Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA LATINOAMERICANA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA LATINOAMERICANA. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de diciembre de 2023

Estrella distante (1996), Roberto Bolaños


El difunto Bolaños es considerado en el interior de la literatura latinoamericana como el mejor y más influyente escritor de su generación. A mí, personalmente, no me ha entusiasmado, pero yo no soy más que un simple lector. Me amparo en el derecho universal que asiste a cualquier reseñador de criticar a los clásicos respetando a los humildes. Yo a Bolaños ya le he rendido el mayor honor que le puede conceder un lector a un escritor, una lectura detenida. Además, me atraen los escritores malditos. Ojalá que a mí, humilde escritor, me leyeran con el mismo detenimiento que yo les concedo a los otros.

A su favor diré que tiene una voz muy peculiar y reconocible. De hecho he leído dos novelas de seguido, la presente y Amuleto, y el parecido temático y estilístico es abrumador, como debe ser. Su estilo es claro y conciso, rápido no, rapidísimo, utiliza continuas enumeraciones, aliteraciones.

 

Mapas de Chile, de la Argentina, del Perú, mapas de la Cordillera de los Andes […], mapas de México, mapas de la Conquista de México, mapas de la Revolución Mexicana, mapas de Francia, de España, de Alemania, de Italia […] y un mapa de la ciudad de Puerto Montt, en el sur de Chile.

 

En fin, que tiene un estilo reconocible. De hecho, en las dos novelas que he leído, Bolaños utiliza un intermediario, un narrador masculino en la primera y femenino en la segunda, pero la voz es la misma, rezuma un carácter, un no sé qué indefinible para mí ahora mismo y que seguro habrá sido ya definido, o lo será, pero mucho mejor que yo, en las universidades.

Por cierto, la trama es detectivesca, aunque me parece a mí que hay un continuo sube y baja, entra y sale, en el cual el lector nunca se pierde, anda siempre cómodo, pero tampoco se ve empujado por una trama vertiginosa o atraído hacia un sorprendente final; digamos que le falta pegada. Por otro lado, nada que ver con una novela de intriga, pues carece de intriga.

Los personajes no muestran ninguna profundidad. A mi modo de ver ni un difuso narrador ni un oscuro protagonista llegan a mostrarse en toda la complejidad que puede llegar a mostrar un ser humano. En realidad parece ser la técnica de Bolaños, su estilo, te da una novela que parece hecha a chispazos, de fragmentos, de relatos de otras personas. En su tribular vertiginoso te lleva de aquí para allá, y a veces resulta difícil seguirle la pista. En fin, que la profundidad a Bolaños le importa un bledo, él nos presenta otra cosa.

A su favor también la descripción de los ambientes literarios. Es pura metaliteratura. Nos habla de poetas, de escritores, de poesía, de literatura… Desconozco si los personajes mencionados son reales, aunque no entiendo dichas menciones si no tienen un significado real, así que tengo que suponer que lo son.

Así como quien no quiere la cosa, Bolaños mezcla hábilmente un lenguaje de andar por casa con un vocabulario de lo más rico y variado. Nos introduce en el ambiente literario de una ciudad de Chile, nos presenta a varios poetas y luego llega el golpe de Estado contra el régimen de Allende. Uno de los poetas, Carlos Wieder, será el protagonista absoluto de la novela, la estrella distante digamos. Carlos Wieder era en realidad un piloto del ejército, y será uno de los más sanguinarios a la hora de ejecutar la primera represión. A decir verdad que el estilo desenfadado de Bolaños huye de todo dramatismo, de manera tal que nos cuenta un brutal asesinato con la misma calma que el acto de lavarse los dientes. Es su manera de ponerlo en relieve.

El dicho Wieder resultará ser un tipo de lo más estrambótico. Encarna el mal, pero lo hace de una manera peculiar. Piensa que su poesía es revolucionaria, pintar poemas efímeros en el cielo con el humo de su Messerschmitt 109. Satírico cien por cien; parece ser que dicho individuo existió en la realidad. Ya se sabe que la realidad supera la ficción.

Lo ordinario de la dictadura de Pinochet es reflejada de otras formas; seguro que a mí se me escapan multitud de matices.

Luego la novela adquiere tintes puramente detectivescos. Una vez que Wieder cayó en desgracia desapareció, pero hay pistas que apuntan a que debe estar en algún lado. Se trata de dar con él para hacer justicia, y la trama viaja por diferentes países hasta terminar en España.

  

viernes, 8 de diciembre de 2023

Leyendas de Guatemala (1930), Miguel Ángel Asturias.

