lunes, 24 de marzo de 2025

En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann (1913), Marcel Proust.

 

Cuando sale a conversación este libro, raro es que no se mencione la famosa magdalena. Pues si te digo la verdad, se puede leer el libro y el asunto de la magdalena te puede pasar del todo desapercibido. Que no, porque estás atento y sale enseguida, que no al principio, pasadas unas docenas de páginas. Pero, son tantos los recursos narrativos de Proust para evocar el pasado, que el té con la magdalena no constituye sino una anécdota más.

Desde luego que no es un libro fácil de leer, la antítesis de lo que la gran mayoría de lectores persigue, eso que llaman literatura adictiva y que consiste en devorar página tras página hasta un forzoso y sorprendente final.

No, Proust pasa de la evocación de un recuerdo a otro sin solución de continuidad, sin poner un párrafo de por medio para aligerar la lectura. A veces enlaza con brillantez, en otras ocasiones el cambio es brusco, cambia de tema y allá el lector que le sigua en su verborrea poética.

Obviamente, es literatura de ricos, permitidme la expresión, diríase arte por el arte. Comparémoslo con London, por ejemplo, o Kafka. Se decantan estos por una prosa desnuda, se decantan por el mensaje, por el contenido, mientras que Proust se regodea en el continente. No quiero decir que sea una constante, ni siquiera una hipótesis; el escritor que acude a la literatura para ganarse la vida siente la necesidad de comunicar algo a los demás, aunque pase por el tamiz de sí mismo.

Proust tiene padres cultos y adinerados, no necesita trabajar. Coge fama de snob en el París de la época, sufre de homosexualidad, porque en la época es como una enfermedad, la misma que da con los huesos de Oscar Wilde en la cárcel, porque en la democrática Gran Bretaña no se le permite a uno ser homosexual. Aunque no lo parezca, se trata de la hipócrita Europa que se arma a toda pastilla para desangrarse en dos guerras mundiales.

Cierto que al final de su vida Proust se encierra y se entrega a la literatura, pero lo hace en unas condiciones que ya hubieran querido para sí muchos otros grandes escritores (sus necesidades vitales las cubren dos criados). E insisto, Proust se entrega a sí mismo y a un afán, a la literatura, pero no a nosotros. Se regodea en sus recuerdos, eso sí, como quizás nadie lo hizo, ni antes ni después. Ahí reside su mérito.

Cualquier escena de la vida cotidiana le sirve. Comienza con la espera en la noche, el niño que ansía el beso de buenas noches de su madre. Y luego, sin una solución lineal, nos dispara con impresiones diversas, aunque todas centradas en uno o varios períodos vacacionales en Combray, un pueblito no demasiado lejos de París. No puedo hacer un análisis exhaustivo, dejo a los críticos la labor de tener que leer varias veces esta novela tan centrada en la impresión del recuerdo, cual prolongación del arte pictórico impresionista.

A cada uno de nosotros nos llamará la atención un recuerdo u otro, aunque siempre que hablemos con lectores que han leído, o no, la novela, se mencionará la anécdota de la magdalena como detonante del recuerdo.

Sin embargo, cualquier asunto sirve a Proust como detonante de millares de reminiscencias, un paseo cerca de un castillo, un acercamiento al mar, un sendero multicolor de espinos. Supongo que el autor entremezcla esos recuerdos a su discreción, y trae a su gusto la lluvia o el estallido de la primavera. No puede ser de otra manera. Y como en una espiral sin fin evoca la naturaleza y la compara con una portada románica o los restos de un castillo.

Eso sí, no dejamos de asombrarnos de su capacidad poética, de su metafórico uso de cualquier comparación. Aquí nos describe las floridas capillas de una iglesia, acullá el comienzo de un campo de amapolas como si se tratara de las casas que anuncian el pueblo, o una barca que nos avisa del primer avistamiento del mar. En eso Proust no tiene parangón. 

