viernes, 1 de mayo de 2020

Obstinación (circa 1919), Hermann Hesse.


Una virtud hay que quiero mucho, una sola. Se llama obstinación. Todas las demás, sobre las que leemos en los libros y oímos hablar a los maestros, no me interesan tanto. En el fondo se podría englobar todo ese sinfín de virtudes que ha inventado el hombre en un solo nombre. Virtud es: obediencia. La cuestión es a quién se obedece. La obstinación también es obediencia. Todas las demás virtudes, tan apreciadas y ensalzadas, son obediencia a leyes dictadas por los hombres. Tan solo la obstinación no pregunta por esas leyes. El que es obstinado obedece a otra ley, a una sola, absolutamente sagrada, a la ley que lleva en sí mismo, al «propio sentido».
¡Lástima que la obstinación sea tan poco apreciada! ¿Acaso goza de estima? ¡Oh, no! Incluso se la considera un vicio o al menos un lamentable desmán. Sólo se la designa por su hermoso nombre cuando molesta y suscita al odio. (Por cierto que las verdaderas virtudes siempre molestan y suscitan odio. Véase Sócrates, Jesús, Giordano Bruno y todos los demás obstinados).

Obstinación en alemán es «Eigensinn», palabra compuesta que literalmente significa «propio sentido». Dentro de la novela Obstinación no es en realidad más que un pequeño ensayo o artículo. Supongo que da nombre a este compendio de relatos y artículos porque define bien el espíritu individualista que anida en Hesse.

Es muy probable que el lector encuentre extraños muchos de los escritos de Hesse. A mí me parece un ejemplo de escritor honesto, comprometido con su arte y en continua búsqueda de sí mismo. Tanto es así que los cuatro primeros relatos de este volumen no son otra cosa que cuatro pequeñas autobiografías escritas en diferentes fechas, que harán las delicias del aficionado a Hesse. Otros relatos describen a la rara especie del genio, del poeta o del héroe. Jamás encontré mejores descripciones acerca de este tipo humano, vilipendiado en vida y agasajado con honores una vez muerto. Estos ejemplos son solo unos pocos, que tengo a mano después de la lectura:

Con el poeta sucedía lo mismo que con el héroe y con todos los personajes y ambiciones fuertes y hermosos, audaces y extraordinarios: en el pasado eran magníficos, en todos los libros de texto se cantaban sus excelencias, pero en el presente y en la realidad se les odiaba, y probablemente los profesores estaban empleados y formados precisamente para impedir en lo posible el desarrollo de seres admirables y libres y hechos grandes y magníficos.

Y lo más curioso es que aquellos pocos que han desdeñado esas leyes arbitrarias para seguir las suyas propias, las naturales, han sido siempre condenados y lapidados, aunque luego fuesen venerados, precisamente ellos, como héroes y libertadores La misma Humanidad que ensalza y exige de los vivos, como suprema virtud, la obediencia a sus leyes arbitrarias, esa misma Humanidad acoge en su eterno panteón a los que desafiaron aquellas órdenes y prefirieron perder la vida a ser infieles a su «propio sentido».

También hace una excelsa crítica del poeta actual, aquel que se ha adaptado a la sociedad. Hace cien años de la descripción. Hoy no se usa el término burgués, pero igualmente sirve:

En vez de vivir en buhardillas, comer cortezas de pan y escupir sobre las cabezas de los burgueses, los poetas nos habíamos convertido en señores agradables que casi podían aparecer en sociedad y que formulaban frases ingeniosas sobre las cuestiones del día, algún chiste y alguna leve y graciosa ironía.

Otros textos recogen reflexiones políticas sobre la situación de Alemania a lo largo del transcurso de las dos guerras mundiales. Hesse siempre se opuso a la guerra, lo cual le granjeó grandes enemigos en Alemania.
Algunos pequeños diarios le servían a Hesse para combatir los períodos de decadencia creativa. Aquí nos habla de la marcha de algunos de sus trabajos, como es el caso de Sidharta o el Juego de Abalorios. Encontramos aquí desahogos que nunca encontramos en sus novelas, someramente menciona a sus parientes, padres, hermanos, a sus mujeres e incluso a sus hijos.
Al final algunas bagatelas, sus palabras con motivo del banquete de la ceremonia del Premio Nobel, o con el motivo del Premio de la Paz concedido por los libreros alemanes (a tener en cuenta que aceptó tres premios, Premio Goethe, Premio Nobel y Premio de la Paz, pero no se sometió al ceremonial y no fue a recogerlos ni a Francfort ni a Estocolmo).
A decir verdad que yo prefiero las confesiones que lleva a cabo en la soledad de su cuarto.

Mis conocidos y los críticos de mis obras opinan casi todos que soy un hombre sin principios. Por algunas observaciones y pasajes ocasionales de mis libros deducen estas personas tan poco sagaces que llevo una vida intolerablemente libre, cómoda y desordenada. Porque por la mañana me gusta levantarme tarde, porque ante las dificultades de la vida me permito de vez en cuando una botella de vino, porque no recibo ni hago visitas y por menudencias semejantes deducen estos malos observadores que soy un hombre blando, cómodo, caótico, que cede a todos los caprichos, no emprende nada y lleva una vida inmoral y libertina. Pero sólo dicen estas cosas porque les irrita y les parece insolente que no reniegue de mis costumbres y vicios ni los oculte. Si yo fingiera ante el mundo, lo que sería fácil, una conducta ordenada, burguesa, si pegara una etiqueta de agua de colonia en la botella de vino, si en lugar de decir a mis visitas que me molestan, les mintiese pretendiendo que no estoy en casa, en una palabra, si engañara y mintiera, mi fama sería óptima y pronto me concederían el título de honoris causa.

