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martes, 4 de marzo de 2014

Bizancio - Ramón J. Sender


 Mi intento es describir la memorable expedición que los catalanes y aragoneses hicieron a las tierras de Oriente cuando su fortuna y valor competían en el aumento de su poder y estima. Llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de los griegos, en socorro y defensa de su imperio y casa, favorecidos y estimados en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido y temió su perdición y ruina, cuando por el esfuerzo de los nuestros quedó libre de ellas, maltratados y perseguidos con gran crueldad y bárbara fiereza, nació la obligación natural de mirar por su defensa y conservación como causa para volver sus fuerzas invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico. Dichas fuerzas fueron tan formidables que causaron temor y asombro a los mayores príncipes de Asia y Europa, y la perdición y total ruina a muchas naciones y provincias.
Prefacio de Francisco de Moncada
               Para mejor completar esta reseña he leído también la obra de Francisco de Moncada (S. XVI) Roger de Flor y los almogávares, en la que Sender se basa, y mucho, para la realización de la novela, basada a su vez en otra de Ramón Muntaner, que participó de todas estas aventuras increíbles.

Las conquistas de los almogávares a lo largo de más de un siglo. No conocieron la derrota.
                No, no me parece justo que se lea tanta novelilla histórica y no leamos a Sender. Toda esta novela histórica que tanto abunda me recuerda a la novela barata de kiosko de la segunda mitad del siglo XX, de vaqueros, rosa o policíaca. En calidad andan parejas.
           
Cuando se afronta a Sender hay que tener en cuenta que fue un autor despreciado por el bando ganador de la guerra civil española. Perdió a gran parte de su familia en la guerra, y su literatura gira en torno a una evolución política muy de la época, anarquista, luego comunista, después socialista, en fin, que no es de extrañar que la censura hiciera desaparecer su amplísima producción de las librerías españolas de post-guerra.
            Obviando sus simpatías políticas, Sender es una de las mejores plumas de la narrativa española contemporánea, y sus novelas históricas, que son las que aquí me ocupan, no han sido superadas en la actualidad ni de lejos. Yo he leído cuatro, La aventura equinoccial de López de Aguirre, Mr. Witt en el Cantón, Imán y la que nos ocupa. La primera narra la búsqueda del dorado, la segunda una insurrección cantonal (prácticamente guerra civil) en el marco de la I República Española, Imán es una novela antibelicista que narra las guerras de Marruecos, con protagonismo del desastre de Annual, y por último Bizancio relata la increíble aventura de los almogávares. Son todas, a mi entender, verdaderas obras maestras de la narrativa castellana. Pérez Reverte ni se acerca a su nivel. Que conste que él mismo lo dice, y que le dedica varias columnas del semanal, pues es, como yo, rendido admirador de la prosa de Ramón J. Sender.
Unos pocos soldados almogávares salvan primero el Imperio de Bizancio y luego lo saquean.
            Probablemente sea esta la más irregular de sus novelas históricas, también la más extensa, pero si la he elegido es porque la tengo fresca en el recuerdo y porque me dejó honda huella y curiosidad. Tengo que confesar que me fascina la historia, más aún la política que la social o económica, y aún resuena a veces en mi memoria el grito de guerra de los almogávares: "desperta ferro, desperta ferro". No entiendo muy bien el por qué los almogávares no han hecho más fama de la que tienen, que en verdad es poca. No quiero entrar en disquisiciones políticas sobre Cataluña y demás, pues siempre he considerado que la política para los que de ella viven, pero me temo que algo tiene que ver con el olvido en que cayeron este grupo de héroes. Después de ellos los tercios dominaron el campo de batalla europeo durante 150 años, el mismo tiempo que los almogávares dieron pábulo a su leyenda. Si queremos buscar otros hechos fantásticos como los que ellos realizaron tenemos que fijarnos en Hernán Cortés, los 300 de Leónidas o la expedición de los 10.000, la Anábasis que tan bien relata Jenofonte y que dará lugar más tarde o temprano a otra entrada de este blog.

            Para los apasionados de la historia quedan estas leyendas donde unos pocos pueden tanto. (Os dejo un reportaje de la radio que no tiene desperdicio y que explica cómodamente toda la historia de los almogávares).


            En cuanto a lo puramente narrativo, en verdad que la novela presenta claroscuros, momentos de grandísima fuerza narrativa y otros más flojos, donde Sender cae en la autocomplacencia y se centra en las desventuras amorosas del héroe principal de la historia, Roger de Flor, pero sobre todo de su enamorada y mujer de leyenda María Asanina. Pero salvando estos ligeros contrapuntos, la novela se deja leer bien, y ojalá que genere en vosotros lo que en mi, una curiosidad tremenda por saber más sobre esos guerreros legendarios llamados almogávares.