El seto formaba como una serie de capillitas, casi cubiertas por montones de flores que se agrupaban, formando a modo de altarcitos de mayo; y abajo, el sol extendía por el suelo un cuadriculado de luz y sombra, somo si llegara a través de una vidriera; el olor difundíase tan untuosamente, tan delimitado en su forma, como si me encontrara delante del altar de la Virgen, y las flores así ataviadas sostenían, con distraído ademán, su brillante ramo de estambres, finas y radiantes molduras de estilo florido, como las que en la iglesia calaban la rampa del coro o los bastidores de las vidrieras, abriendo su blanca carne de flor de fresa.

 

Perseguía en el talud, que por detrás del seto sube casi vertical hacia el campo, a alguna amapola extraviada, a algún anciano rezagado, que decoraban la escarpa con sus flores como la orla de un tapiz donde aparece diseminado el tema rústico que luego triunfará en todo el paño; unas cuantas sólo, espaciadas como esas casas aisladas que ya anuncian la proximidad de un poblado, me anunciaban la vasta extensión donde estallan los trigos y se rizan las nubes, y una sola amapola, que izaba en lo alto de sus jarcias y entregaba al azote del viento su llama roja, por encima de su boya negra y grasa, me aceleraba el latir del corazón, como al viajero que al ver en un terreno bajo la primera barca varada que está arreglando un calafate, grita: «¡El mar!», antes de ver el agua. 

Y podríamos señalar mil fragmentos, porque si abriéramos una página al azar encontraríamos dos o tres símiles en una prosa poética sin fin.


No, no es un autor que me resulte atractivo, pero cualquiera reconocerá en Proust un estilo maravilloso e inimitable. Incluso tengo que reconocer que de alguna manera Proust se preocupa de no perder al lector, pues nos tiende alguna cuerda para que le sigamos y no nos perdamos entre tanto deslumbrante y aparente candor, de tal manera que, aunque a veces nos perdemos, no nos cuesta continuar, sin ser necesario retroceder, pues para qué, si no hay trama que perder.

En todo caso, Proust no tiene imitadores, y eso que hoy vivimos en Occidente los últimos estertores de una clase media que dispone a raudales del valor más precioso que tenemos, el tiempo, pero generalmente la gran mayoría de los lectores sigue prefiriendo, como ayer o mañana, lecturas adictivas que les aíslen del mundo y no que les conecten con él.

Y cuando uno menos se lo espera acaba la primera parte, Combray, y Proust da un giro que más bien parece una nueva novela. La segunda parte, Unos amores de Swann, ya no trata sobre los recuerdos de un niño, sino que se regodea en los amores, o los celos, del señor Swann con Odette, preludio y significado de una tercera parte, cortita, titulada Nombres de tierras: el nombre, y que trata someramente del amor del joven narrador hacia la hija de Swann y Odette, Gilberta.

Los recuerdos dan paso al reflejo de una sociedad rica, a veces aristocrática, a veces burguesa, las dos caras de una misma moneda. En realidad, dos novelas dentro de una. Insana curiosidad quizás me lleve a leer la segunda parte.

jueves, 20 de marzo de 2025

Nuevas páginas de mi vida (1957), Ramón Gómez de la Serna

 

Más que la propia obra, me ha llamado la atención la personalidad y vida del escritor. Autor de gran personalidad, que se atraía tanto grandes simpatías como antipatías. Su obra es enorme, novela, biografías, ensayo, periodismo…, pero es conocido fundamentalmente por las greguerías, enunciados breves, a la manera de aforismos, que generalmente constan de una oración expresada en una o dos líneas, y que expresan de forma original un pensamiento o chascarrillo.

Tanto su obra como su personalidad, ejercieron gran influencia, entre los creadores de su tiempo y, especialmente, en los poetas de la generación del 27, una gran época para la literatura española, extirpada de raíz por la guerra civil.

Gran líder, fundó y cohesionó la famosa tertulia del Café Pombo, inmortalizada por la pintura de José Gutiérrez Solana, activa desde 1914 a 1936, que se reunía cada sábado después de cenar. Conocer el funcionamiento de esta tertulia sirve para conocer la bohemia literaria de la época. 


