

Prefacio de Francisco de Moncada
Para
mejor completar esta reseña he leído también la obra de Francisco de Moncada
(S. XVI) Roger de Flor y los almogávares,
en la que Sender se basa, y mucho, para la realización de la novela, basada a
su vez en otra de Ramón Muntaner, que participó de todas estas aventuras
increíbles.
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Las conquistas de los almogávares a lo largo de más de un siglo. No conocieron la derrota. |
Obviando sus simpatías políticas,
Sender es una de las mejores plumas de la narrativa española contemporánea, y
sus novelas históricas, que son las que aquí me ocupan, no han sido superadas
en la actualidad ni de lejos. Yo he leído cuatro, La aventura equinoccial de López de Aguirre, Mr. Witt en el Cantón, Imán
y la que nos ocupa. La primera narra la búsqueda del dorado, la segunda una
insurrección cantonal (prácticamente guerra civil) en el marco de la
I República Española, Imán es una novela antibelicista que narra las guerras de
Marruecos, con protagonismo del desastre de Annual, y por último Bizancio relata la increíble aventura de
los almogávares. Son todas, a mi entender, verdaderas obras maestras de la
narrativa castellana. Pérez Reverte ni se acerca a su nivel. Que conste que él
mismo lo dice, y que le dedica varias columnas del semanal, pues es, como yo,
rendido admirador de la prosa de Ramón J. Sender.
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Unos pocos soldados almogávares salvan primero el Imperio de Bizancio y luego lo saquean. |
Probablemente sea esta la más
irregular de sus novelas históricas, también la más extensa, pero si la he
elegido es porque la tengo fresca en el recuerdo y porque me dejó honda huella
y curiosidad. Tengo que confesar que me fascina la historia, más aún la política
que la social o económica, y aún resuena a veces en mi memoria el grito de
guerra de los almogávares: "desperta ferro, desperta ferro". No
entiendo muy bien el por qué los almogávares no han hecho más fama de la que
tienen, que en verdad es poca. No quiero entrar en disquisiciones políticas
sobre Cataluña y demás, pues siempre he considerado que la política para los
que de ella viven, pero me temo que algo tiene que ver con el olvido en que
cayeron este grupo de héroes. Después de ellos los tercios dominaron el campo
de batalla europeo durante 150 años, el mismo tiempo que los almogávares dieron
pábulo a su leyenda. Si queremos buscar otros hechos fantásticos como los que
ellos realizaron tenemos que fijarnos en Hernán Cortés, los 300 de Leónidas o
la expedición de los 10.000, la
Anábasis que tan
bien relata Jenofonte y que dará lugar más tarde o temprano a otra entrada de
este blog.
En cuanto a lo puramente narrativo, en verdad que la novela presenta claroscuros, momentos de grandísima fuerza narrativa y otros más flojos, donde Sender cae en la autocomplacencia y se centra en las desventuras amorosas del héroe principal de la historia, Roger de Flor, pero sobre todo de su enamorada y mujer de leyenda María Asanina. Pero salvando estos ligeros contrapuntos, la novela se deja leer bien, y ojalá que genere en vosotros lo que en mi, una curiosidad tremenda por saber más sobre esos guerreros legendarios llamados almogávares.