Este
es un libro que se puede comprar en una librería de viejo por unos pocos euros.
Se vende poco, y probablemente se vendería mejor si los lectores supieran en
qué consiste, pues viene a ser la mitología del mundo anglosajón, y la
mitología sí que vende.
El
libro es una adaptación de la leyenda artúrica, basada en el texto del
Manuscrito de Winchester de La muerte de Arturo, de Thomas Malory, a decir del
propio autor para que lo pudieran leer sus hijos, así como otros no tan
jóvenes. Al final de mi edición figura un apéndice con cartas que explican el
proceso de la escritura, que son muy interesantes y explican el complejo
proceso de documentación y adaptación que lleva a cabo Steinbeck. A decir
verdad, me han gustado más las cartas que la historia propiamente dicha, así
como la lectura de fragmentos aquí o acullá acerca de las novelas de
caballerías; la lectura como excusa.
Malory
escribió en el siglo XV, pero las leyendas circulaban de manera oral desde
mucho antes, así que Steinbeck hizo lo mismo que Malory, una reescritura
consciente. El nombre de Arturo y referencias a su reinado se encuentran en
antiguos manuscritos del siglo XI y principios del XII. El escritor francés Chrétien
de Troyes (segunda mitad XII) ya debió inspirarse en la obra del historiador
galés Godofredo de Monmouth, que escribió en la primera mitad del siglo XII.
Nada más que un poquito de erudición.
Steinbeck
siguió la estructura de Malory, pero exploró la base psicológica de los eventos
y ajustó el uso del lenguaje para que suene natural y accesible para un
hablante de inglés moderno. Dice el mismo autor, sobre la trascendencia del
mito:
Mi
propósito consiste en verterlo en un lenguaje que sea comprensible y aceptable
para el lector de hoy. Creo que hacer esto no sólo es importante sino también
muy práctico, puestos que estas historias configuran, junto con el Nuevo
Testamento, el fundamento de casi toda la literatura moderna de habla inglesa.
Y puede demostrarse y habrá de demostrarse que el mito del Rey Arturo perdura
aún en el presente y que es parte inherente de lo que denominan western que tanto
abunda en la televisión de nuestros días: los mismos personajes, los mismos
métodos, las mismas anécdotas, sólo que hay armas levemente diferentes y por
cierto una diferente topografía. Pero si cambias a los indios y los pistoleros
por los sajones y los pictos y los daneses, tienes exactamente la misma
historia. Tienes el culto al caballo, el culto del caballero. Los parangones
con el presente no son muy forzados, y además las incertidumbres de la época
presente se asemejan mucho a las incertidumbres del siglo XV.
En
definitiva, es un trabajo intelectual y elaborado. Hay que subrayar que no
contiene todas las historias de Arturo, pues está inacabado. De hecho, termina
justo cuando comienza el asunto entre Ginebra y Lanzarote.
Tengo
que reconocer que yo llegué atraído por la relación con la novela caballeresca
ibérica, y me he quedado a las puertas. Supongo que habrá una relación, pero no
he dispuesto de materiales de primera mano para encontrarla. La inteligencia
artificial dice que:
«la relación entre la
novela caballeresca española y el rey Arturo es de dependencia directa y
posterior evolución: la materia de Bretaña (el ciclo artúrico) constituyó la
base estructural, temática y estética sobre la que se construyeron los libros
de caballerías españoles, alcanzando su máxima expresión en el Amadís de Gaula.
A
finales del siglo XIV y durante los siglos XV y XVI, la narrativa española
volvió su mirada hacia los héroes artúricos cultivados en Francia (Chrétien de
Troyes) para crear sus propios paladines.»
Me
gustaría atacar el Amadís de Gaula, aunque sea como prolegómeno de una
penúltima lectura del Quijote.


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