Por lo demás, la obrita que tengo entre manos no es más que una bagatela, pero buena muestra de las greguerías de don Ramón. Viene a ser como una continuación de una especie de autobiografía, Automoribundia. En definitiva, una excusa para conocer la personalidad del escritor, un extraño talento que disfrutó del éxito y que vivió la segunda parte de su vida en el exilio, como tantos otros. Y se trata de un talento que hoy también tendría su hueco en televisión y redes sociales.

He dado con un libro algo subrayado, y es curioso como unos subrayan unas greguerías u otras, cada cual según su gusto.

 

Tiene que haber en el más allá tormentos graves para los malos novelistas.

 

Antes todo era más lento, porque lo hacían lento los seres humanos como una facultad que tenían y siguen teniendo; pero ahora la incertidumbre es inquietante y aprieta el acelerador.

 

El castellano, en su leal franqueza, exige que la interrogante comience su duda desde el principio de párrafo y no se deja a la sorpresa final de ese único interrogante que emplean otros idiomas.

 

Que mi manera de entender las cosas es a la luz de la luna, no a la luz de la ciencia.

 

Que este es un mundo de monstruos, en el que quien menos lo es, es el que quien más lo parece: el poeta: Hay que escribir con aire divagatorio porque sólo el divagar es vivir.

 

 

jueves, 13 de marzo de 2025

Nada (1945), de Carmen Laforet.

 

 

Me llama la atención cómo se gestan los clásicos, antiguos o modernos. Se le puede seguir la pista al proceso, sin necesidad de llevar a cabo una labor de investigación. En el caso que nos ocupa es fácil. La novela ganó la primera convocatoria, en 1944, del Premio Nadal, editorial Destino. Supuso un gran éxito de público y crítica, que llevó a Carmen Laforet a la fama y que convirtió la novela directamente en un clásico literario.

Carmen no era persona de orígenes humildes. Su padre era arquitecto, su madre profesora de lengua, en la España de la época clase media muy alta, fuente de influencia probable para la obtención del premio. No nos engañemos, un premio que inicia su andadura, una persona jovencísima, para más inri, mujer, una arriesgada apuesta para editor y editorial, asunto para nada baladí.

Desde un primer momento, la novela ha pasado a ser considerada obra maestra de la narrativa española. Carmen alcanzó el estrellato, el libro tuvo su película, adaptaciones teatrales, múltiples reediciones.

Las alabanzas llegan a enlazar la novela con clásicos universales, con la novelística de Galdós o Baroja. Se describe la novela en innumerables ocasiones como una obra de valores universales que aborda el descubrimiento del mundo, de la primera juventud, fiel reflejo de la incertidumbre del momento.

La crítica también pone el acento en que es fiel reflejo de la sociedad resultante del franquismo, un prodigio de realismo social. También se habla de novela existencial, intimista. Por supuesto, se ensalza el uso de herramientas literarias como la metáfora, el símil, la comparación…

Por otro lado, la acción es mínima, la intriga psicológica escasa. Cierto que pudo destacar en el desolador panorama que presenta la literatura del período, no por la ausencia de grandes figuras españolas, sino porque se mueren en el exilio y su literatura no enriquece de forma directa la cultura española.

 

A mí, personalmente, la novela no solo no me ha entusiasmado, sino que además me ha parecido simple, de magro interés.

En favor de Carmen decirlo todo. Su juventud fue arrasada por la fama. Por un lado lo tuvo todo a favor, por otro una presión enorme. Si tuvo talento o no, esa no es la cuestión, el caso que no tuvo un apropiado terreno para su desarrollo. Huyó del mundillo literario, de la exposición pública, cae en una crisis de creación profunda.

Desde luego que Nada se va a seguir leyendo en abundancia. Puedo certificar que la gente compra la novela, pues he vendido personalmente docenas de ejemplares, especialmente entre el público femenino, el mayoritario. Ya antes de leerla los lectores dicen que es buenísima. Luego de leerla, o no, se mantienen en tal afirmación, en un alarde de astucia.

