domingo, 29 de marzo de 2026

El matarife (1924), Sándor Márai.

 


Ahora que comienza un nuevo ciclo bélico en el mundo, es buen momento para volver a las novelas bélicas, que generalmente nos advierten de los desastres de la guerra. Aterroriza pensar lo que se nos viene, pues las armas han alcanzado una mayor sofisticación y tarde o temprano veremos algún hongo nuclear.

Y sí, El matarife es, como bien dice el nombre, la historia de un asesino, desde su más tierna formación hasta su conclusión. Comienza con una gestación un tanto fantasiosa para desembocar en la más cruda realidad, la guerra como telón de fondo, contexto de barbarie que da rienda suelta a los más bajos instintos de la humanidad.

Sí, la guerra, como la crisis, es la oportunidad para que unos pocos se enriquezcan, caldo de cultivo en el que el psicópata se mueve a sus anchas. Atravesamos la Primera Guerra Mundial y terminamos en el período de entreguerras, con el imperio austrohúngaro en crisis como contexto.

Mi edición de Salamandra habla de ópera prima del maestro. Sin embargo, tras mis ridículas búsquedas, apenas he encontrado datos sobre la novela. En todo caso, aporto mi granito de arena para que alguien más se acerque a Sándor Márai, un escritor que en su tiempo gozó de un prestigio comparable al de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cierto que Márai se caracteriza por ahondar en la conciencia humana, y en esta ocasión se queda en la superficie, de manera que nos regala una lectura de una sentada. No está, ni de lejos, entre las mejores novelas del maestro, y aún así es un regalo.

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