lunes, 11 de mayo de 2026

Días de infancia (1914), de Máximo Gorki



La historia comienza cuando el joven Alekséi queda bajo el cuidado de sus abuelos y se ve obligado a mudarse a otra ciudad. Su abuelo es cruel y le pega a él al igual que a sus hijos o a su mujer. La brutalidad reina en su nueva familia, y nuestro buen muchacho tiene que hacerse un hombre para sobrevivir. Los caracteres son fuertes, sin medias tintas. En palabras del propio narrador, es este el espíritu ruso, aunque lo mismo se podría decir de España, y supongo que lo mismo también de otros países. Rusia, lo queramos o no, ha terminado por integrarse en Europa, y probablemente el rechazo que ha sufrido por nuestra parte viene de los intereses anglosajones y ahora estadounidenses. 

Al parecer se trata del primer volumen de un grupo de tres, que tampoco tengo ningún interés particular por terminar. El libro llegó a mis manos como tantos otros, a partir de un trabajo de catalogación. La verdad que me apetecía leer más otros del autor, como por ejemplo Bajos fondos. El libro no tiene ningún valor económico ya; de hecho no tiene demanda y se pueden encontrar ediciones baratas de bruguera con carácter juvenil. No me pude resistir a leerlo abundando en el prejuicio que actualmente persigue al autor. Leí La madre y su prosa me pareció brillante, la temática fruto de una época y un país sometido a la convulsión de la revolución proletaria, que marca una época ya cerrada y sin fisuras. La prosa vuelve a brillar aquí, con la virtud de que se deja leer. Tiene semejanza con muchas otras novelas autobiográficas que retroceden hasta la infancia. Ni qué decir que no tiene ni el más mínimo tinte revolucionario.

Cierto que Gorki fue marxista en sus comienzos, pero la oposición al zarismo era una condición que cada uno llevaba como podía en aquellos tiempos. Luego también mostró su oposición al bolchevismo intransigente resultante de la Revolución y la Guerra Civil. A los lectores de novela les suele resultar descabellado leer historia. Supongo no tienen preparación previa, les resulta en extremo pesada y complicada de leer; por lo general, el lector medio prefiere novelas históricas, si acaso directamente novelas adictivas. Leer historia les parece demasiado. Claro que cuando un lector ha navegado los senderos de la historia, de la filosofía y de las múltiples ramas que prenden del ser humano, adquiere otra perspectiva.

Una de mis frases favoritas viene muy al caso, “Tout comprendre c'est tout pardonner”, atribuida a Madame de Staël. No requiere de traducción.

En el caso de Gorki, ni siquiera es necesario comprenderlo, basta con conocer retazos de su biografía. La madre se publicó en 1906, una fecha en la que nadie contaba para nada con los bolcheviques; la Revolución por aquel entonces significaba fin del Zarismo autoritario. A decir de la crítica literaria, sus obras posteriores afrontan la Revolución Rusa de manera diferente, pero una vez que la fama se abre camino, ya no hay nada que hacer. Gorki ha sido considerado el escritor de la Revolución y sus obras apenas han llegado a Occidente. 

En plena revolución bolchevique, se muestra crítico con la represión política. Termina en el exilio italiano, pobre y olvidado, de tal manera que acepta regresar de la mano de Stalin en 1932. El regreso de la Italia fascista a la URSS es considerado como un triunfo de la propaganda soviética, y de ahí llegamos a la manipulación de su imagen y su obra.

Chejov con Gorki

Tiempos duros que engrandecen la figura del escritor, al menos a mis ojos. Sirva como reflexión, como nueva vuelta de tuerca a la literatura rusa, que todavía hay quien la reduce a Tolstoi y Dostoievski.

martes, 14 de abril de 2026

Pabellón de reposo (1944), Camilo José Cela

 

Nuestro premio nobel escribió esta, su segunda novela, después de La familia de Pascual Duarte. Publicada por entregas primero y luego en formato libro. Nos cuenta las experiencias de siete enfermos de tuberculosis internados en un sanatorio, con alguna relación e influencia de La montaña mágica de Thomas Mann. Necesario decir que Cela sufrió la enfermedad y alguna estancia en un sanatorio de Madrid, y que la posguerra fue el caldo de cultivo ideal para que la enfermedad adquiriera tintes de epidemia, justo antes de ser inventada la cura mediante antibióticos (en 1943).