Hay mucho miedo a criticar un clásico, pero no debiera ser así. Hay que tener más prudencia al criticar a un escritor que recién comienza, o que es humilde, pues se le puede hacer mucho daño. A los clásicos, en cambio, incluso una crítica negativa les ayuda, todo lo que sea hablar de ellos los eleva. En todo caso, y como siempre digo, qué mejor homenaje se le puede hacer a cualquier escritor que leerlo con atención.

En todo caso, cuídense los docentes de obligar a su lectura, que hay mejores libros en pro de la incentivación. No cause preocupación una mala reseña; de Nada se seguirá hablando, y podremos leer abundantes estudios que escudriñan la vida y andanzas de Carmen Laforet, a la caza de nuevos significados y enigmas.

 

sábado, 6 de enero de 2024

El lago español (1979), O. H. K. Spate

 

Cayó en mis manos este peculiar trabajo, una reedición de 2004. Y digo peculiar porque se trata de un enfoque diferente, ni español ni europeo, sino que procede de la zona Asia-Pacífico, precisamente una de las regiones del planeta que presenta un mayor dinamismo.

Una pena que los españoles apenas recordemos nuestra historia, tan llena de gestas y hazañas, una de las cuales es la apertura de un Pacífico que ni siquiera aparecía en los mapas, una hazaña que sólo supera la primera diáspora humana que colonizó aquellas remotas islas con todavía menos medios.

Hoy se muestra una gran preocupación porque no haya muertos en la exploración espacial. Se considera una tragedia si una nave estalla llevando 4 o 5 tripulantes a bordo. Es cuestión de marketing, estrategia económica, prime time. Sin embargo, aquestos viajes, tuvieron un cariz diferente. Salían tripulaciones para explorar tierras ignotas compuestas de cien o doscientos hombres que daban por hecho que sus probabilidades de supervivencia no llegaban al 50 por ciento; les movía el nada despreciable afán por la fama y los dineros.

Comienza Spate explicando someramente cómo era el mundo sin el Pacífico, antes de Magallanes. Para los que somos simples aficionados en esto de la historia, nos viene bien un repaso primero de las gestas portuguesas, y después de esos viajes tan relevantes y tan poco conocidos que se dieron entre el primer viaje de Colón y el de Magallanes. Se trata del descubrimiento de Tierra Firme y de los denominados Mares del Sur. Balboa antes de comenzar con Magallanes y las Molucas de las especias. Someramente también nos cuenta las conquistas de los imperios Azteca e Inca, con un enfoque tendente a explicar la progresiva apertura del océano Pacífico. De Loaysa a Urdaneta, sin pasar por alto el trascendental descubrimiento del tornaviaje. Al tiempo que se nos explica el dominio de aquellas tierras por portugueses y españoles, conocemos los imperios asiáticos, China y Japón. Se establece una delgada pero poderosa línea entre Sevilla y oriente, una línea trazada y mantenida por la plata americana. En medio de la ruta Nueva España y Perú crecen, participan y adquieren personalidad propia. Y finalmente llegan los primeros problemas para mantener la línea, los ataques corsarios de ingleses, franceses y holandeses.

Dado el especial enfoque de este libro, se le dan especial importancia también a otros viajes increíbles realizados por España buscando la denominada Terra Australis, tierras ignotas que figuraban en los mapas a partir del siglo XV, en el lugar que ocupa la Antártida pero de mayor extensión. En este contexto Álvaro de Mendaña llevó a cabo dos expediciones por el Pacífico sur en los que descubrió las islas Salomón y las Marquesas, acercándose a Australia. También se tienen en cuenta las hazañas de Sarmiento. Había afán de colonización, de cruzada, y de búsqueda de oro. Obvio que los relatos de estos viajes alcanzan cierto parecido a un viaje a los infiernos. Hoy en día a estos viajes se les da más importancia en Asia que en España, por tratarse de los primeros pasos europeos en la zona. Cada uno de ellos es digno de tratamiento aparte.

