¡Oh
capitán, mi capitán! Nuestro azaroso viaje ha terminado.
El
club de los poetas muertos y múltiples recomendaciones me han encaminado a esta
lectura. Tengo que reconocer que me cuesta con la poesía, y que me ha llevado
semanas leerla, por fragmentos e intercalando fragmentos en inglés. También
debo decir que me ha sorprendido positivamente, por su profundidad y su
lenguaje sencillo, cercano y al mismo tiempo preciso.
¿Se
lee la poesía como una novela, de arriba a abajo, de principio a fin? ¿Se puede
hacer una reseña de un conjunto de poemas o basta con seleccionar aquellos que
te han llamado la atención durante una primeriza lectura?
Si
no consigues encontrarme al principio, no te desalientes,
Si
no me encuentras en un lugar, busca en otro,
Estoy
en alguna parte esperándote
Whitman
habla consigo mismo, en una continua búsqueda, asombrado ante la observación de
lo importante, de la vida, sí, es lo que más me ha llamado la atención, un
espíritu libre y curioso, asombrado ante la vida, ante la fuerza de la materia compleja
que se organiza aquí y en cualquier lugar del universo adquiriendo movimiento,
que se reproduce, que crece, que muere…
¿Has
pensado alguna vez que es afortunado nacer?
Me
apresuro a decirles a él o a ella que no es menos afortunado morir, y sé lo que
me digo.
Cuando
se observa la vida en sí, no se detiene uno en lo bueno o lo malo, no se
detiene uno en nimiedades, si acaso en ¿Dios?
Érase
un niño que se lanzaba a la aventura todos los días,
Y
en el primer objeto que miraba y aceptaba con asombro, piedad, amor o temor, en
ese objeto se convertía,
Y
ese objeto se hacía parte de él durante el día o una parte del día... o durante
muchos años o largos ciclos de años.
Whitman
lo ve todo, o todo lo quiere ver, con ojos de niño. Hay unos pocos hombres que
siempre miran con ojos de asombro, ojos de niño. Entre ellos está Whitman, que
no quiere preocuparse de cosas estériles, que no conoce la ambición y por tanto
tampoco la estupidez.
Y
la hierba, la hierba aparece aquí o acullá, símbolo de la vida más maravillosa y
sencilla, sin matices, sin grados, toda la vida es maravillosa y la hierba está
por todas partes.
Quédate
conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas,
Poseerás
lo bueno de la tierra y del sol… aún quedan millones de soles,
Nada
recibirás ya de segunda o tercera mano… ni mirarás a través de los ojos de los
muertos… ni te alimentarás de los espectros de los libros,
Tampoco
mirarás a través de mis ojos, ni aceptarás las cosas que te digo,
Escucharás
lo que te llega de todos lados y lo tamizarás tú mismo.
Me
preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?, trayéndomela a puñados;
¿Cómo
podría yo responderle?... Yo no sé lo que es mejor que él.
Dicen
por ahí que Whitman es el poeta de la democracia, supongo que por fragmentos
como este:
Me
inclino ante el esclavo de los algodonales o ante el que limpia
las
cloacas… le beso familiarmente la mejilla derecha,
Y
juro por mi alma que nunca lo negaré.
Pero
quizás es mucho decir, qué necesidad tenemos de construir encasillamientos
grandilocuentes. Whitman es autodidacta, no pertenece a estilos ni partidos, no
es nada convencional, pero sí que pertenece a esos que buscan y buscan, que adoran
la libertad, para sí y para el otro, la libertad para vivir, y para morir, y de
ahí su antigüedad y su modernidad, y su permanencia.
Nuestra
cita ha sido fijada a la perfección… Dios estará esperando a que lleguemos.