martes, 7 de mayo de 2019

La llamada de lo salvaje (1903), Jack London



Buck no leía los periódicos; por eso no se enteró de la gran amenaza que iba a transformar no solo su vida, sino la de los perros de toda la costa, desde el estrecho de Puget hasta San Diego, que tuvieran fuerte musculatura y denso y cálido pelaje.

En 1896 estalla la fiebre del oro de Klondike, también llamada del Yukón o Alaska. El precio de los perros de tiro se dispara de tal manera que roban a nuestro buen Buck, un perro mestizo, dando comienzo a una divertida historia de acción bien narrada y que al mismo tiempo invita a la reflexión.
Se trata de un canto a la naturaleza salvaje, aunque a mi manera de ver subyace sobre el texto un mensaje más agudo y negativo, el de la nociva intervención del hombre en dicha naturaleza salvaje. Me viene al recuerdo el accidente de Chernóbil (1986). Suponían los expertos que una enorme zona alrededor del área de radiación sufriría un quebranto medioambiental que duraría siglos. En cambio ahora los expertos se han quedado estupefactos al comprobar que sí, que hubo impacto ambiental negativo, pero que la vida animal y vegetal no solo se ha recuperado al nivel de 1986 sino que ha sufrido una expansión de especies antes desaparecidas como el lobo, el oso o el jabalí, quedando así demostrado que el impacto de la “humanización” para con la naturaleza supera a cualquier otro mal imaginable.

Después de una vida pacífica y regalada, nuestro buen Buck descubre lo descarnado de la lucha por la supervivencia. London titula así un capítulo: «La ley del garrote y el colmillo»

Cada hora le reservaba una sorpresa desagradable. Lo habían arrancado de repente del corazón de la civilización para echarlo al de las cosas primitivas. Esta no era una vida indolente y soleada, sin otro quehacer más que holgazanear y pasar el rato. Aquí no había paz ni descanso, ni un momento de reposo. Todo era confusión y actividad y, a cada momento, su vida o su cuerpo estaban en peligro. Era absolutamente necesario mantenerse todo el tiempo alerta, pues aquellos perros y aquellos hombres no eran perros ni hombres civilizados. Eran unas bestias todos ellos y no conocían otra ley que la del garrote y el colmillo.

London fue uno más de los locos aventureros que se dejaron atrapar por la fiebre del oro. Nos muestra sus vivencias a través del extremo Ártico en contraposición con los climas cálidos e indolentes. El frío polar no es apto para pusilánimes. Hombre y animal se ven sometidos de continuo a las más duras pruebas de supervivencia. Buck se ve enfrentado a la más descarnada realidad.

Este primer robo fue la prueba de que Buck era apto para sobrevivir en el hostil ambiente de las tierras del Norte. Indicaba su adaptabilidad, su capacidad para acomodarse a condiciones cambiantes, cuya carencia habría significado una muerte rápida y terrible. Y además indicaba la degeneración o resquebrajamiento de sus valores morales, cosa vana y un obstáculo en la despiadada lucha por la existencia. Todo ello estaba muy bien en el Sur, donde reinaba la ley del amor y el compañerismo y donde se respetaba la propiedad privada y los sentimientos personales, pero en las tierras del Norte, bajo la ley del garrote y el colmillo, el que tuviera aquellas cosas en cuenta era un necio y mientras las respetase no podrá prosperar.

La encarnizada lucha es de todos contra todos, animales y hombres.

Había aprendido de Spitz y de los perros más combativos de la policía y del servicio de correos, y sabía que no había término medio. Había que dominar o ser dominado; y la piedad era una señal de debilidad. En la vida primitiva no existía. Se confundía piedad con temor y ello acarreaba la muerte. Matar o morir, comer o ser comido: tal era la ley; y Buck obedecía a aquel mandato que surgía de las profundidades del tiempo.

Quizás no haya encontrado párrafos magistrales pero el contexto general me ha agradado, el fondo de la naturaleza salvaje enfrentado a la civilización. Frente a la actitud humana, meditada, taimada, artificial, la naturaleza salvaje instintiva, irracional. ¿Un canto a la naturaleza salvaje o un canto contra la barbarie de la civilización?
Podemos entresacar polémicas varias, darwinismo, comunismo, individualismo… Desde luego que hay fragmentos en los que Buck deja de ser un perrito simpático para convertirse un lobo sanguinario. La escena en la que se dedica a perseguir durante días a un tremendo alce herido es un buen ejemplo de ello. Parece ser que Buck caza más por orgullo que por hambre.