Digo todo esto porque la novela fue muy mal recibida por la crítica, que esperaba otra cosa después del éxito de su primera novela. El registro literario es completamente diferente. A mí particularmente nada me ha llamado la atención. En ocasiones pensé que la novela estaba destinada al público femenino. Incluso el tema de la muerte, lógicamente siempre presente, no me ha causado ninguna impresión, que pudiera haber sido utilizado con mucha mayor intensidad. Hay símbolos como el vómito de sangre, el ataúd, pero no hay implicación del autor, hay desapego en la forma epistolar. En fin, que tratándose de un tema que Cela vivió en primera persona, no se ve reflejado al autor en ningún personaje, no se siente nada a flor de piel.

Por un lado, la novela es muy corta y se lee fácil, está compuesta de capítulos minúsculos a la manera de anotaciones en un diario o cartas personales. Son siete pacientes, relacionados entre sí. Por otro lado, cuesta digerir la novela porque no hay un verdadero argumento, no hay trama propiamente dicha, nada que nos haga vibrar. Y la verdad que Cela no suele presentar tramas, pero lees Viaje a la Alcarria, cuya lectura (relectura) estoy alternando, y no te hace falta porque cualquier fragmento te procura placer.

Antes de dar mi crítica negativa, he leído alguna otra crítica positiva, críticas por cierto en exceso académicas, que parecen tesis. Estas destacan la ternura, la cercanía de la muerte, destacan también la estructura, que resulta moderna y original, la caracterización de los personajes a través de los números de las habitaciones…, pero a mí no me parecen nada más que excusas, porque la calidad de una novela no está en la complejidad, o en la arquitectura, sino en lo que nos logra transmitir, y a mí, personalmente, no me ha transmitido nada, seguro que a otros sí.

En todo caso, Cela enderezó su carrera con otras novelas. Presenta luces y sombras. A mí personalmente me hubiera gustado ver el premio nobel en otras manos. La guerra y el exilio truncaron la trayectoria de una generación interesante, y la literatura franquista, de posguerra, deja mucho que desear. Cela era un hombre del régimen, polémico en demasiados aspectos, y poco propenso a escribir literatura de sí mismo, un hombre, qué duda cabe, muy preocupado por su carrera, por alcanzar el éxito. Yo prefiero a esos escritores malditos que vuelcan en sus escritos sus obsesiones más profundas. No es más que una manera de leer, que no es poco.

Y terminar con la NOTA, de Camilo José Cela, que inicia mi edición, quizás una contestación, o una disculpa, por las rotundas críticas recibidas. Que sirva en su descargo.

 

Ofrezco hoy a mis lectores un libro, para mí, difícil de clasificar. Quizá por su misma intención, por lo que él ha querido ser y yo no he evitado.

… En él la acción es nula y la línea argumental tan débil, tan sutil, que a veces se escapa de las manos.

Hasta qué punto un libro concebido con esta preocupación técnica ―o estética, como queráis― es una novela, es cosa que yo no sé. A caballo sobre la Preceptiva, no creo que faltaran argumentos para afirmar o negar lo que nos propusiéramos.

Decía Dostoievski ―y esto me causa cierto temor― que la preocupación por la estética es la primera señal de impotencia.

Es posible que sea verdad…


 

jueves, 9 de abril de 2026

Los hechos del Rey Arturo y sus nobles caballeros (1976), John Steinbeck.

 

Este es un libro que se puede comprar en una librería de viejo por unos pocos euros. Se vende poco, y probablemente se vendería mejor si los lectores supieran en qué consiste, pues viene a ser la mitología del mundo anglosajón, y la mitología sí que vende.

El libro es una adaptación de la leyenda artúrica, basada en el texto del Manuscrito de Winchester de La muerte de Arturo, de Thomas Malory, a decir del propio autor para que lo pudieran leer sus hijos, así como otros no tan jóvenes. Al final de mi edición figura un apéndice con cartas que explican el proceso de la escritura, que son muy interesantes y explican el complejo proceso de documentación y adaptación que lleva a cabo Steinbeck. A decir verdad, me han gustado más las cartas que la historia propiamente dicha, así como la lectura de fragmentos aquí o acullá acerca de las novelas de caballerías; la lectura como excusa.

Malory escribió en el siglo XV, pero las leyendas circulaban de manera oral desde mucho antes, así que Steinbeck hizo lo mismo que Malory, una reescritura consciente. El nombre de Arturo y referencias a su reinado se encuentran en antiguos manuscritos del siglo XI y principios del XII. El escritor francés Chrétien de Troyes (segunda mitad XII) ya debió inspirarse en la obra del historiador galés Godofredo de Monmouth, que escribió en la primera mitad del siglo XII. Nada más que un poquito de erudición.

