Mishima
cumple con las condiciones que yo suelo pedir a una novela, entretenimiento y
profundidad. Mishima nos ofrece una novela corta, contundente e intensa.
Alguien diría que abunda en las descripciones, pero siempre sirven al contexto,
al ambiente misterioso, a la trama psicológica. Las digresiones son justas,
concisas, exactas, y sirven a la intención de crear un clima asfixiante, que
conduce hacia un final apabullante.
Una
vez concluida la novela, uno puede reunir las piezas e imaginar por qué Mishima
no llevó a cabo un relato más lineal. Es como si el autor hubiera construido la
historia con anterioridad, y no satisfecho la hubiera roto en pedazos para
volver a unir estos de diferente manera. Así, comienza la novela presentándonos
al mismo tiempo a los tres personajes que llenan toda la trama. Aunque nos
pueda parecer que el marino, Ryuji, es el protagonista principal, la
declaración de intenciones del autor es clara, es un triángulo.
Al
tiempo que se narra la vida en el mar de Ryuji, su agrio carácter, también se
nos describe a la bella Fusako, viuda, y su hijo, Noburu. Es una historia de
amor, un encuentro de dos almas que se necesitan. En medio Fusako, un joven
adolescente que trata de asimilar al marino que se interpone en la relación con
su madre.
Luego aparece la exclusiva moral, o mejor diríase falta de moral, de Mishima. Si ya hemos leído algo más del autor, sabremos algo de su extraordinaria biografía. A mí me parece fundamental conocer unas pinceladas sobre el autor y la época que le tocó vivir, pues somos parte de nuestro entorno. En este caso más si cabe. Basta con acudir a la Wikipedia.
No
tengo mucho más que decir, cuesta menos leerla. Una novela corta, una buena
piedra de toque para introducirse en el autor y en la cultura japonesa, de la
mano de un autor que despreció la cultura occidental al mismo tiempo que se
formaba en ella. Estamos ante una fábula sin moral, de clima opresivo y pesado,
como la humedad del mar. Una novela que no deja a nadie indiferente.
Ya
es la segunda novela que leo del autor, y no dudaré en leer todas las que
caigan en mis manos.
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