miércoles, 17 de marzo de 2021

Dioses, tumbas y sabios (1949), C. W. Ceram

  Este es uno de esos ensayos de divulgación que han gozado de la fortuna que otorga una fama primeriza, de manera que incluso hoy en día sigue reeditándose. Trata de los comienzos de la arqueología, tomando como referencia sus personalidades más ilustres, Schliemann, Campollion, Evans, Botta, Carter...

El propio autor se resume perfectamente:

 

Aconsejo al lector que no empiece la lectura de este libro por la primera página. E insisto en ello porque conozco la poca fe que se concede a las afirmaciones más rotundas de un autor que tenga que presentar una materia de extraordinario interés, y de lo poco que esto sirve, sobre todo cuando el título promete una novela de la Arqueología, ciencia que para todos es una de las más áridas y aburridas. Por estas consideraciones, recomiendo empezar la lectura en la página 87, leer primero el capítulo sobre Egipto, el llamado “Libro de las pirámides”. Entonces tendré la esperanza de que hasta el lector más desconfiado adopte una postura benévola respecto a nuestro tema y se decida a dejar de lado ciertos prejuicios muy extendidos…

 

Este libro ha sido escrito sin ambición científica alguna. Más bien he intentado presentar el objeto de estudio de los investigadores y sabios, en su matiz emocional más íntimo, en sus manifestaciones dramáticas, en su relación hondamente humana.

 

Ciertamente que la arqueología que Ceram nos presenta no tiene nada que ver con la disciplina científica que es en la actualidad. Ceram nos habla de los comienzos de la disciplina, cuando los grandes descubridores eran, a la par que arqueólogos, aventureros, diplomáticos o comerciantes.

A ver, la Arqueología aquí descrita ni se asemeja a las aventuras de Indiana Jones ni a la ciencia actual. Cierto que todo lo relativo a ella se hallaba adornado por un aura de romanticismo.

 

Apuntes al margen como los citados son de gran valor para pintarnos un cuadro vivo de los mil pequeños contratiempos con que se enfrenta la investigación arqueológica. Las publicaciones científicas, los libros que presentan al mundo profesional los resultados de un trabajo de varios años, no contienen generalmente nada de esto. Silencian la dura lucha contra el clima, contra los indígenas que no tienen comprensión y, a veces, ni sentido común, contra una autoridad local recelosa, contra los maleantes, contra la rebeldía inesperada e injustificada de los trabajadores indígenas por los motivos más insospechados.

 

Quizás me equivoco, pero la mayoría de los lectores de clásicos suelen intercalar sus lecturas con otras que dicen ser menos sesudas. En unos casos se decantan por la novela histórica, en otros por la novela negra y, en otros, como es mi caso, con la lectura de ensayo u otras disciplinas como pueden ser la historia, la geología, la astronomía o la filosofía, que significan, para mí, una dulce evasión de las rutinas cotidianas.

Esta pequeña obra que presento me parece una buena opción para cualquiera, que se puede complementar con el visionado de interesantes documentales al respecto de los grandes descubrimientos arqueológicos, un acicate para seguir disfrutando de la magia de las civilizaciones antiguas.

8 comentarios:

  1. Perfecta reseña. Yo encontré lo mismo en la lectura de este libro. Es muy entretenido y te abre puertas a lecturas más, cómo decir, técnicas.

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    1. Así es, como buen libro de divulgación, alcanza perfectamente su objetivo y sirve de acicate para el conocimiento de otras culturas.

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  2. ¿Querrás creer si te digo que lleva este libro en mi casa fácilmente 20 ó 30 años como poco y aún no me he puesto a leerlo? Creo que gracias a tu reseña me voy a animar y así avanzaré un poco en el Reto sobre lectura de clásicos que tengo un poco atrasado.
    Un abrazo y buen finde largo (al menos por aquí, Madrid)

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    1. Es un libro que se ve por ahí, en rastros, en librerías de segunda mano, un libro muy editado y con razón, pues entretiene al tiempo que ilustra sobre una disciplina, la arqueológica, que nos hace ver lo que hemos evolucionado y al mismo tiempo lo cerca que estamos de nuestros ancestros, los creadores de las primeras civilizaciones. Seguro lo disfrutas. Abrazo

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  3. Lo leí hace muchos años. Era de las lecturas que le gustaban a mi padre y por su casa sigue. Qué recuerdos.
    Me ha encantado eso de "los indígenas que no tienen comprensión y, a veces, ni sentido común". En 1949 debía de resultar aún políticamente correcto afirmar tal cosa.
    Un beso.

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    1. Supongo que Ceram escribió justo en aquel momento en que la disciplina comenzó a perder de forma definitiva su aura aventurera. Se nota, al menos, ese entusiasmo por un pasado desaparecido, aparte de que dicha nostalgia marida bien con el sentimiento que producen las civilizaciones antiguas.
      Besos

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  4. Yo lo tenía en mi punto de mira, Rubén, desde hace tiempo, aunque cayó por completo en el más remoto de los olvidos. Será el siguiente que lea, puesto que es un tema que me apasiona. Apilo un buen farallón de libros en mi mesita- estoy leyendo ahora mismo Arco del Triunfo de Remarque, una biografía de Galdós que me está encantando - y eso que también utilizo los lectores digitales, pero gracias como te decía a tu reseña, pasa al primer lugar. Dudaba cuando acabase la biografía de Galdós, si decantarme por uno de crecimiento económico. Y después, las obras completas de Lorca. He leído mucho disperso, y me apetece abordar al gran poeta, todo junto, sin cortes entre medias. Antes me solazaré en Ceram.

    Qué decirte, que me ha encantado tu reseña, porque es imposible decir más y ser breve al mismo tiempo. Sin entrar en juicios de índole moral, que descontextualizan las aventuras de esos primeros pioneros, me sumergiré en una época en la que la arqueología se confundía con la búsqueda de tesoros.

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    1. Ya tu blog trasluce tu vena humanística, interdisciplinar, caótica, rica. A mí este librito me ha encantado. De todos los temas tratados tenía alguna idea, todas inconexas, así que lo he disfrutado en plenitud. Decirte que me ha motivado otras lecturas, y he recuperado un manual de historia de las civilizaciones antiguas de la América Precolombina, que estoy leyendo de forma desordenada.
      Por cierto, ese último párrafo ahonda en mi resumen, pues así era, los pioneros buscaban "oro", mientras que hoy el gasto que supone la disciplina es tan enorme que el oro es tan bienvenido como cualquier otro elemento que contribuya a explicar cómo vivían nuestros antepasados.

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