martes, 19 de febrero de 2019

La historia de un caballo (1886), de León Tolstói


Esta pequeña historia me sirve para recordaros la grandeza de los cuentos peterburgueses de Gógol, pues no creo que a Tolstói se le hubiera ocurrido escribirlo sin sus precedentes. La comparación, a mi modo de ver, engrandece, más si cabe, al propio Gógol, y digo esto porque a Tolstói no le hacen falta elogios, y sí, en cambio, creo necesario sentar a Gógol a la misma mesa.
El narrador es un caballo pío llamado Kolstomier. Según la Wikipedia los caballos píos son aquellos que tienen manchas blancas de distinto tamaño, y según colijo del texto dicha condición resta prestigio a los caballos.

Si hubiera nacido con una estrella en la frente, aún podía pasar; pero ¡ha nacido pío!

La suerte era injusta y cruel conmigo. Me indigné profundamente y no tuve más que un pensamiento: dejar mi pueblo natal lo antes posible. Mi posición era en ella demasiado penosa; el porvenir pertenecía a otros caballos. El amor, la gloria y la libertad les esperaban; en cuanto a mí, debía trabajar y humillarme toda mi vida… Y ¿por qué tan gran injusticia? ¡Porque era pío, y porque pertenecía a un caballerizo!

En el momento de la narración el caballo es viejo, y los demás caballos lo desprecian, un poco por su condición de pío y otro poco por su edad. El caballo llama nuestra conmiseración, y se rebela contra los demás contándoles su historia, pues hubo un tiempo en que nuestro caballo pío destacó por sus cualidades.
Se trata en definitiva de un relato corto, triste, con moraleja y sátira de las costumbres de los hombres.

Las palabras “mi caballo” me parecían ilógicas como “mi tierra, mi aire, mi agua”; pero causaron en mí una impresión profunda. Mucho he reflexionado después acerca de esto, y únicamente mucho más tarde, cuando aprendí a conocer mejor y más cerca a los hombres, fue cuando me pude explicar todo eso.

A la mitad aproximada del relato me topé con un fragmento que me llamó la atención, primero por lo extraño y después por la profundidad que pueda albergar. Quizás me equivoque, o quizás se trate de la clave del texto, pues por un momento he llegado a pensar que los caballos son los mujiks y su relación con los señores una comparación válida.

Aunque él haya sido la causa de mi ruina; aunque él no haya amado a nadie ni a nada en el mundo, yo lo quería y aún lo quiero con todas las fuerzas de mi corazón de caballo.
Lo que me gustaba en él es que era joven, hermoso, feliz y rico, y que, por todas estas razones, no amaba a nadie. Vosotros comprendéis bien ese sentimiento que nos aguijonea. Su frialdad y mi dependencia no hacían más que impulsar el cariño que le tenía.
―Mátame, atorméntame ―pensaba yo―; cuanto más me haga sufrir tu mano, más feliz seré.

La última parte del cuento merece capítulo aparte. Termina el relato de la vida del caballo pío y entran los dueños en escena. Gestos sencillos nos revelan la ruindad de los amos. A veces los señores recuerdan la grandiosidad de sus caballos, ¿o de sus mujiks?, pero en realidad solamente les interesa esa grandeza en cuanto que sirve a sus propios intereses.
El sarcasmo final llega con la muerte. Cuando muere un animal se aprovecha todo, la piel, la carne e incluso los huesos. En cambio, ¿qué se aprovecha de la muerte de un señor? No significa más que dilapidar recursos.

El cadáver vivo de Nikita, que aún seguía comiendo y bebiendo, no fue depositado en la tierra sino años después; ni su piel, ni su carne, ni sus huesos sirvieron para nadie.
Como hacía veinte años que aquel cadáver vivía a costa ajena, su entierro fue una molestia más para los que le habían conocido. Hacía ya mucho tiempo que nadie lo necesitaba. Sin embargo, cadáveres vivos parecidos a él creyeron un deber cubrir su podrida humanidad con un uniforme nuevo y magníficas botas, ponerlo en un ataúd, encerrar éste en una caja de plomo, transportarlo a Moscú y allí desocupar viejas tumbas y, enterrar en una de ellas aquel cuerpo vestido con uniforme nuevo y lustrosas botas, y cubrirlo de tierra…

Un relato corto, unas pocas páginas. Se puede leer de un tirón pero la historia permanecerá con nosotros durante mucho tiempo. Tolstoi en estado puro.


2 comentarios:

  1. En los últimos años, he releído "Ana Karenina" y "Guerra y paz" que tenía leídas de muy joven. Hubo un tiempo en que leí varias cosas de Tolstoi. Me parece grandioso. Es asombrosa su capacidad para diseccionar el alma humana y sacar todas las miserias y todas las grandezas que esconde.
    Este relato lo conozco, pero no lo he leído.
    Un beso.

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    1. Empieza uno a leerlo un tanto reticente, un animal contándonos su vida, pero sorprendentemente mejora y termina de forma magistral. Yo reconozco que jamás lo hubiera buscado, pero me llegó y no pude resistirme. De alguna manera entronca con los guiños de Gógol.
      Besos

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