La verdad sea dicha que no es este el lugar adecuado para empezar con Hesse, sino un punto más en el camino de aquellos que ya han descubierto al maestro. Los habrá que se hayan embarcado con Hesse a partir de El lobo estepario, y que se hayan echado atrás, pero el núcleo duro de Hesse está en la búsqueda de sí mismo, en aquellas pequeñas novelas que expresan la pugna de un muchacho preñado de ideas románticas que trata de conectar con la sociedad, el punto de partida para leer a Hesse está en Bajo las ruedas, Demian, Peter Camentzind o El último verano de Klingsor. ¡Disfruten!


8 comentarios:

  1. He leído todas esas novelas que mencionas, además de "Siddhartha", y la verdad es que la que más me costó lee y menos me gustó fue "El lobo estepario". Mi preferida es, sin duda, "Demian", pero es que a mí todo lo relativo al mito de Caín y Abel me fascina.
    Este libro que dices, no lo he leído y me imagino que es porque el relato nunca me ha atraído y por la época en que leí al autor, menos aún.
    Tomo nota porque las citas que pones son muy buenas. Esa veneración una vez muertas a personas que se vituperó en vida es muy común. Imagino que una vez desaparecidos dejan de ser peligrosos para envidiosos y demás mediocres.
    Un beso.

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    1. Obstinación es una compilación de fragmentos. No está pues, entre las obras emblemáticas del maestro. Más bien para aquellos que encajamos en su ideología. Un autor al que regresar...
      Besos

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  2. En mi caso frecuenté a Hesse en mi primera época universitaria y destacaría lo que su literatura tuvo de epifanía. Sin embargo, me fue dejando con el tiempo un poso de hiel, porque a mi me sugieren Sidharta, El lobo estepario y otras obras de Hesse, un viaje a la introspección para el que no siempre es grato encomendarse. Este dejo también me lo produce la literatura de Marai, otro de los maestros de la literatura europea. Todos pasan por nuestro distinto tamiz subjetivo. Me ha encantado cómo diseccionas este libro, Rubén compendio de fragmentos. Queda patente tu admiración y cómo decantas las reflexiones del maestro. Casi todas para tomar notas, pero la de los poetas, colosal.

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    1. Supongo que Hesse escribe para encontrarse y supongo también que habrá lectores que no se sientan cómodos en tal tesitura. A mí con Hesse me pasa que voy y vuelvo, y siempre encuentro puntos de contacto e interés.

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  3. Hola Ruben,

    yo encontré hace poco una edición viejuna de Demian y Bajo las Ruedas en casa de mi suegro, rápidamente la aparté para mi hucha de clásicos.
    No he leído todavía nada de Hesse, deseando estoy. Falta de tiempo y otras lecturas, en fin, las leeré seguro. Es lo bueno que tiene leer, que nunca se acaba.
    Siempre me gustan tus reseñas y la selección de tus párrafos. Esta última, con esos párrafos,no sé, agito mi ánima.

    Por cierto, quizás no es el canal. Pero, hace días que leí, Elvira. También tiene grandes párrafos, me gusto mucho.

    Un saludo

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    1. Muy buenas Rafael,
      Gratamente sorprendido por tu lectura de "Elvira", que cuando se reedité se titulará "La seguridad conduce al mal". Tengo que leer menos y escribir más, pero me faltan motivaciones y lectores.
      En cuanto a Hesse, cada cual encuentra su camino en la lectura. En dicho camino Hesse es, para mi, uno de los hitos más relevantes, en cuanto encontré en su lectura muchos temas concomitantes. Ojalá lo disfrutes, Demian y Bajo las ruedas son de sus obras más interesantes. Hesse se leerá dentro de 200 años.
      Saludos

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  4. Añoro vitalmente cuando Hermann Hesse era tan popular entre los jóvenes como para estar en los supermercados sus libros. Hesse era omnipresente. Eran los años setenta del siglo pasado. Yo me negaba a leerlo, como a veces me ha pasado con otros éxitos populares. Posteriormente leí Sidharta y hace unos quince años Demián que me pareció ya lejos de nuestro tiempo. Las ideas o inquietudes de Hesse, pienso que quedan muy lejanas de las concepciones actuales. Hace muchos años recomendaba Sidharta a mis alumnos del BUP y les gustaba. Hoy son lecturas que nos resultan extrañas por esa búsqueda de la interioridad, de la autenticidad y de un claro espiritualismo que cuadra más bien poco con los móviles y los centros comerciales. Por eso digo que añoro cuando los jóvenes se entusiasmaban y se inspiraban en sus textos siéndoles de primera magnitud para sus inquietudes existenciales. Mi lectura de Demian fue bastante decepcionante, recuerdo. Un cordial saludo.

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    1. Demian es una novela digamos que extraña en sus planteamientos y devenir. Yo nací en el 74 y conocí a Hesse de casualidad, supongo que atraído por el fabuloso título de "El lobo estepario". Luego mi novela ideal de Hesse ha sido "Bajo las ruedas", para mí la más preciada, la que realmente me hizo bucear en el resto. Yo creo que sigue de actualidad, de moda obviamente que no. Entiendo que no se puede pasar por alto la irrupción de las redes sociales, de las nuevas tecnologías,... pero la necesidad de encontrarse seguirá ahí. Quizás algún perdido, como lo fui yo, se detenga en Hesse. A mí, cuando menos, me ofreció algo que rara vez ofrece una actividad como la lectura, me hizo ver que no estaba solo en el mundo.
      Saludos.

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