Steinbeck siguió la estructura de Malory, pero exploró la base psicológica de los eventos y ajustó el uso del lenguaje para que suene natural y accesible para un hablante de inglés moderno. Dice el mismo autor, sobre la trascendencia del mito:

 

Mi propósito consiste en verterlo en un lenguaje que sea comprensible y aceptable para el lector de hoy. Creo que hacer esto no sólo es importante sino también muy práctico, puestos que estas historias configuran, junto con el Nuevo Testamento, el fundamento de casi toda la literatura moderna de habla inglesa. Y puede demostrarse y habrá de demostrarse que el mito del Rey Arturo perdura aún en el presente y que es parte inherente de lo que denominan western que tanto abunda en la televisión de nuestros días: los mismos personajes, los mismos métodos, las mismas anécdotas, sólo que hay armas levemente diferentes y por cierto una diferente topografía. Pero si cambias a los indios y los pistoleros por los sajones y los pictos y los daneses, tienes exactamente la misma historia. Tienes el culto al caballo, el culto del caballero. Los parangones con el presente no son muy forzados, y además las incertidumbres de la época presente se asemejan mucho a las incertidumbres del siglo XV.

 

En definitiva, es un trabajo intelectual y elaborado. Hay que subrayar que no contiene todas las historias de Arturo, pues está inacabado. De hecho, termina justo cuando comienza el asunto entre Ginebra y Lanzarote.

Tengo que reconocer que yo llegué atraído por la relación con la novela caballeresca ibérica, y me he quedado a las puertas. Supongo que habrá una relación, pero no he dispuesto de materiales de primera mano para encontrarla. La inteligencia artificial dice que:

 

«la relación entre la novela caballeresca española y el rey Arturo es de dependencia directa y posterior evolución: la materia de Bretaña (el ciclo artúrico) constituyó la base estructural, temática y estética sobre la que se construyeron los libros de caballerías españoles, alcanzando su máxima expresión en el Amadís de Gaula.

A finales del siglo XIV y durante los siglos XV y XVI, la narrativa española volvió su mirada hacia los héroes artúricos cultivados en Francia (Chrétien de Troyes) para crear sus propios paladines.»

 

Me gustaría atacar el Amadís de Gaula, aunque sea como prolegómeno de una penúltima lectura del Quijote.

domingo, 29 de marzo de 2026

El matarife (1924), Sándor Márai.

 


Ahora que comienza un nuevo ciclo bélico en el mundo, es buen momento para volver a las novelas bélicas, que generalmente nos advierten de los desastres de la guerra. Aterroriza pensar lo que se nos viene, pues las armas han alcanzado una mayor sofisticación y tarde o temprano veremos algún hongo nuclear.

Y sí, El matarife es, como bien dice el nombre, la historia de un asesino, desde su más tierna formación hasta su conclusión. Comienza con una gestación un tanto fantasiosa para desembocar en la más cruda realidad, la guerra como telón de fondo, contexto de barbarie que da rienda suelta a los más bajos instintos de la humanidad.

Sí, la guerra, como la crisis, es la oportunidad para que unos pocos se enriquezcan, caldo de cultivo en el que el psicópata se mueve a sus anchas. Atravesamos la Primera Guerra Mundial y terminamos en el período de entreguerras, con el imperio austrohúngaro en crisis como contexto.

Mi edición de Salamandra habla de ópera prima del maestro. Sin embargo, tras mis ridículas búsquedas, apenas he encontrado datos sobre la novela. En todo caso, aporto mi granito de arena para que alguien más se acerque a Sándor Márai, un escritor que en su tiempo gozó de un prestigio comparable al de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cierto que Márai se caracteriza por ahondar en la conciencia humana, y en esta ocasión se queda en la superficie, de manera que nos regala una lectura de una sentada. No está, ni de lejos, entre las mejores novelas del maestro, y aún así es un regalo.

martes, 17 de marzo de 2026

Mansfield Park (siglo XIX), Jane Austen.

 


Activo o no, este blog viene recibiendo desde su creación entre 50 y 100 visitas al día. Desde hace un tiempo, ni tan siquiera un año, dicho número de visitas se ha venido aumentando entre un 200 ó 300 por ciento, y subiendo. Todo hace indicar que la culpa es de la inteligencia artificial. Desde las estadísticas surgen extraños, como la procedencia, por países, de dichas visitas.

