jueves, 9 de abril de 2026

Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros (1976), John Steinbeck.

 

Este es un libro que se puede comprar en una librería de viejo por unos pocos euros. Se vende poco, y probablemente se vendería mejor si los lectores supieran en qué consiste, pues viene a ser la mitología del mundo anglosajón, y la mitología sí que vende.

El libro es una adaptación de la leyenda artúrica, basada en el texto del Manuscrito de Winchester de La muerte de Arturo, de Thomas Malory, a decir del propio autor para que lo pudieran leer sus hijos, así como otros no tan jóvenes. Al final de mi edición figura un apéndice con cartas que explican el proceso de la escritura, que son muy interesantes y explican el complejo proceso de documentación y adaptación que lleva a cabo Steinbeck. A decir verdad, me han gustado más las cartas que la historia propiamente dicha, así como la lectura de fragmentos aquí o acullá acerca de las novelas de caballerías; la lectura como excusa.

Malory escribió en el siglo XV, pero las leyendas circulaban de manera oral desde mucho antes, así que Steinbeck hizo lo mismo que Malory, una reescritura consciente. El nombre de Arturo y referencias a su reinado se encuentran en antiguos manuscritos del siglo XI y principios del XII. El escritor francés Chrétien de Troyes (segunda mitad XII) ya debió inspirarse en la obra del historiador galés Godofredo de Monmouth, que escribió en la primera mitad del siglo XII. Nada más que un poquito de erudición.

Steinbeck siguió la estructura de Malory, pero exploró la base psicológica de los eventos y ajustó el uso del lenguaje para que suene natural y accesible para un hablante de inglés moderno. Dice el mismo autor, sobre la trascendencia del mito:

 

Mi propósito consiste en verterlo en un lenguaje que sea comprensible y aceptable para el lector de hoy. Creo que hacer esto no sólo es importante sino también muy práctico, puestos que estas historias configuran, junto con el Nuevo Testamento, el fundamento de casi toda la literatura moderna de habla inglesa. Y puede demostrarse y habrá de demostrarse que el mito del Rey Arturo perdura aún en el presente y que es parte inherente de lo que denominan western que tanto abunda en la televisión de nuestros días: los mismos personajes, los mismos métodos, las mismas anécdotas, sólo que hay armas levemente diferentes y por cierto una diferente topografía. Pero si cambias a los indios y los pistoleros por los sajones y los pictos y los daneses, tienes exactamente la misma historia. Tienes el culto al caballo, el culto del caballero. Los parangones con el presente no son muy forzados, y además las incertidumbres de la época presente se asemejan mucho a las incertidumbres del siglo XV.

 

En definitiva, es un trabajo intelectual y elaborado. Hay que subrayar que no contiene todas las historias de Arturo, pues está inacabado. De hecho, termina justo cuando comienza el asunto entre Ginebra y Lanzarote.

Tengo que reconocer que yo llegué atraído por la relación con la novela caballeresca ibérica, y me he quedado a las puertas. Supongo que habrá una relación, pero no he dispuesto de materiales de primera mano para encontrarla. La inteligencia artificial dice que:

 

«la relación entre la novela caballeresca española y el rey Arturo es de dependencia directa y posterior evolución: la materia de Bretaña (el ciclo artúrico) constituyó la base estructural, temática y estética sobre la que se construyeron los libros de caballerías españoles, alcanzando su máxima expresión en el Amadís de Gaula.

A finales del siglo XIV y durante los siglos XV y XVI, la narrativa española volvió su mirada hacia los héroes artúricos cultivados en Francia (Chrétien de Troyes) para crear sus propios paladines.»

 

Me gustaría atacar el Amadís de Gaula, aunque sea como prolegómeno de una penúltima lectura del Quijote.

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