viernes, 29 de mayo de 2026

Carlos III y la España de la Ilustración (1988), Antonio Domínguez Ortiz.

 


Cuando leo historia me gusta rellenar lo que yo llamo “huecos”, períodos de la historia que me apetece conocer de los que apenas poseo escasos rudimentos. Llevo un par de años leyendo cosillas sobre el siglo XVIII, tanto español como mundial, que me resultaba un desconocido. A esto hoy en día se le suele llamar ser un friki, y no creáis, vengo de la RAE para saber cómo se escribe la palabreja; hace una década o dos simplemente se le llamaba amor por el conocimiento, o por la historia, si acaso se nos llamaba raros porque nos gustaba leer, sin más.

El caso que este libro me parece recomendable para conocer a uno de los Reyes mejor considerados de nuestro elenco monárquico. Fue Rey de Nápoles 25 años, y después 29 Rey de España, rompiendo récords y dejando una imagen inmaculada en ambos casos. No era una persona muy instruida, no le gustaba leer, no era tan trabajador como Felipe II, pero era astuto, discreto, prudente, y trabajó con ahínco por sus súbditos, especialmente por España.

Antonio Domínguez Ortiz
Al estudio de un rey no muy conocido en nuestro país en relación con sus méritos, añado yo aquí que está escrito por Antonio Domínguez Ortiz, del que ya he leído unos cuantos libros y que para mí es garantía de buen juicio. 

A ver, diréis, en un libro de historia no se suele notar la mano del escritor. Yo no soy especialista en la materia; digamos que aparte de lector, escritor, librero, humanista y albañil, fundamentalmente soy Administrativo, que es lo que me da, en mayor porcentaje, de comer. Sin embargo, hay libros y libros de historia, y vamos si se nota la mano del escritor. Hay autores que se me resisten. De hecho, esta reseña está a punto de provocar la siguiente, sobre Isabel la Católica, que no tenía la intención de publicar porque leí el libro hace ya tiempo y no me dejó buenas sensaciones.

En fin, que no se trata nada más que de una pequeña divagación.

Os dejo un fragmento, que se sitúa allá por la conclusión del ensayo, y que define muy bien al historiador. Os parecerá que su moderación y buen juicio es lo normal, lo habitual entre científicos de una u otra rama o rango, pero nada más lejos de la realidad:

 

Carlos III
El juicio que se formule acerca del reinado de Carlos III debe tener en cuenta que la historia no puede emitir juicios absolutos, sino relativos, considerando el tiempo y el lugar. Con demasiada frecuencia nuestra imagen de un personaje o una época resulta falseada atribuyéndole nuestras ideas, nuestro sistema de valores, sin tener en cuenta que cada cultura tiene los suyos propios. Trazar la divisoria entre lo que se hizo y lo que debió hacerse, dictaminar sobre lo que en determinadas circunstancias era factible, arriesgado o imposible también es tarea ardua, en la que es muy difícil eliminar los elementos subjetivos.

 

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