente, y nadie responde. Dicen que el sol hace girar el universo. El sol saldrá y… miren, ¿acaso no es eso un cadáver? Todo está muerto, hay cadáveres por todas partes.

2 comentarios:

  1. Los clásicos son eternos. No lo he leído, pero el planteamiento del libro bien podría ser el de un libro recién sacado hoy de la imprenta. Universales y atemporales. Saludos!!

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    1. Cierto. Cambian las costumbres pero no el hombre.
      Saludos.

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