domingo, 6 de septiembre de 2026

El hechizo de Elsie (1987), Highsmith, Patricia.

 

¿Desafortunada traducción? Found in the Street.

La maestra del suspense presenta claroscuros. La novela comienza de manera magistral. Se puede observar entre líneas cómo disfruta la escritora del hallazgo de una apertura fabulosa, como si se tratara de una partida de ajedrez, sin fisuras. El chiflado Ralph encuentra una cartera en los adoquines de New York, con sus documentos y un buen fajo de billetes, y ni se plantea el hecho de que debe devolverla. Así se nos abre la novela a un abanico de personajes y, así como sin querer, llegamos hasta Elsie, esa muchacha hermosa que posee un magnetismo natural, simpatía y nada más.

Después de esta puesta en escena absolutamente magistral esperamos, página tras página, que pase algo traumático. Nada sucede y sin embargo seguimos ahí. Me da la impresión que la novela comienza a presentar fisuras. Apertura tan fabulosa ha deslumbrado a la autora, que no encuentra ni el momento ni la ocasión para desencadenar los hechos hasta un punto de ruptura. Se regodea en el hechizo que Elsie despliega de forma natural entre las personas que le rodean. Puede parecer un estudio psicológico, pero tampoco es para tanto. A mi manera de ver, insisto, tras una entrada fabulosa, la novela se diluye.

No es la primera vez que me sucede con Highsmith, que me sorprende, para bien o para mal. En esta ocasión, no se cumplen las expectativas. Se nos presenta una sociedad feliz, digamos que bohemia de fines del siglo XX, con lesbianas y gais que se abren paso con naturalidad en una sociedad decadente, gente con suerte que cayó de pie, que gana dinero jugando al arte, gente bienintencionada que celebra fiestas un miércoles por la noche, que viaja mucho y cultiva relaciones interesantes.

Sí, Patricia juega con nosotros, lectores incautos, no sucede nada y nos tiene agarrados del pescuezo, como si fuéramos un gatito. En todo caso, pese a los claroscuros, mucho pueden aprender la miríada de autores que buscan ese thriller fabuloso que les haga ricos de la noche a la mañana. La arquitectura de las novelas de Patricia Higsmith se puede intuir con facilidad, como una catedral gótica, nos da una imagen diáfana de cómo engatusar al lector y hacerle que nos siga hasta la parte más oculta del jardín. No es necesario matar mucho, urdir planes extravagantes, ni siquiera hacer que se encuentren en un tren dos extraños con ambiciones psicopáticas comunes, basta con una sencilla apertura, un suceso casual, casi banal, y queda plantada la semilla del suspense. No parece difícil hacerlo ¿verdad?

 

Termino la reseña con una cita que he encontrado por ahí en la red, que espero sea fidedigna. Es todo un elogio por parte de Graham Greene.

 

“Patricia Highsmith no es la poeta del miedo, sino del recelo. El miedo, como todos aprendimos durante la guerra, después de un tiempo deviene narcótico. La fatiga del miedo puede sumirnos en el sueño, pero el recelo ataca sutil y permanentemente nuestros nervios y tenemos que aprender a vivir con él».

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario