Siempre me ha llamado la atención cómo la mayoría de blogs literarios escriben con entusiasmo y largueza sobre novelas de actualidad, esas que adquieren fama volátil, como cerillas que se prenden y luego con la misma celeridad se apagan para pasar al olvido, mientras que, en cambio, cuando reseñan grandes clásicos de la literatura pasan de puntillas, se limitan a parafrasear las conclusiones de una crítica ya secular, concluyen que es una gran obra y nada más, como si tuvieran prisa por pasar página y olvidar el tedio sufrido para disfrutar de nuevo de una de esas novedades que rebosan los escaparates de nuestras librerías.
Tempus
fugit. Prefiero exponerme al equívoco antes que rendirme al tedio de la crítica
establecida, como si las grandes historias hubieran perdido ya frescura, como
si ya no fueran capaces de aportar nada nuevo al lector ávido por conocer lo
mejor que ha dado esa que constituye su amada afición.
Me
ha costado mucho terminar la lectura de Los hermanos Karamazov, quizás porque
la he intercalado con otras lecturas, varias nouvelle de Turguéniev que han
eclipsado por completo a Dostoievski, y el Curso de literatura rusa de Nabokov,
extremadamente crítico con el maestro.
Tengo
que decir que esta novela es considerada por el autor su obra maestra,
probablemente la más leída y la que mayor fama le reportó. Fue publicada por
entregas y se notan los altibajos, característicos, por otro lado, de la prosa
del maestro. Es una novela muy larga, inacabada incluso porque el autor
pretendía hacer una segunda parte que iba a transcurrir 13 años después de los
hechos narrados.
Leer
a Dostoievski es una experiencia extraña, como subirte a una montaña rusa. Por
momentos te aburre y de pronto te ves sumergido en las pasiones más agitadas imaginables.
Dostoievski me gusta y me disgusta. Siente debilidad por los caracteres extremos,
a los cuales coloca en situaciones límite ante las cuales tienen que responder
poniendo toda la carne sobre el asador. Dichas situaciones aportan dramatismo,
tocan la fibra sensible y al mismo tiempo plantean temas universales como el
destino y el libre albedrío, la caridad cristina, la compasión frente a la
violencia, el odio, el amor, la lealtad.
No
podemos obviar que Rusia atraviesa una encrucijada. Quién iba a imaginar el
devenir de un pueblo que se debatió con tanta fuerza contra la autocracia
zarista, y que terminó cayendo en una dictadura todavía más estricta, la
soviética. Solamente la situación de efervescencia en la que se hallaba el
pueblo ruso es capaz de explicar semejante devenir.
«En
realidad, a todos estos socialistas (dijo), anarquistas, ateos y
revolucionarios, no los tememos mucho; los vigilamos y estamos al corriente de
sus pasos. Pero hay entre ellos, aunque pocos, algunos individuos curiosos: se
trata de individuos que creen en dios, cristianos, y, al mismo tiempo, socialistas.
¡A éstos es a quienes más tememos, ésa es gente temible! El socialista
cristiano es más terrible que el socialista ateo.»
A
grandes rasgos la novela me ha saturado. Aclamada como una de las grandes joyas
de la narrativa universal, yo considero que es mejor acercarse a Dostoiveski a
través de cualquier otro de sus trabajos. No por el estilo ni el contenido, que
es el propio del maestro, sino más bien por la extensión. Entiendo las exigencias
del folletín, y también que Dostoievski andaba escaso de dinero. La estructura
es más sencilla de lo que pueda parecer exteriormente, una historia
detectivesca, un largo planteamiento en el que se sitúa a los miembros de una
familia desestructurada, un asesinato y el camino que se recorre para
esclarecer sus móviles. Los personajes no son demasiados, nada que ver, por
ejemplo, con Guerra y Paz. Por ejemplo, hay dos personajes como el joven Kolia,
o el stárets (santo) Zósima, a los cuales Dostoievski dedica alrededor de 50
páginas (¡a cada uno!, de un total de 800) que no aportan absolutamente nada a
la historia. Las necesidades del folletín. Pero hay más, por poner otro
ejemplo, el discurso final del fiscal en el juicio, de un tal Ippólit
Kirillovich, ¡Estamos hablando de un discurso de 32 páginas! El discurso del
abogado defensor contiene 25 páginas más.
