Cuando
leo historia me gusta rellenar lo que yo llamo “huecos”, períodos de la
historia que me apetece conocer de los que apenas poseo escasos rudimentos.
Llevo un par de años leyendo cosillas sobre el siglo XVIII, tanto español como
mundial, que me resultaba un desconocido. A esto hoy en día se le suele llamar
ser un friki, y no creáis, vengo de la RAE para saber cómo se escribe la
palabreja; hace una década o dos simplemente se le llamaba amor por el
conocimiento, o por la historia, si acaso se nos llamaba raros porque nos
gustaba leer, sin más.
El
caso que este libro me parece recomendable para conocer a uno de los Reyes
mejor considerados de nuestro elenco monárquico. Fue Rey de Nápoles 25 años, y
después 29 Rey de España, rompiendo récords y dejando una imagen inmaculada en
ambos casos. No era una persona muy instruida, no le gustaba leer, no era tan
trabajador como Felipe II, pero era astuto, discreto, prudente, y trabajó con
ahínco por sus súbditos, especialmente por España.
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| Antonio Domínguez Ortiz |
A
ver, diréis, en un libro de historia no se suele notar la mano del escritor. Yo
no soy especialista en la materia; digamos que aparte de lector, escritor,
librero, humanista y albañil, fundamentalmente soy Administrativo, que es lo
que me da, en mayor porcentaje, de comer. Sin embargo, hay libros y libros de
historia, y vamos si se nota la mano del escritor. Hay autores que se me
resisten. De hecho, esta reseña está a punto de provocar la siguiente, sobre
Isabel la Católica, que no tenía la intención de publicar porque leí el libro
hace ya tiempo y no me dejó buenas sensaciones.
En
fin, que no se trata nada más que de una pequeña divagación.
Os
dejo un fragmento, que se sitúa allá por la conclusión del ensayo, y que define
muy bien al historiador. Os parecerá que su moderación y buen juicio es lo
normal, lo habitual entre científicos de una u otra rama o rango, pero nada más
lejos de la realidad:
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| Carlos III |



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