
Quien
piensa que la novela está periclitada es porque no entiende la novela como un
motivo para la reflexión, para el camino interior.
Coetzee
ofrece múltiples lecturas.
Yo
suelo afrontar las lecturas sin el apoyo de la crítica literaria. Sin embargo,
a veces ojeo por internet o mejor aún si tengo algún libro al respecto a mano.
En esta ocasión he dado con una reseña interesante, la de Liliana Costa, aquí: https://lilianacosta.com/desgracia/
No
es necesario que la leáis, aunque a buen seguro os va a ofrecer mucho más
contenido que yo. Se trata de una crítica académica, que analiza el texto como
pudiera hacerse en la Universidad. Con esto quiero decir que un lector
mínimamente atento no es capaz de ver todo lo que ve un analista. Lógicamente,
pues el estudioso se enfrenta a la novela con herramientas y tiempo por
delante. Supongo que lee la novela no una sino varias veces.
Pero
los lectores comunes no leemos las novelas para analizarlas, leemos por razones
distintas, cada cual las suyas, y yo no estoy en condiciones de exponer las
mías porque ni siquiera alcanzo a definirlas.
Desde
luego que mi lectura ha sido reflexiva. Rara vez un escritor vivo me empuja de
tal manera a la reflexión. Por supuesto que yo me he detenido en aquellos
asuntos que me sirven para interpretar mi propia realidad. Por supuesto que yo no
he sido capaz de ver todo lo que Liliana Costa ha visto, pero ¿acaso importa? Si
hubiera leído la novela sin la crítica de Liliana estoy seguro que hubiera sido
esta igual de satisfactoria.
Por
poner un par de ejemplos, yo no había visto una evolución en las desgracias:
desde la primera, la menor, cuando nuestro héroe, David Lurie, tras dos
matrimonios fallidos, pierde de vista a la prostituta que le proporciona un
único remanso de paz durante un par de horas a la semana. ¿Dicha desgracia
desencadena el resto?
La
verdad que el comienzo de la novela es envidiable. La trama, el argumento, es
la telaraña que nos impele a seguir adelante, la reflexión es el material con
el cual se teje la novela.
A
mi modo de ver el buen escritor no puede perder de vista estos dos elementos,
entretenimiento y reflexión. Ya lo hizo Cervantes.
La
geografía, la situación sociopolítica de Sudáfrica, no constituyen más que el
telón de fondo de la novela, un telón muy interesante por cierto. Los temas son
variopintos, el paso de la edad y el enfoque del deseo sexual, el prejuicio, la
moral, el conflicto generacional, la resolución de conflictos, el interés, la hipocresía,
en definitiva la conducta humana, Coetzee lo tiene todo.
Otro
ejemplo está en el tema del lenguaje, que a mí me hubiera pasado del todo
desapercibido de no ser por la crítica de Liliana Costa. También, vía you tube,
he descubierto que Coetzee es lingüista y que desconfía de las estructuras
mentales que procura cada lengua. También que los españoles pronunciamos mal su
nombre: “Cotzía”.
Cada
vez está más convencido de que el inglés es un medio inadecuado para plasmar la
verdad de Sudáfrica. Hay trechos del código lingüístico inglés, frases enteras
que hace tiempo se han atrofiado, han perdido sus articulaciones, su capacidad
articulatoria, sus posibilidades de articularse. Como un dinosaurio que expira
hundido en el fango, la lengua se ha quedado envarada.
Tampoco
hubiera apreciado la dicotomía campo – ciudad. En fin, que apenas he apreciado
la estructura del relato. Sin embargo, me pregunto, ¿y qué más da? Es más,
incluso me ha dado por pensar si acaso Coetzee tampoco se haya dado cuenta de
algunos detalles que no han pasado desapercibidos a la crítica literaria. Por
ejemplo esa dicotomía campo ciudad, ¿estaría en la mente del escritor o es tan solo
una interpretación de un individuo? A veces incluso me da la sensación de que
la interpretación de un solo individuo se repite tantas veces que termina por
convertirse en verdad.
Sirva
una frase en boca del protagonista, David Lurie, para acompañar mis
reflexiones.
―No, no
he solicitado asesoramiento alguno, y tampoco tengo intención de hacerlo. Soy
un hombre adulto. No soy receptivo a los consejos. Me encuentro al margen del alcance
que puedan tener los consejos.
Como
sucede con las grandes novelas son los personajes los que nos engatusan, los
que nos atrapan. Llevo dos novelas de Coetzee y estoy encantado con sus
protagonistas, una copia deformada a conveniencia del propio Coetzee. Son
personajes un tanto quijotescos, aparentemente absurdos pero que sirven muy
bien para reflejar el absurdo de la propia sociedad.
También
imagino que los protagonistas de Coetzee desagradarán sobremanera a muchos
lectores. El nobel ayuda.
No
le agradan las mujeres que no se esfuerzan por resultar atractivas. Es una
reticencia que ha tenido antes con las amigas de Lucy. No es que se sienta
orgulloso: es un prejuicio que se ha hecho sitio en su ánimo, que se ha
instalado en él. Su ánimo se ha tornado un refugio para los pensamientos
viejos, vagos, indigentes, que no tienen otro sitio al que ir.
En
fin, y vosotros ¿qué preferís? ¿Qué os den el texto desmenuzado o labrar
vuestro camino propio? ¿quizás una mezcla de ambos?