Y poco más que decir, me dejo muchos nombres en el tintero. No debería tener que agradecer la postura neutral del historiador, pero así es. No en vano la historia es tan importante que los poderes la deforman a su antojo e interés. A menudo el historiador engloba a España dentro de un término más amplio, Europa, y el término europeo se usa para referirse a portugueses o españoles, y eso es bueno.

 

domingo, 17 de diciembre de 2023

Estrella distante (1996), Roberto Bolaños


El difunto Bolaños es considerado en el interior de la literatura latinoamericana como el mejor y más influyente escritor de su generación. A mí, personalmente, no me ha entusiasmado, pero yo no soy más que un simple lector. Me amparo en el derecho universal que asiste a cualquier reseñador de criticar a los clásicos respetando a los humildes. Yo a Bolaños ya le he rendido el mayor honor que le puede conceder un lector a un escritor, una lectura detenida. Además, me atraen los escritores malditos. Ojalá que a mí, humilde escritor, me leyeran con el mismo detenimiento que yo les concedo a los otros.

A su favor diré que tiene una voz muy peculiar y reconocible. De hecho he leído dos novelas de seguido, la presente y Amuleto, y el parecido temático y estilístico es abrumador, como debe ser. Su estilo es claro y conciso, rápido no, rapidísimo, utiliza continuas enumeraciones, aliteraciones.

 

Mapas de Chile, de la Argentina, del Perú, mapas de la Cordillera de los Andes […], mapas de México, mapas de la Conquista de México, mapas de la Revolución Mexicana, mapas de Francia, de España, de Alemania, de Italia […] y un mapa de la ciudad de Puerto Montt, en el sur de Chile.

 

En fin, que tiene un estilo reconocible. De hecho, en las dos novelas que he leído, Bolaños utiliza un intermediario, un narrador masculino en la primera y femenino en la segunda, pero la voz es la misma, rezuma un carácter, un no sé qué indefinible para mí ahora mismo y que seguro habrá sido ya definido, o lo será, pero mucho mejor que yo, en las universidades.

Por cierto, la trama es detectivesca, aunque me parece a mí que hay un continuo sube y baja, entra y sale, en el cual el lector nunca se pierde, anda siempre cómodo, pero tampoco se ve empujado por una trama vertiginosa o atraído hacia un sorprendente final; digamos que le falta pegada. Por otro lado, nada que ver con una novela de intriga, pues carece de intriga.

Los personajes no muestran ninguna profundidad. A mi modo de ver ni un difuso narrador ni un oscuro protagonista llegan a mostrarse en toda la complejidad que puede llegar a mostrar un ser humano. En realidad parece ser la técnica de Bolaños, su estilo, te da una novela que parece hecha a chispazos, de fragmentos, de relatos de otras personas. En su tribular vertiginoso te lleva de aquí para allá, y a veces resulta difícil seguirle la pista. En fin, que la profundidad a Bolaños le importa un bledo, él nos presenta otra cosa.

A su favor también la descripción de los ambientes literarios. Es pura metaliteratura. Nos habla de poetas, de escritores, de poesía, de literatura… Desconozco si los personajes mencionados son reales, aunque no entiendo dichas menciones si no tienen un significado real, así que tengo que suponer que lo son.

Así como quien no quiere la cosa, Bolaños mezcla hábilmente un lenguaje de andar por casa con un vocabulario de lo más rico y variado. Nos introduce en el ambiente literario de una ciudad de Chile, nos presenta a varios poetas y luego llega el golpe de Estado contra el régimen de Allende. Uno de los poetas, Carlos Wieder, será el protagonista absoluto de la novela, la estrella distante digamos. Carlos Wieder era en realidad un piloto del ejército, y será uno de los más sanguinarios a la hora de ejecutar la primera represión. A decir verdad que el estilo desenfadado de Bolaños huye de todo dramatismo, de manera tal que nos cuenta un brutal asesinato con la misma calma que el acto de lavarse los dientes. Es su manera de ponerlo en relieve.

