jueves, 9 de noviembre de 2023

De Pavía a Rocroi. Los tercios españoles, (1999) Julio Albi de la Cuesta.

 


Es probable que en unos meses se inaugure en Madrid una estatua conmemorativa de los Tercios, los cuerpos de combate más importantes de toda la historia de España. La foto que figura abajo es una simulación. Resulta triste que apenas haya monumentos referidos a la gloriosa historia de España. No soy ni mucho menos nacionalista ni pretendo cantar las glorias de mi país, pero es esto algo que se da en cualquier otro país de nuestro entorno, desde Suecia a Portugal. Recorres cualquier pueblecito de Francia y ves por doquier monumentos a los caídos durante la Primera Guerra Mundial, mientras que en Inglaterra hay infinidad de estatuas a héroes como Nelson o Wellington. En cambio en España cuesta encontrar personas que conozcan el significado del Gran Capitán, y me atrevo a decir que una mínima parte de los españoles saben del Duque de Alba, mucho menos de Blas de Lezo o Bernardo de Gálvez. Nuestra historia es magnífica, y sirva esta reseña como granito de arena; diríase mejor para poner una pica en Flandes.

Cuando me llegan muchachos jóvenes a la librería buscando historia bélica, yo les recomiendo libros como éste. No es necesario acudir a combatir la inveterada baja autoestima de los españoles, pues ya de por sí los tercios ofrecen suficiente atractivo. Resulta increíble que una tropa que consiguió tantas victorias y tanta reputación durante dos siglos, ahora esté prácticamente olvidada incluso en su propio país.

Los tercios dominaron el escenario bélico europeo durante los siglos XVI y XVII. Ya no se discute que después de Rocroi los Tercios siguieron siendo durante décadas una temible fuerza de combate. Desde la baja edad media la guerra experimentó una significativa evolución que sitúa a la infantería como dueña y señora del campo de batalla. Las picas, los arcabuces y los mosquetes, despejan del cambo de batalla a los arqueros y la caballería, y en dicha evolución los tercios españoles tienen el protagonismo más absoluto.

 

Has de saber, hermana, que está en opiniones, entre los que siguen la guerra, cuál es mejor, la caballería o la infantería, y hase averiguado que la infantería española lleva la gala a todas las naciones.

Miguel de Cervantes.

 

En lo que a mí respecta, venía escuchando podcast variados sobre el tema, pero necesitaba tener un libro entre mis manos.

Me salgo un poco del tema de los clásicos literarios, como ya viene siendo habitual últimamente; se trata de dar rienda suelta a mis más que variados intereses. El tema bélico siempre me ha atraído. No debería necesitar decir, aunque resulta inevitable, que la guerra en sí me resulta despreciable. La historia bélica es tratada desde la antigüedad, por Tucídides de forma magistral por poner un ejemplo, y siempre deben entenderse los conflictos bélicos en su contexto político, económico y social. Viene al caso la famosa frase de Karl Von Clausewitz:

 

«La guerra es la continuación de la política por otros medios»

 

Se trataba el español prácticamente del único ejército permanente de Europa, y fue el primero en incorporar las innovaciones de las armas de fuego; de hecho lo hizo con verdadero entusiasmo. Al igual que otros ejércitos, dependía también de mercenarios, pero los Tercios eran el núcleo duro del ejército, y su carácter era único. Durante su existencia los Tercios apenas tuvieron oposición. Sus derrotas se magnifican por su escaso número, pero como luego le sucedió a Francia, o Alemania, la lucha en multitud de frentes, la ambición de sus objetivos, terminan por agotar a un Estado español incapaz de financiar una política que estaba por encima de sus posibilidades.

 

Obediencia difícilmente compatible con orgullos casi enfermizos y con valores ciegos, y por tanto doblemente necesaria. Por ejemplo, el tercio ha debido de ser una de las pocas unidades en las que se temía la desorganización que los soldados introducían al forcejar por los puestos de primera línea en combate, o en las que se castigaba a un hombre mandándole a retaguardia en día de batalla. O donde con el fin de estimular a los hombres para que se armasen bien, se les recordaba que las primeras hileras estaban reservadas a los mejor equipados. O donde se condenaran expresamente los ataques sin órdenes, por ser tan frecuentes y se intentaba evitar que se desafiase a los enemigos a singular combate con la inapelable sentencia de que hacerlo es cosa de “bisoño”.

Obediencia que únicamente se podía romper cuando el oficial daba instrucciones de abandonar un punto que todavía podía defenderse.

Obediencia, en fin, orientada a evitar el exceso de coraje, disciplinándolo y obteniendo de él el máximo rendimiento que incluía, como algo evidente en sí mismo, la lucha hasta el último hombre, aunque solo cuando fuese preciso, pero siempre que lo fuere.

Junto a ella, una aplastante confianza en la propia superioridad, frente a cualquier enemigo y en cualquier circunstancia, forjada en un palmarés único de victorias, y un quebradizo sentido del honor de una fuerza que, hombre por hombre, no admitía superiores. Incluso había soldados que desdeñaban servir a las órdenes de un oficial por no considerarle lo bastante hidalgo. Ciertamente, era una tropa espléndida, pero casi imposible de mandar.

 

Podrían apuntarse mil anécdotas o fragmentos. Este libro no es un acercamiento a los tercios, sino que se trata de un completo manual. Se puede dejar de lado algún capítulo que no nos interese, hacer hincapié en otros, llevar a cabo una lectura de lo más amena e interesante.

 

España mi natura, Italia mi ventura, Flandes mi sepultura.

 

Los griegos tuvieron sus falanges, Roma sus legiones, y España sus tercios. Siempre mal pagados, siempre blasfemando bajo los coletos atravesados por una cruz roja…

 

En sus filas formaban desde grandes de España a Lazarillos de Tormes, desde capitanes surcados de cicatrices a mochileros adolescentes componiendo un vasto patio de Monipodio presidido por un fanático sentido del honor, que les permitiría sufrir todo, menos que les hablaran alto.


No hay comentarios:

Publicar un comentario