A mi modo de ver es una novela demasiado pretenciosa. Fiodor Pavlovich es el padre de tres hijos, Dimitri, Iván y Aliosha, fruto de dos matrimonios distintos. Un posible hijo bastardo, Smerdiákov, epiléptico, viene a complicar todavía más el panorama. Dos mujeres, Grushenka y Katerina Ivanovna, revolotean alrededor. Aunque hay muchísimos más personajes secundarios, todo hay que decirlo, Dostoievski se maneja con maestría y, si se lleva a cabo una lectura atenta y pausada, uno se hace sin problemas con los personajes pese a la complejidad del patronímico ruso.
Fiodor
Pavlovich y su hijo Dimitri son probablemente los personajes mejor tratados. El
mismo Fiodor se define a sí mismo por medio de la conversación:
Precisamente
cuando me acerco a la gente siempre me parece que yo soy el más vil de todos y
que todos me toman por un bufón; así que me digo «¡Hala!, voy a hacer de
bufón, no tengo miedo a lo que penséis, porque todos, ¡absolutamente todos,
sois más canallas que yo!». Por esto soy un bufón, soy bufón por vergüenza,
gran stárets, por vergüenza. Si alboroto es sólo por timidez. Si estuviera
concvencido de que cuando entro en un lugar todos van a tomarme por un hombre
encantador e inteligente, ¡Sios del cielo, qué buena persona sería yo entonces!
¡Maestro! ―repentinamente se hincó de rodilla―, ¿qué he de hacer para alcanzar
la vida eterna?
Como
sucede en las novelas de Dostoievski, y de cualquier autor que se precie, elementos
de su propia vida entran a formar parte de la trama. Aliosha al parecer
representa las virtudes que Dostoievski hubiera querido para un hijo ideal, el
que perdió cuando tenía tan solo tres años de edad a causa de una enfermedad
que le transmitió en herencia, la epilepsia. Es un personaje un tanto extraño,
de difícil encaje, digamos que se acerca a la persona de un santo.
Dimitri
es impulsivo pero noble, comete las mayores vilezas que uno pueda imaginar,
dilapida una fortuna en una sola noche y al mismo tiempo es capaz de las
virtudes más honorables.
«Seré un
asesino y un ladrón ante el asesinado y desvalijado, ante todo el mundo, y me
mandarán a Siberia, pero prefiero esto a que Katia tenga derecho a decir que la
he traicionado, que, además, le he robado y que con su propio dinero he huido con
Grushenka para empezar a vivir una vida virtuosa. ¡Eso nunca!»
Nabokov,
en el Curso de literatura rusa, pretende desmitificar a Dostoievski. Por supuesto
que mi juicio se ha visto influenciado, al tiempo que Nabokov me ha
proporcionado una lectura aguda sin la cual hubiera pasado por alto detalles
importantes.
Como
ejemplo, dice Nabokov que Dostoievski no tenía talento como novelista pero sí
como dramaturgo. Esta afirmación la acompaña de ejemplos, y es agradable
observar a posteriori, en la lectura, dicho análisis, que enriquece la lectura
y mejora nuestra capacidad crítica.
En
fin, una rudimentaria reseña para una novela de la que se puede hablar largo y
tendido. Para muchos críticos está entre las mejores piezas de la historia de
la literatura universal, así que no tenéis por qué estar de acuerdo con mi
crítica, ni siquiera con la del maestro Nabokov. La magia de la lectura reside
en que cada uno elabora la suya propia.