Este es uno de esos ensayos de divulgación que han gozado de la fortuna que otorga una fama primeriza, de manera que incluso hoy en día sigue reeditándose. Trata de los comienzos de la arqueología, tomando como referencia sus personalidades más ilustres, Schliemann, Campollion, Evans, Botta, Carter...
El propio autor se resume perfectamente:
Aconsejo al lector que no empiece la lectura de este libro por la primera página. E insisto en ello porque conozco la poca fe que se concede a las afirmaciones más rotundas de un autor que tenga que presentar una materia de extraordinario interés, y de lo poco que esto sirve, sobre todo cuando el título promete una novela de la Arqueología, ciencia que para todos es una de las más áridas y aburridas. Por estas consideraciones, recomiendo empezar la lectura en la página 87, leer primero el capítulo sobre Egipto, el llamado “Libro de las pirámides”. Entonces tendré la esperanza de que hasta el lector más desconfiado adopte una postura benévola respecto a nuestro tema y se decida a dejar de lado ciertos prejuicios muy extendidos…
Este libro ha sido escrito sin ambición científica alguna. Más bien he intentado presentar el objeto de estudio de los investigadores y sabios, en su matiz emocional más íntimo, en sus manifestaciones dramáticas, en su relación hondamente humana.
Ciertamente que la arqueología que Ceram nos presenta no tiene nada que ver con la disciplina científica que es en la actualidad. Ceram nos habla de los comienzos de la disciplina, cuando los grandes descubridores eran, a la par que arqueólogos, aventureros, diplomáticos o comerciantes.
A ver, la Arqueología aquí descrita ni se asemeja a las aventuras de Indiana Jones ni a la ciencia actual. Cierto que todo lo relativo a ella se hallaba adornado por un aura de romanticismo.
Apuntes al margen como los citados son de gran valor para pintarnos un cuadro vivo de los mil pequeños contratiempos con que se enfrenta la investigación arqueológica. Las publicaciones científicas, los libros que presentan al mundo profesional los resultados de un trabajo de varios años, no contienen generalmente nada de esto. Silencian la dura lucha contra el clima, contra los indígenas que no tienen comprensión y, a veces, ni sentido común, contra una autoridad local recelosa, contra los maleantes, contra la rebeldía inesperada e injustificada de los trabajadores indígenas por los motivos más insospechados.
Quizás me equivoco, pero la mayoría de los lectores de clásicos suelen intercalar sus lecturas con otras que dicen ser menos sesudas. En unos casos se decantan por la novela histórica, en otros por la novela negra y, en otros, como es mi caso, con la lectura de ensayo u otras disciplinas como pueden ser la historia, la geología, la astronomía o la filosofía, que significan, para mí, una dulce evasión de las rutinas cotidianas.
Esta pequeña obra que presento me parece una buena opción para cualquiera, que se puede complementar con el visionado de interesantes documentales al respecto de los grandes descubrimientos arqueológicos, un acicate para seguir disfrutando de la magia de las civilizaciones antiguas.