El dicho Wieder resultará ser un tipo de lo más estrambótico. Encarna el mal, pero lo hace de una manera peculiar. Piensa que su poesía es revolucionaria, pintar poemas efímeros en el cielo con el humo de su Messerschmitt 109. Satírico cien por cien; parece ser que dicho individuo existió en la realidad. Ya se sabe que la realidad supera la ficción.

Lo ordinario de la dictadura de Pinochet es reflejada de otras formas; seguro que a mí se me escapan multitud de matices.

Luego la novela adquiere tintes puramente detectivescos. Una vez que Wieder cayó en desgracia desapareció, pero hay pistas que apuntan a que debe estar en algún lado. Se trata de dar con él para hacer justicia, y la trama viaja por diferentes países hasta terminar en España.

  

sábado, 9 de diciembre de 2023

Atormentada tierra (1933), John Steinbeck

 


Buscando opiniones para contrastar con las mías, descubro que esta novela tiene como título original To a God unknow. Es la segunda novela del maestro. Ambientada en la conquista del Oeste pero sin grandes aspavientos, ni guerra con los indios ni violencia, nada que ver con el salvaje Oeste sino más bien con la tierra de las oportunidades. A diferencia de la vieja Europa, América es territorio virgen.

El protagonista, Joseph Wayne, sueña con tener tierras que pueda decir que son suyas, tierras para cuidar y prosperar, para formar una familia. Es la pasión por la tierra, el sueño americano que solo allí se hace realidad. Ese vínculo con la tierra protagoniza la novela, alcanzando matices míticos, animistas, religiosos, hasta el punto que el paisaje y las tierras son los verdaderos protagonistas.

Al mismo tiempo que sencilla, se trata de una historia misteriosa. En todo momento asistimos a un presagio de desgracia simbolizado por la sequía, azote que se repite de forma cíclica cada cierto número de años en la región. Lejos de ser spoiler, viene a ser un leit-motiv.

En el ínterin Joseph se casa, la familia crece, sus hermanos adquieren tierras a su lado y se va formando un pequeño pueblo. No vemos en esta novela ese interés de Steinbeck por las clases desfavorecidas, aunque sí se trata de ensalzar a las gentes humildes y al trabajo, el apego a la tierra.

Y poco más, un grupo de granjeros que no albergan otras ambiciones que prosperar gracias al trabajo duro. Sin embargo el protagonista, hombre ejemplar, simboliza la naturaleza hasta el extremo, dándose una simbología peculiar que refleja un profundo amor por los animales y los bosques. La religiosidad lo impregna todo, pero nada que ver con el cristianismo occidental, sino más bien con el modo de ver indio, el misterio de los manantiales, el poder de la lluvia, la personificación de los hombres en grandes árboles, animales que se comportan de forma misteriosa, sacrificios rituales...

Uno de los personajes describe así al protagonista. Sirva de ejemplo:


―No sé si existen hombres excepcionales o si algunos seres son tan humanos como para que los demás parezcan irreales. Quizá de vez en cuando nazca un ser sobrenatural. Joseph posee una enorme energía, tiene la serenidad de las montañas y su pasión es tan salvaje, fiera e intensa como el rayo y tan espontánea como éste, según mis conocimientos. Cuando estés lejos de él, trata de pensar en tu marido y te darás cuenta de lo que quiero decir. Su figura crecerá enormemente, hasta la cima de las montañas, y su fuerza será como el irresistible empuje del viento. Benjamín ha muerto. Uno no se puede imaginar a Joseph muriéndose. Él es eterno. Su padre falleció, pero aquello no era morir.

 

Y pese a lo que pueda parecer, una novela que se lee bien, fluida, que me ha dejado buenas sensaciones y ganas de volver a sus grandes obras.

 

 

viernes, 8 de diciembre de 2023

Leyendas de Guatemala (1930), Miguel Ángel Asturias.

