lunes, 4 de abril de 2016

Cicerón. Cartas a Ático.




No me quiero alargar demasiado criticando el sistema educativo presente que, a mi modo de ver, no ha mejorado mucho en los últimos 30 años por mucho que le hayamos cambiado a todo de nombre. Desde luego que los resultados obtenidos no son muy allá si aplicamos un método comparativo y ponemos sobre la mesa los ratios de inversión.
Pero de lo que yo vengo a quejarme aquí es de la pérdida de tiempo y de motivación que me supuso el verme obligado a estudiar durante el bachillerato a los clásicos de la antigüedad sin tener la oportunidad de leerlos. Tampoco me detengo mucho aquí porque ya le dediqué un post acullá.
El caso que tenía ganas de leer algo de Cicerón, y sin una guía cierta di con las Cartas a Ático. No vengo a recomendar su lectura, que no es, ni de lejos, para todos los públicos. Requiere, en primer lugar, un conocimiento más que básico de la historia de la República Romana, y si se cumple dicho requisito entonces se podrá disfrutar no solo de la prosa de Cicerón sino que también de la teletransportación a otra época.
Cierto que no hay que tener prisa para leer este tipo de escritos. Son cartas, en definitiva, que no fueron escritas para ser publicadas. Son escritos vivos y frescos, espontáneos, que siguen la marcha de los acontecimientos vitales de Cicerón al tiempo que los avatares políticos del fin de la República. En el centro de todo está la guerra civil protagonizada por Pompeyo y César, en la que Cicerón no es mero espectador sino uno de sus principales protagonistas.
No son mis cartas de las que, caso de no llegar a entregarse, deje ello de causarme algún perjuicio; tienen tantos secretos que casi no me atrevo a confiárselas ni siquiera a mis sectarios, no sea que algo se deslice…

Evidentemente Cicerón no pretendía dar a conocer esta correspondencia privada porque da lugar a efusiones personales y otras indiscreciones que de conocerse le hubieran acarreado grandes disgustos. De ahí también su valor. Fueron conservadas por Ático (no en cambio las cartas de su puño y letra) y publicadas en época de Nerón.

Como curiosidad decir que Tito Pomponio Ático se trata del primer editor que se conoce. Se le llamó Atticus por su amor a la cultura griega y de hecho vivió en Grecia por más de 20 años. Al contrario que Cicerón, fue un epicúreo convencido que se alejó de las ambiciones políticas. Disponía de esclavos especializados en traducir y copiar manuscritos, y su labor en el terreno fue conocida y apreciada. El amor por los libros de Cicerón es mencionado a menudo:
Conserva tus libros y no desesperes de que pueda hacerlos míos. Si lo consigo, supero en riquezas a Craso y desprecio las fincas y predios de todos.

Guárdate también de ceder tus libros a nadie; resérvamelos como me escribes. Me domina el mayor interés por ellos, lo mismo que mi repugnancia ya por todo lo demás, que resulta increíble cuán empeorado lo encontrarás en tan breve tiempo con relación a cómo lo dejaste.

Uno de los temas más tratados es la crisis de la República y el advenimiento de la Tiranía, como no podía ser de otro modo tratándose de Cicerón, que ha pasado a la historia como un hombre de leyes pero cuyo cursus honorum alcanza las más altas cotas de la República con el consulado.
Observa los dineros repartidos abiertamente por tribus en un solo lugar antes de las elecciones; observa la absolución de Gabinio; percibe el tufo a dictadura; disfruta la suspensión de las actividades públicas y el libertinaje general.

Cicerón se muestra, por lo general, escéptico:
Unos nada son; a otros nada preocupa.

La segunda parte se enreda en la Guerra Civil. A decir de los expertos Cicerón no queda muy bien retratado. Sus vaivenes y dudas a la hora de decantarse por Pompeyo y al mismo tiempo no enemistarse con César son evidentes. No es lo mismo vivir los hechos que valorarlos desde nuestra óptica presente. Quizás la explicación la da Cicerón en sus cartas:
La pelea es por reinar.

No recomiendo pues la lectura de estas Cartas sino a curiosos avezados que ya han gustado de conocer esta excepcional y apasionante época de la historia de Roma. A mí, personalmente, me gusta mucho más la historia de la República que la del Imperio.

2 comentarios:

  1. A veces pienso que no me hubiese tomado un café con Cicerón ni loca, así de mal me cae este tipo plasta y recalcitrante. Pero luego lees su correspondencia y se te olvida de lo plasta que debía ser ¡es interesantísima! Y ya no lo digo como historiadora, sino como una lectora más. Las cartas a su amigo Ático son muy buenas, recomendables para todos los lectores, empiezas a leerlas y pierdes la noción del tiempo. Y me da igual que Cicerón no pensase en que serían publicadas, eso le pasa por escribir con tanto desparpajo. Por cierto, ¿sabes qué decía? que le costaba más mantener un comentario punzante que un ascua ardiente. Así que ya sabes, lector, no te pierdas las cartas de Ático porque prometen ;-)

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    1. Pues, si valoramos su carácter por la cantidad de enemigos que se forjó, sin duda llegaremos a la conclusión de que fue un gran tipo ;-)
      Fíjate, Mónica, que hasta los 27-28 años yo creía que mi vocación era la historia ;-)

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