Las ansias de sangre se hicieron más fuertes que nunca. Era un matador, un animal de presa, que se alimentaba de seres vivos, solo, sin otra ayuda que su propia fuerza y su habilidad, que lograba sobrevivir en un ambiente hostil donde solo los fuertes sobrevivían. Por todo ello llegó a sentirse muy orgulloso de sí mismo, orgullo que se contagiaba a su aspecto físico.

Buck ya había derrotado a una cría extraviada; pero le tentaba enfrentarse a un enemigo mayor y más peligroso, y un día se topó con uno en la línea divisoria que hay encima del desfiladero. Una manada de veinte alces llegaba desde la región de los bosques y los torrentes y entre ellos destacaba un macho de gran tamaño.

Por otro lado está la relación del perro con el hombre, que cuando es fluida y respetuosa, nos ofrece fragmentos admirables. Hay un buen puñado de anécdotas que hacen de Buck un perro legendario. Destaco una cualquiera en la que Thornton, su adorado amo, lleva a cabo un temerario experimento:

… los hombres y los perros estaban sentados en la cima de un precipicio que caía a pico sobre un lecho de rocas desnudas, trescientos pies más abajo. John Thornton estaba sentado junto al borde con Buck a su lado. De repente se le ocurrió una idea absurda y llamó la atención de Hans y Pete sobre el experimento que pensaba efectuar.
―¡Salta, Buck! ―le ordenó, extendiendo el brazo sobre el abismo.
Un segundo después agarraba a Buck al borde del precipicio y Hans y Pete tiraban de ambos para ponerlos a salvo.
―Es portentoso ―dijo Pete, cuando todo hubo pasado y habían recuperado el habla.
Thornton meneó la cabeza.
―No; es maravilloso, y además tremendo. Sabes, a veces me da miedo.

Cierto que London cae a menudo en el maniqueísmo, y no solo distingue en exceso unos hombres de otros sino que incluso unos perros de otros. Cierto también que todos hacemos estas distinciones, de tal manera que dejo abierto otro camino para la reflexión.

Y por último está la extraña llamada de lo salvaje, pues no en vano la novela no es otra cosa sino un tránsito de la vida civilizada a la salvaje, de manera que Buck deja de ser un animal doméstico para volver al lugar del que provienen sus ancestros, un lugar del que también el hombre procede.

Pero lo que más le gustaba era correr, en la suave penumbra de las noches de verano, atento a los mitigados y adormecidos murmullos del bosque, leyendo signos y sonidos igual que un hombre puede leer un libro y buscando aquella cosa misteriosa que lo llamaba y le decía incesantemente, estuviera despierto o dormido, que acudiera.
Una noche se despertó de un brinco, con los ojos inquietos, las aletas de la nariz olfateando temblorosas, y el pelaje encrespado en repetidas olas. Del bosque le llegaba la llamada (o una de sus notas, que la llamada tenía muchas), concreta y definida como nunca hasta entonces: un aullido prolongado, semejante pero distinto al de cualquier perro esquimal.

No queda sino recomendarte, lector, esta lectura. Algunos pensarán que es una novelita para jóvenes imberbes pero nada más lejos de la realidad. Por mi parte qué decir sino que la he disfrutado sobremanera, al tiempo que he explorado sendas para la reflexión que a un niño sin duda le pasarán desapercibidas.

2 comentarios:

  1. Durante mucho tiempo pensé que eran una novela para "jóvenes imberbes",como dices, pero luego me hablaron de ella en otros términos y la tengo apuntada hace siglos. Es cierto que las historias ambientadas en lugares salvajes, con personajes solitarios y condiciones hostiles, no suelen atraerme mucho y creo que por eso la voy postergando. De nuevo me hago el propósito de ponerla al principio de la lista. Junto a "EL corazón de las tinieblas", de Conrad, que siempre relaciono con esta aunque sé que nada tienen que ver.
    Un beso.

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  2. Es la historia de un perro. A mi me ha provocado a la reflexión. El genio de London está en que lo mismo sirve a un muchacho que a un adulto pues al mismo tiempo que entretiene provoca a la reflexión. Yo lo recomiendo a cualquiera sin dudar.
    Besos ��

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