 

No me llama demasiado la atención esa literatura hispanoamericana del siglo XX que se ha denominado habitualmente como revolución o “boom”. He leído aquí y allá novelas pero sin profundizar en demasía. He disfrutado de algunos autores y otros no tanto. Supongo que me interesa más la novela europea porque es más individualista y dada a la introspección. Supongo también que la literatura nace de una sociedad al tiempo que contribuye a su propia gestación, y la literatura latinoamericana tiene otros intereses que los europeos. Inestabilidad política y económica, problemas sociales, no vamos a descubrir los problemas de la deuda, el neocolonialismo.

La Rusia del XIX presenta una problemática peculiar que ha dado lugar a una porción de lo más selecto de la literatura universal. En cambio Latinoamérica se deshace en literaturas nacionales, quizás debido también a las diferencias que pueda haber entre Chile, Venezuela o México. Está todo por hacer. En todo caso, me agrada encontrarme de vez en cuando con esa literatura hermana nuestra, gracias a la cual el idioma castellano sigue pujante.

En el caso de Guatemala tenemos a Miguel Ángel Asturias, un buen ejemplo de esta literatura. Miguel Ángel tendrá la posibilidad de conocer Europa, o la obligación, según se mire, dado su situación como exiliado político.

Como viene a ser lógico, Miguel Ángel procede de las clases privilegiadas, por lo que recibió una amplia educación. Su actividad política fue siempre progresista, así como su literatura social, tendente a mejorar las condiciones de vida de las clases más humildes. Contra las dictaduras y en defensa de la cultura indígena, maya.

Precisamente se estrenó con las presentes leyendas, una manera de fijar la tradición oral.

 

«A mi madre, que contaba cuentos», reza la dedicatoria.

 

Guatemala es un buen cuento para empezar, una fusión de la cultura hispana y maya.

 

La carreta llega al pueblo rodando un paso hoy y otro mañana. En el apeadero, donde se encuentran la calle y el camino, está la primera tienda. Sus dueños son viejos, tienen güegüecho, han visto espantos, andarines y aparecidos, cuentan milagros y cierran la puerta cuando pasan los húngaros: esos que roban niños, comen caballo, hablan con el diablo y huyen de Dios. La calle se hunde como la hoja de una espada quebrada en el puño de la plaza. La plaza no es grande. La estrecha el marco de sus portales viejos, muy nobles y muy viejos. Las familias principales viven en ella y en las calles contiguas, tienen amistad con el obispo y el alcalde y no se relacionan con los artesanos, salvo, el día del apóstol Santiago, cuando, por sabido se calla, las señoritas sirven el chocolate de los pobres en el Palacio Episcopal.


En realidad varios de ellos se parecen, como el otro que se titula Leyenda del volcán. Es el ciclo de la muerte y el renacimiento, de la muerte de la cultura maya y el renacimiento con la conquista española; incluye la esperanza de un nuevo renacer. Estamos en los inicios del realismo mágico, del cual Miguel Ángel es un claro precursor.

Otras leyendas giran en torno a la lucha contra la opresión, contra el yugo de la injusticia. La liberación es posible. En la Leyenda del Sombrerón, se mezclan de manera surrealista tradiciones cristianas con otras mayas como es la del juego de la pelota.

La prosa de Miguel Ángel es enorme, fantasiosa, abigarrada, ebria, barroca incluso. Trata de poner en valor a las clases más humildes pero no se dirige a ellas. Esto dice de su prosa Paul Valery en una carta dirigida a Francis de Miomandre, traductor de las leyendas al francés:

 

“¡Qué mezcla esta mezcla de naturaleza tórrida, de botánica confusa, de magia indígena, de teología de Salamanca, donde el Volcán, los frailes, el Hombre Adormidera, el Mercader de joyas sin precio, las bandas de pericos dominicales, los maestros magos que van a las aldeas a enseñar la fabricación de los tejidos y el valor del Cero, componen el más delirante de los sueños!”

 

Francamente interesantes. Supongo que las leyendas, para llamar la atención fuera de Guatemala, tienen que estar bien escritas, y vaya si lo están.