 

No me llama demasiado la atención esa literatura hispanoamericana del siglo XX que se ha denominado habitualmente como revolución o “boom”. He leído aquí y allá novelas pero sin profundizar en demasía. He disfrutado de algunos autores y otros no tanto. Supongo que me interesa más la novela europea porque es más individualista y dada a la introspección. Supongo también que la literatura nace de una sociedad al tiempo que contribuye a su propia gestación, y la literatura latinoamericana tiene otros intereses que los europeos. Inestabilidad política y económica, problemas sociales, no vamos a descubrir los problemas de la deuda, el neocolonialismo.

La Rusia del XIX presenta una problemática peculiar que ha dado lugar a una porción de lo más selecto de la literatura universal. En cambio Latinoamérica se deshace en literaturas nacionales, quizás debido también a las diferencias que pueda haber entre Chile, Venezuela o México. Está todo por hacer. En todo caso, me agrada encontrarme de vez en cuando con esa literatura hermana nuestra, gracias a la cual el idioma castellano sigue pujante.

En el caso de Guatemala tenemos a Miguel Ángel Asturias, un buen ejemplo de esta literatura. Miguel Ángel tendrá la posibilidad de conocer Europa, o la obligación, según se mire, dado su situación como exiliado político.

Como viene a ser lógico, Miguel Ángel procede de las clases privilegiadas, por lo que recibió una amplia educación. Su actividad política fue siempre progresista, así como su literatura social, tendente a mejorar las condiciones de vida de las clases más humildes. Contra las dictaduras y en defensa de la cultura indígena, maya.

Precisamente se estrenó con las presentes leyendas, una manera de fijar la tradición oral.

 

«A mi madre, que contaba cuentos», reza la dedicatoria.

 

Guatemala es un buen cuento para empezar, una fusión de la cultura hispana y maya.

 

La carreta llega al pueblo rodando un paso hoy y otro mañana. En el apeadero, donde se encuentran la calle y el camino, está la primera tienda. Sus dueños son viejos, tienen güegüecho, han visto espantos, andarines y aparecidos, cuentan milagros y cierran la puerta cuando pasan los húngaros: esos que roban niños, comen caballo, hablan con el diablo y huyen de Dios. La calle se hunde como la hoja de una espada quebrada en el puño de la plaza. La plaza no es grande. La estrecha el marco de sus portales viejos, muy nobles y muy viejos. Las familias principales viven en ella y en las calles contiguas, tienen amistad con el obispo y el alcalde y no se relacionan con los artesanos, salvo, el día del apóstol Santiago, cuando, por sabido se calla, las señoritas sirven el chocolate de los pobres en el Palacio Episcopal.


En realidad varios de ellos se parecen, como el otro que se titula Leyenda del volcán. Es el ciclo de la muerte y el renacimiento, de la muerte de la cultura maya y el renacimiento con la conquista española; incluye la esperanza de un nuevo renacer. Estamos en los inicios del realismo mágico, del cual Miguel Ángel es un claro precursor.

Otras leyendas giran en torno a la lucha contra la opresión, contra el yugo de la injusticia. La liberación es posible. En la Leyenda del Sombrerón, se mezclan de manera surrealista tradiciones cristianas con otras mayas como es la del juego de la pelota.

La prosa de Miguel Ángel es enorme, fantasiosa, abigarrada, ebria, barroca incluso. Trata de poner en valor a las clases más humildes pero no se dirige a ellas. Esto dice de su prosa Paul Valery en una carta dirigida a Francis de Miomandre, traductor de las leyendas al francés:

 

“¡Qué mezcla esta mezcla de naturaleza tórrida, de botánica confusa, de magia indígena, de teología de Salamanca, donde el Volcán, los frailes, el Hombre Adormidera, el Mercader de joyas sin precio, las bandas de pericos dominicales, los maestros magos que van a las aldeas a enseñar la fabricación de los tejidos y el valor del Cero, componen el más delirante de los sueños!”

 

Francamente interesantes. Supongo que las leyendas, para llamar la atención fuera de Guatemala, tienen que estar bien escritas, y vaya si lo están.

miércoles, 16 de enero de 2019

Historia Universal de la infamia (1935), Jorge Luis Borges




Sin ser fan de Borges, ni mucho menos, he disfrutado de esta colección de pequeños relatos. Podríamos decir que Borges prioriza el continente sobre el contenido.
Nos avisa el propio autor, en el prólogo a la primera edición, que «No son, no tratan de ser, psicológicos». Sumamos esta confesión: «Abusan de algunos procedimientos: las enumeraciones dispares, la brusca solución de continuidad, la reducción de la vida entera de un hombre a dos o tres escenas».
En el prólogo a la edición revisada de 1954 abunda en la materia y define su propia obra como “barroca”: «Yo diría que barroco es aquel estilo que deliberadamente agota (o quiere agotar) sus posibilidades y que linda con su propia caricatura»; «el siglo XVIII lo aplicó a determinados abusos de la arquitectura y de la pintura del XVII; yo diría que es barroca la etapa final de todo arte, cuando éste exhibe y dilapida sus medios».
Valga como perfecto ejemplo este fragmento que hay que leer con detenimiento:

