La historia comienza cuando el joven Alekséi queda bajo el cuidado de sus abuelos y se ve obligado a mudarse a otra ciudad. Su abuelo es cruel y le pega a él al igual que a sus hijos o a su mujer. La brutalidad reina en su nueva familia, y nuestro buen muchacho tiene que hacerse un hombre para sobrevivir. Los caracteres son fuertes, sin medias tintas. En palabras del propio narrador, es este el espíritu ruso, aunque lo mismo se podría decir de España, y supongo que lo mismo también de otros países. Rusia, lo queramos o no, ha terminado por integrarse en Europa, y probablemente el rechazo que ha sufrido por nuestra parte viene de los intereses anglosajones y ahora estadounidenses.
Al parecer se trata del primer volumen de un grupo de tres, que tampoco tengo ningún interés particular por terminar. El libro llegó a mis manos como tantos otros, a partir de un trabajo de catalogación. La verdad que me apetecía leer más otros del autor, como por ejemplo Bajos fondos. El libro no tiene ningún valor económico ya; de hecho no tiene demanda y se pueden encontrar ediciones baratas de bruguera con carácter juvenil. No me pude resistir a leerlo abundando en el prejuicio que actualmente persigue al autor. Leí La madre y su prosa me pareció brillante, la temática fruto de una época y un país sometido a la convulsión de la revolución proletaria, que marca una época ya cerrada y sin fisuras. La prosa vuelve a brillar aquí, con la virtud de que se deja leer. Tiene semejanza con muchas otras novelas autobiográficas que retroceden hasta la infancia. Ni qué decir que no tiene ni el más mínimo tinte revolucionario.
Cierto que Gorki fue marxista en sus comienzos, pero la oposición al zarismo era una condición que cada uno llevaba como podía en aquellos tiempos. Luego también mostró su oposición al bolchevismo intransigente resultante de la Revolución y la Guerra Civil. A los lectores de novela les suele resultar descabellado leer historia. Supongo no tienen preparación previa, les resulta en extremo pesada y complicada de leer; por lo general, el lector medio prefiere novelas históricas, si acaso directamente novelas adictivas. Leer historia les parece demasiado. Claro que cuando un lector ha navegado los senderos de la historia, de la filosofía y de las múltiples ramas que prenden del ser humano, adquiere otra perspectiva.
Una de mis frases favoritas viene muy al caso, “Tout comprendre c'est tout pardonner”, atribuida a Madame de Staël. No requiere de traducción.
En el caso de Gorki, ni siquiera
es necesario comprenderlo, basta con conocer retazos de su biografía. La madre
se publicó en 1906, una fecha en la que nadie contaba para nada con los
bolcheviques; la Revolución por aquel entonces significaba fin del Zarismo
autoritario. A decir de la crítica literaria, sus obras posteriores afrontan la
Revolución Rusa de manera diferente, pero una vez que la fama se abre camino, ya
no hay nada que hacer. Gorki ha sido considerado el escritor de la Revolución y
sus obras apenas han llegado a Occidente.
En plena revolución bolchevique, se muestra crítico con la represión política. Termina en el exilio italiano, pobre y olvidado, de tal manera que acepta regresar de la mano de Stalin en 1932. El regreso de la Italia fascista a la URSS es considerado como un triunfo de la propaganda soviética, y de ahí llegamos a la manipulación de su imagen y su obra.
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| Chejov con Gorki |
Tiempos duros que engrandecen la figura del escritor, al menos a mis ojos. Sirva como reflexión, como nueva vuelta de tuerca a la literatura rusa, que todavía hay quien la reduce a Tolstoi y Dostoievski.









