viernes, 22 de mayo de 2026

El crimen del padre Amaro (1875), Eça de Queirós, José María.

 

Nuestro país vecino me sigue deparando sorpresas. Mucho me queda todavía por explorar del esplendoroso siglo XV portugués, pero el conocimiento del maestro me ha deparado una grata sorpresa, una más. Ha sido comenzar la lectura y verme dentro de una historia arrebatadora, en la línea de la mejor literatura decimonónica, al máximo nivel.

Como no podía ser menos, esta novela generó una gran polémica en su tiempo, provocando las iras de la Iglesia católica por su denuncia de la hipocresía social y religiosa. La clave está en la Iglesia, claro, pero va mucho más allá. La crítica a la Iglesia es común en todo ambiente intelectual europeo del período, como institución represora del progreso material. Ha pasado el cenit de su poder e influencia y se abre camino un anticlericalismo incipiente. Sin embargo, aún tratándose de una crítica obvia y profunda, no deja de ser racional y templada, de manera que desemboca en una exposición brutal de la condición humana. A mi manera de ver, la de un lector del siglo XXI, la crítica a la iglesia es mesurada, en el sentido de que hay un fondo de comprensión acerca de la “contranatura” del celibato. Obvio que la iglesia sale mal parada, pero así resulta de manera un tanto determinista; una sociedad anquilosada en estructuras caducas es la que genera las situaciones antinaturales. La iglesia como Institución recibe críticas, pero más aún las personas que la representan, por su falta de dignidad, por su hipocresía. 


A ver, mucha gente ha oído hablar de El crimen del padre Amaro. Charlando sobre la novela me sorprendí de que bastante gente la conocía, incluso los había que afirmaban haberla leído; no seré yo quien lo ponga en duda. Queda claro que se trata de un asunto de sotanas y faldas que pasa por el confesionario. Primero fue Madame Bovary, La Regenta se escribe después, también Zola o Galdós escriben sobre adulterios y sacerdotes corruptos. Aunque pueda parecer un tanto desorbitado, yo encuentro paralelismos claros en mi entorno. Claro que ya hablo del siglo XX, pero en mi pueblo también llegó un cura joven al que metieron en una casa con tres mujeres, y luego pasa lo que pasa. La descripción de la casa de la San Joaneira, de sus habitantes y frecuentadores, es fabulosa, como toda la novela en general, pero no puedo dejar de mostrar mi entusiasmo al recordar un fragmento de la novela en que se reúnen todos los miembros religiosos de la comunidad a comer, un fragmento delicioso que siempre recordaré como una de las mejores escenas de la literatura universal.

Por si algún despistado lo duda, todavía se lee mejor que La Regenta, ni qué decir que es mucho más divertida que Madame Bovary, obras grandiosas las dos, sí, al lado de las cuales El crimen del padre Amaro no desmerece ni un ápice.

No hay comentarios:

Publicar un comentario