Perfilados bien por un fondo de paredes celestes o de cielo alto, dos compadritos envainados en seria ropa negra bailan sobre zapatos de mujer un baile gravísimo, que es el de los cuchillos parejos, hasta que de una oreja salta un clavel porque el cuchillo ha entrado en un hombre, que cierra con su muerte horizontal el baile sin música. Resignado, el otro se acomoda el chambergo y consagra su vejez a la narración de ese duelo tan limpio.

Borges es plenamente consciente de que su pequeño compendio de relatos no tiene otro valor que el de un entretenido juego literario, e insiste en ello.

«Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias».

«Los doctores del Gran Vehículo enseñan que lo esencial del universo es la vacuidad»

A mí me ha gustado especialmente la parte dedicada al libro de Herbert Asbury, Gangs of New York: An informal History of the Underworld (obviamente Borges no se vio contaminado por la fabulosa película de Scorsese). También me ha llamado la atención Hombre de la esquina rosada, que me ha llevado a la siguiente reflexión: ¿deberíamos traducir a Borges? Digamos que se trata de una pregunta retórica con obvia respuesta, pero como observo que hay un amplio segmento de la población española a favor de subtitular hasta la Roma de Cuarón…

lunes, 1 de octubre de 2018

El perseguidor (1959), de Julio Cortázar



Sin tratar, ni mucho menos, de llevar a cabo un exhaustivo análisis de este fantástico relato de Cortázar, me atrevo a plantear dos puntos de vista, uno sencillo, el del argumento, y otro, más complejo, el de los símbolos.

Desde el primer punto de vista el argumento es sencillo y lo bastante interesante como para servir de acicate para la lectura. El protagonista, Johnny Carter, es un excepcional saxofonista de jazz al cual le pierde la marihuana y el alcohol. Es un genio que permite la comparación con Mendel el de los libros, de Stefan Zweig o con el fabuloso jugador de ajedrez de Nabokov, Luzhin. Como ellos es un genio, en este caso de la música, y como ellos se muestra incapaz de salir airoso de cualquier situación cotidiana.

Bruno, amigo suyo, periodista y crítico musical que acaba de escribir su biografía, “persigue” a Johnny constantemente y trata de ayudarle. En cambio Johnny, que no se deja ayudar, vive en su propio mundo, “persiguiendo” al tiempo, atacado por una eventual esquizofrenia que le hace plantearse continuamente una concepción extraña del espacio y del tiempo que le toca vivir y a partir de la cual desarrolla sus teorías musicales sobre la improvisación. 


El segundo punto de vista es inmarcesible. Cortázar se basa en la figura de Charlie Parker, como reza en el epígrafe de entrada:



In memoriam Ch. P.



Los otros dos epígrafes dan mucho de sí también. El primero admite muchas interpretaciones:



       “Sé fiel hasta la muerte”

        Apocalipsis, 2, 10.



El segundo pertenece a un poeta a menudo mencionado a través del relato.



        “O make me a mask”

         Dylan Thomas.



Este epígrafe, en relación con el anterior, se refiera a la propia biografía que escribe Bruno sobre el saxofonista, que es ajena al propio artista al ocultar todo lo escabroso de su personalidad, su esquizofrenia y su desenfrenada afición a las drogas. La biografía puede ser la máscara del personaje. Bruno es la antítesis de Johnny.



Además está el propio título del texto, al que ya aludimos más arriba. Bruno persigue a Johnny pero Johnny persigue atrapar al tiempo, una concepción del tiempo que ni él mismo alcanza a entender. El tiempo, la descripción de la improvisación musical, las drogas, la locura. Este pequeño relato da mucho de sí porque la música viene a suponer una especie de momento místico de comunión con Dios, sustitúyase Dios por Absoluto.



No era pensar, me parece que ya te he dicho muchas veces que yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo. ¿Te das cuenta?



Nadie puede ser más vulgar, más común, más atado a las circunstancias de una pobre vida; accesible por todos lados, aparentemente. No es ninguna excepción, aparentemente. Cualquiera puede ser como Johnny, siempre que acepte ser un pobre diablo enfermo y vicioso y sin voluntad y lleno de poesía y de talento. Aparentemente. Yo que me he pasado la vida admirando a los genios, a los Picasso, a los Einstein, a toda la santa lista que cualquiera a admitir que esos fenómenos andan por las nubes, y que con ellos no hay que extrañarse de nada. Son diferentes, no hay vuelta que darle. En cambio la diferencia de Johnny es secreta, irritante por lo misteriosa, porque no tiene ninguna explicación. Johnny no es un genio, no ha descubierto nada, hace jazz como varios miles de negros y de blancos, y aunque lo hace mejor que todos ellos, hay que reconocer que eso depende un poco de los gustos del público, de las modas, del tiempo, en suma.



Y ya para los más avezados lectores, la crítica literaria abunda en la comparación de este pequeño relato con el Dr. Faustus, de Thomas Mann, a decir de algunos la mejor obra escrita donde la música es la absoluta protagonista y que probablemente abordaré en una próxima ocasión.


En lo personal, esta lectura ha sido todo un acicate para descubrir algunas piezas de jazz de un instrumento, el saxofón alto, que me es muy familiar.




viernes, 11 de mayo de 2018

Cuentos de amor de locura y de muerte (1917), de Horacio Quiroga



 
Llego a este autor atraído por el atractivo título y por el aura que despliegan sus circunstancias vitales, la muerte trágica de su padre, de su padrastro, de su mejor amigo, de su primera mujer, y finalmente de él mismo.
Guiado por un extenso prólogo de Andrés Neuman me voy directamente a los relatos que éste recomienda. Doy de bruces con un relato titulado “La gallina degollada” y quedo rendido a sus pies. Quiero ver reminiscencias de Maupassant, ¡de Poe!, quizás simplemente porque lo dice el propio Horacio en el «Decálogo del perfecto cuentista»:

Cree en un maestro – Poe, Maupassant, Kipling, Chejov – como en un Dios mismo.

Su concisión y profundidad me encandilan. Horacio Quiroga huye del amaneramiento, a contracorriente del buen gusto académico y de los jurados de los premios literarios (que adoran aquello que no entienden pero suena bonito). Gusta a menudo el lector de los juegos retóricos, de aquellos fuegos de artificio de los que se siente incapaz; no llega a entender el lector que los cantos de sirena que le encaminan a la lectura están hechos de argumentos, aquello que nos distrae por una vertiente paralela pero a la vez distante de la realidad. Quiroga, en cambio, corre el riesgo de pasar inadvertido por su sencilla prosa.

Un matrimonio tiene cuatro hermosos hijos, pero al poco de nacer acude una enfermedad, como una maldición, que los deja deficientes. La suerte de la familia cambia con el quinto bebé, una hija sana a la que malcrían provocando la envidia de los demás, lo cual provocará un final trágico, como el de “la gallina degollada”.
No paro de subrayar. Lo que parece un argumento nuclear que puede ser contado en un solo párrafo esconde la podredumbre interior de un matrimonio hundido en la miseria.

El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando la causa del mal en las enfermedades de los padres.



Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos, echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.



Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición, es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona.

Luego los relatos varían mucho. “A la deriva” nos muestra un repentino camino hacia la muerte, los pensamientos que atribulan a un personaje inconsciente. La vida en estado puro. Este es otro de los relatos que subrayo.
“La insolación”, “Yaguaí” o “El alambre de púa” tienen como protagonistas a animales, perros, caballos. Son relatos de riesgo, que nos extrañan por su aparente inverosimilitud pero que son eficaces. Nada que envidiar a George Orwell.

Los relatos de amor son extraños, a veces marcados por la enfermedad, o cuando menos por una necesidad malsana. Algunos buscan un golpe de efecto final, como “El almohadón de pluma”, que es posiblemente uno de los que menos me han gustado por el brusco final imprevisible y en exceso fantasioso. De todas maneras está entre sus relatos más afamados, y tiene su aquel.
Otros son más previsibles pero no por ello menos perturbadores, como es el caso de “La meningitis y su sombra”, que es de los más largos y que, sin embargo, se lee de un tirón y de forma amena porque mantiene una intriga amorosa difícil de imaginar. El amable final contrasta con la mayoría de los finales de Quiroga, marcados por la tragedia, la muerte y la injusticia que acecha a los débiles.

También hay relatos en los que la selva, el calor, el clima en sí mismo adquiere protagonismo, aunque se pueden ver también como la excusa para la reflexión sobre el mundo interior de un personaje en concreto, porque, en definitiva, en Quiroga, la psicología lo es todo.
También hay relatos peores, en fin, altibajos, como en todo compendio de relatos. O sea que uno contribuye con su criba y selecciona los que más o menos le han gustado.
Desde luego que Quiroga me ha sorprendido. “La gallina degollada” permanecerá en mi memoria como uno de los mejores relatos que he leído. No hay miedo a seguir citándolo; fijaos cómo comienza:

Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta.

El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.