Como bien os podéis imaginar, si algún interés habéis puesto en mis reseñas, hay veces que poco o nada tienen que ver con la literatura, y sin embargo sí, y mucho, con el espíritu, con la personalidad, con mi forma de entender el mundo y el hombre. Se observa, cómo no, un aprendizaje, una evolución.

La verdad sea dicha que me intereso más por el ensayo que por la literatura, pues sufro del afán por aprender, y cuando leo literatura busco en ella al hombre y su talante más que un ligero pasatiempo (me hallo en las antípodas de la pretenciosidad, no hay una cosa mejor que la otra, puro relativismo). Por ello a menudo critico a los mismos dioses, que en este yermo páramo no son otros que los clásicos de la literatura. El lector común cree que a los dioses no se les puede poner tacha, y digo yo que no se le puede hacer mejor homenaje a un maestro que el leerlo con intensidad. Entiéndalo cada cual como quiera. Los escritores gustamos de los buenos lectores, que escondidos andarán si es que usan de la razón.

El caso que no me arredro a la hora de sacar punta a los clásicos, como es el caso de la presente novela; en este caso ni le saco punta, solamente vierto una impresión negativa. Hace tiempo que leí con entusiasmo Emma, de la maestra Austen, y ahora he chocado con Mansfield Park, una novela que varias veces estuve a punto de abandonar pero que terminé con pundonor para dejar huella de su lectura en este apartado blog. Nada que ver una novela con la otra, o esas son las sensaciones que he sacado de una primera lectura; segunda lectura os aseguro que no habrá.

La protagonista, Fanny Price, es acogida como un favor por sus parientes ricos, que ocupan la mansión de Mansfield Park. Ni qué decir que Fanny es el resultado de ir añadiendo todos los atributos de lo que puede ser considerado como el bien, o sea, un personaje por completo alejado de la realidad.

Otros personajes son tratados con mejor fortuna, pero en líneas generales me ha parecido una novela previsible y prescindible, y no considero necesario hacer más análisis porque otros lo harán mejor que yo. Se ambienta en los años de las guerras napoleónicas pero apenas se mencionan estas, aunque esto sucede en toda la novelística de Austen y ello no le impide escribir grandes novelas. Tampoco se menciona la Revolución industrial, que está transformando el mundo, ni el esclavismo, que, a tenor de la crítica, está en el origen de la riqueza de la familia que habita las páginas de la novela.

En definitiva, creo que mi trayectoria por Jane Austen está siendo un tanto errática, de manera que he pasado de una buena novela a otra irregular (por no decir mala). Y esto me ayuda a enlazar con la introducción y el motivo de mi reseña, la inteligencia artificial.

¿Qué es la inteligencia artificial? Debe ser una gran pregunta porque las respuestas son variopintas. Viene a ser el manejo de algoritmos y de grandes bases de datos para realizar tareas que se asemejan a la inteligencia humana; de ahí a aprender por sí misma y adquirir capacidad crítica, es un paso que por el momento dudo que lo tengan muchos humanos, incapaces siquiera de discernir la verdad de la mentira de aquello que les transmite la aviesa televisión.

Así que, cuando le preguntas a la inteligencia artificial por Mansfield Park, que lo he hecho, te habla de sus pros y sus contras de forma muy sencilla y esquematizada, resumiendo lo que ya ha dictado, de forma acertada o no, la crítica literaria. Ya te sirve lector, más que esta reseña vacía. Pero yo no pierdo el hilo, y me sigo preguntando por las visitas que recibe el blog de parte de la inteligencia artificial, que, a mi humilde manera de ver, tiene poco de inteligente.

Supongo también que el algoritmo hará limpieza y se quedará con los mejores números, o sea con las páginas más visitadas, más prestigiosas, más fuertes en definitiva, que no más fiables. Se desechará lo particular o “raro”, como este blog, y la opinión más generalizada se llevará el gato al agua, que no tiene por qué constituir el equivalente a la razón.

Así que, no me hagáis mucho caso, probablemente me equivoque en todo, porque según la inteligencia artificial:

 Mansfield Park (1814) es una de las novelas más complejas y menos “ligeras” de Jane Austen. A diferencia de obras más populares como Orgullo y prejuicio, aquí el tono es más serio y moral, con una protagonista introspectiva y una crítica social más sutil…