Por
mis manos caen diariamente decenas, cientos, incluso hay días que miles de
ejemplares. Sólo unos pocos llaman mi atención, y este es uno de ellos. El por
qué lo añado a una lista de clásicos es obvio, lo queramos o no, nos guste o
no, es un clásico. Os aseguro que yo, como cualquier otro lector, tacharía muchos
clásicos de cualquier humana lista. Pero lo que me ha llamado poderosamente a
leer este libro es la prohibición, y también la trascendencia, y también que se
trata de uno de esos períodos convulsos en la historia de la humanidad a los
que se puede y debe volver una y otra vez.
Y
tengo que concluir que ha sido una lectura provechosa. No hace mucho que leí a
Nietzsche y después, ojeando por ahí, me sorprendió que se tildara de
“peligrosos” a sus escritos, como por ejemplo Así habló Zaratustra. Cada uno
tiene su opinión al respecto, así como yo la mía. Y digo yo, ¿creéis que la
humanidad necesita excusas para demostrar su grandeza o su vileza? Egoísmo,
ambición, honestidad o compasión, son rasgos que se desarrollan en mayor o
menor medida en cada uno de nosotros en un momento u otro de nuestras vidas, a
veces sin nosotros mismos meditarlo o pretenderlo.
Desde
luego que prohibir un libro es una tentación enorme para cualquier avezado
lector. Es probable que Hitler entendiera mal a Nietzsche y abusara del término
“superhombre”. También pudo sentir confusión cuando Nietzsche se refiere a la
“chusma”, o incluso pudo hacerse a la idea, equivocada (pienso yo), de que
Nietzsche destaca del resto a una especie de sabia aristocracia.
En
fin. Los grandes clásicos son susceptibles de múltiples interpretaciones. Main
Kampf no, porque tiene una interpretación clara y unívoca, el dominio de la
raza aria sobre el resto, dominio ejercido a su vez por una aristocracia
natural en cuya cúspide está el propio Adolfito.
En
otro orden de cosas, el libro no tiene desperdicio para historiadores y
curiosos de uno de los períodos más convulsos de la historia de la humanidad,
que abarca desde 1900 a 1945, porque en definitiva explica la ebullición de la Alemania
nazi y las profundas contradicciones que anidan en la economía, la sociedad y
la política mundiales. En definitiva, sirve a los historiadores para explicar
lo que sucedió en Alemania durante el período en cuestión.

Hasta
el año 2015 ha sido prohibida en Alemania su impresión, fecha a partir de la
cual se liberalizó el copyright, que pertenecía al gobierno regional de
Bavaria. Dicha prohibición ha sido siempre polémica. Se pretende no incitar a
la violencia, evitar que sea mal entendida por el movimiento neonazi, pero
probablemente dicha prohibición suponga una fascinación añadida para jóvenes y
no tan jóvenes.
Dejemos
hablar a Adolf Hitler, qué tan inteligentemente explica sus razones para
escribir su obra:
Yo
sé que los partidarios conquistados merced a la palabra escrita son menos que
los conquistados merced a la palabra hablada y que el triunfo de todos los
grandes movimientos habidos en el mundo ha sido obra de grandes oradores y no
de grandes escritores.
No
obstante, la unidad y uniformidad en la defensa de cualquier doctrina exigen
que sus inextinguibles principios se formulen por escrito. Sea, por tanto, este
libro la piedra angular del edificio con que contribuyo al conjunto de la obra.
A
través de sucesos de su experiencia vital en el escenario de la todavía capital
del Imperio Austro-Húngaro, Viena, Hitler descubre, a su manera, cuáles fueron
las causas de la decadencia y caída del Imperio y cuáles son las medidas a
tomar para, primero, la supervivencia, y después el dominio de la raza
germánica sobre las demás.
Muy
pronto (en mi ejemplar de 350 páginas en la 32), Hitler lleva a cabo un resumen
de su ideología y propósitos:
La
doctrina judía del marxista rechaza el principio aristocrático en la
naturaleza, y en el lugar del eterno privilegio de la fuerza y la energía,
coloca su montón y su peso muerto de números. De esta suerte, niega el valor
del individuo, entre los hombres y combate la importancia de la nacionalidad y
de la raza, privando así a la humanidad de todo lo que significan su existencia
y su cultura. Esto provoca, por consiguiente y como principio del Universo, el
fin de todo orden concebible para la humanidad. Y como nada, fuera del caos,
podría resultar en aquel gran organismo discernible de la aplicación de
semejante ley, el único resultado para los habitantes de esta tierra
consistiría en la ruina.
Si
el judío conquistara, con la ayuda del credo marxista, las naciones de este
mundo, su corona sería la guirnalda fúnebre de la raza humana y el planeta volvería
a girar en el espacio, despoblado como lo hacía millones de años atrás.
La
naturaleza eterna sabe vengar en forma inexorable cualquier usurpación de sus
dominios.
De
aquí que yo me crea en el deber de obrar en el sentido del Todopoderoso
Creador: al combatir a los judíos cumplo la tarea del señor.
Con
semejante declaración de principios poco queda por decir. Su acentuada
megalomanía lo explica todo. Una pena que semejante sujeto dirigiera los
destinos del pueblo alemán.